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José Luis González Quirós

Una victoria que puede ser un heraldo

«Una buena mayoría de andaluces ha decidido que el gobierno de Juan Manuel Moreno es lo mejor que puede pasarles»

Opinión
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Una victoria que puede ser un heraldo

Juanma Moreno celebra su mayoría absoluta.|EP

En contra de lo habitual, las elecciones andaluzas no han dado muchas oportunidades a los perdedores para proclamar que ellos también han ganado las elecciones. La victoria incontestable del PP no deja margen a la atribución de victorias por parte de nadie más. Tras una legislatura en el gobierno andaluz, al que llegó en unas condiciones un tanto precarias, una buena mayoría de andaluces ha decidido que el gobierno de Juan Manuel Moreno es lo mejor que puede pasarles.

Hasta aquí lo obvio, pero siempre hay que preguntarse por lo que significa cualquier obviedad, porque los datos, a la hora en que escribo todavía provisionales, son los que son, pero no cabe resistirse a que esos datos, de suyo espectaculares, apunten significados de más largo alcance. Muchas de esas posibles perspectivas se han apuntado con frecuencia incluso antes de conocerse el resultado electoral, pero ahora parecen todavía más restallantes, lo que no implica que el futuro esté escrito, aunque apunte maneras.

La primera interpretación es la que adivina una derrota nacional del PSOE o, si se prefiere, del conjunto de la izquierda. Es evidente que esa perspectiva va a pesar como una losa sobre el resto de la legislatura, a la que en teoría todavía le queda calendario, de Pedro Sánchez, y, como es lógico, en el PSOE dicen que no está nada claro que buena parte de los votos que ahora tiene el PP no vayan a volver a las elegantes manos de Sánchez.  Lo que podría ser una interpretación académica discutible en abstracto, que se vote distinto en unas autonómicas que en unas generales, parece ahora una quimera visto el empeño de Sánchez en dirigir él mismo y muy en primera persona, el intento de recuperar una plaza tradicional en el PSOE. Ahora no se puede echar la culpa al empedrado, y el fracaso andaluz de Sánchez no se podrá ocultar por mucho tiempo. 

No es fácil adivinar el futuro, pero sí parece razonable apuntar que el tipo de izquierda que Sánchez pastorea, en su partido y en sus coaligados, parece no interesar mucho a electorados clásicos como el andaluz.

Una cuestión muy de fondo, en la que las opiniones son discrepantes, es si existe un PSOE posible y distinto al margen de Pedro Sánchez o si, por el contrario, el hundimiento andaluz de Sánchez, que, cabe recordar no es el primero, implicaría también una larga temporada en el desierto para su partido, puesto que no hay otro PSOE, ni ahora ni en el futuro imaginable, distinto al de Sánchez. Esta cuestión entronca con una más general que es la de si cabe llorar por la crisis de la izquierda, un asunto brillantemente, como es habitual, analizado por Fernando Savater en estas mismas páginas. No es fácil adivinar el futuro, pero sí parece razonable apuntar que el tipo de izquierda que Sánchez pastorea, en su partido y en sus coaligados, parece no interesar mucho a electorados clásicos como el andaluz.

Tampoco parece que el equilibrismo de Sánchez, que es capaz de convertirse en un otanista radical al tiempo que pacta con personajes perfectamente contrarios a cualquier cosa que pueda significar algo como la OTAN, sea capaz de satisfacer las expectativas de mayorías sociológicas, de modo que aunque a Sánchez le quede, al menos en apariencia, la opción de asociarse con toda clase de extrañas minorías para luchar contra el fascismo, cabe sospechar que alguna  de esas minorías terminen por descubrir que la alianza que Sánchez les ofrece no sirva para nada.

El PP haría mal en suponer que el cadáver del enemigo ha pasado ya por su puerta, pero nadie le podrá reprochar que sospeche que el entierro está en marcha. La victoria andaluza ha supuesto también otro bálsamo para el PP, ver cómo el tripartito que ocupaba en 2018 el espacio del centro y de la derecha ha desaparecido por su izquierda y da sensación de un serio gripado por su derecha. Si eso se atribuye, además, a las virtudes de un liderazgo tranquilo y nada partidario de organizar broncas metafísicas es bastante normal que en Génova batan palmas con entusiasmo.

Creo que lo más significativo de la victoria de Moreno Bonilla está en haber roto la condición de segundón que el PP andaluz ha arrastrado desde sus orígenes

Creo que lo más significativo de la victoria de Moreno Bonilla está en haber roto la condición de segundón que el PP andaluz ha arrastrado desde sus orígenes. Que haya tenido el doble de votos que en 2018 es más significativo que cualquier porcentaje, y esa realidad social le proporciona una base muy sólida, a él y al PP, para cimentar mayores logros en el futuro.

Vox no solo ha tenido un mal resultado, sino que ha visto como se pone de manifiesto que, hoy por hoy, es un partido a resultas que depende del fracaso del PP y muere si el PP se comporta con un nivel mínimo de coherencia. Los dirigentes deberán pensar en que el futuro de Vox se desveló en Andalucía, y que en Andalucía se ha desmentido su apuesta por el doble o nada. Su empeño en meter la cuchara en el plato del PP le ha valido un descalabro y eso es grave cuando se ocupa una posición en la que no cabe crecer más que en una dirección. Las mieles de Castilla y León se han amargado en Andalucía y hay muchos miles de votos de las generales que han tomado una decisión que puede no tener marcha atrás. 

El futuro nunca está escrito, pero el presente cuenta mucho a la hora de determinarlo y esta victoria del PP puede ser, a no dudarlo, el heraldo de algo más grande.

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