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Cristina Casabón

El verde de Madrid

La Barcelona de Colau es una ciudad que huele a mierda de perro y cada vez es más insegura y pobre

Opinión
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El verde de Madrid

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El adoctrinamiento está ahora en tal grado que nos ponen a la Barcelona de Colau como modelo, ciudad que en sus cabezas es más verde, más bonita y progresista. Puede que Barcelona tenga una arquitectura más bonita, pero ¿dónde están los árboles y el progreso? Cuando yo vivía en esta ciudad me asombraba la cantidad de plazas multicemento y echaba de menos mi Retiro, donde aprendí a frenar con los patines a base de estamparme contra los árboles. Es notable que los más militantes defensores de Colau son los que menos puedan apreciar la cultura madrileña, y la idea de una economía expansiva y plural, que incluye a quien venga.

El político que aspira a la coronación de la izquierda se nos presenta flanqueado por el nacionalismo periférico, que aspira a ser modelo progresista mientras se encierra cada vez más en la plaza de su pueblo. La Barcelona de Colau es una ciudad que huele a mierda de perro y cada vez es más insegura y pobre. Tendrá que llegar el olorcillo de la basura hasta la casa de la alcaldesa pasota para que invierta más en limpieza y menos en propaganda. Ha dejado una Barcelona de alegre charco con moscas, perro chepudo, Diógenes y putas viejas, como mi vecina del Pasaje del Crèdit, que subía los clientes al piso, maltrataba a su caniche y almacenaba comida podrida en la nevera.

Mientras Barcelona sigue atrapada en una película de Almodóvar, Madrid despega. Ayuso se ha ido ganando a los madrileños uno a uno, dando la mano a todo el mundo, desde el cocinero del restaurante hasta la que vende cacharros en el Rastro. Pese a algunos destrozos urbanos de los que nunca me recupero (nunca perdonaré que hayan tirado abajo el Real Cinema o Cine de la Ópera​ para transformarlo en un hotel de cinco estrellas), Madrid es una ciudad que se ha ido forjando con el carácter cosmopolita, pero sin perder su aire castizo ni su personalidad. Tierno Galván, ese alcalde culto de la movida que animaba a la gente a colocarse, decía que el pueblo de Madrid tiene menos sentido histórico que el catalán, pero tiene otras cosas. Madrid es una ciudad generadora de modos de vida, de conversación, de éticas y de estéticas.

Madrid, como Barcelona, son dos grandes ciudades hoy enfrentadas en lo político, en el fútbol, en  la lengua y en la verdosidad. Solo diré que Madrid es un 15% más verde que Barcelona por falta de espacio, y que el español que blasfema contra nuestra ciudad es inmune a la basura de Barcelona y a la delincuencia, a los mendigos que se apelotonan en las barriadas y las punkies que mean en la puerta del Zara. El mito de Barcelona, que como toda gran ciudad es un cruce entre la revolución industrial y el romanticismo, se ha venido abajo por culpa de la alcaldesa Diógenes. En lugar de nutrir el suelo fértil del que nacerán las ideas y los modos de vida afines con la belleza, la cultura de nuestra izquierda esteriliza el suelo; planta en su lugar propaganda de su fabricación, y arranca las flores con mucho cuidado.

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