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Juan Carlos Laviana

Boris Johnson y la prensa ejemplar

«Para encontrar una referencia histórica de una investigación periodística de tal trascendencia política habría que remontarse al Watergate»

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Boris Johnson y la prensa ejemplar

El todavía primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson. | Steve Taylor (Zuma Press)

«Tendremos un cambio de líder en el Reino Unido como consecuencia directa de las revelaciones de los medios». Con estas palabras arrancaba el viernes su boletín la prestigiosa web Press Gazette. Las firmaba su director, Dominic Ponsford. «Varias personas y publicaciones -continuaba- han hecho su parte del trabajo, incluyendo The Mirror, Guardian, ITV News, The Sun, The Telegraph y The Mail on Sunday».

Ponsford introducía así un documentado trabajo con todas las exclusivas de la prensa que acabaron por acorralar a Boris Johnson. Desde que su íntimo asesor Dominic Cunnings fue visto en pleno confinamiento a 400 kilómetros de Londres, de visita en Barnard Castle, en junio de 2020, hasta este mismo mes cuando el Sun y el Mail revelaron que el número dos de los Torys había dimitido después de saberse -Johnson estaba al tanto desde hacía dos años- que «había manoseado a dos hombres mientras estaba borracho». 

Con buen criterio, el director de Press Gazzete reconoce que «no corresponde a los medios decidir quién gobierna Gran Bretaña. Pero el cuarto poder ha hecho su labor y obligó a «rendir cuentas al poder negligente» -citando las palabras de Tina Brown en el funeral de su marido, el mítico director del Times Harold Evans-. Como parte de la misma profesión que somos, creo que Sir Harry estaría orgulloso de nosotros esta semana. Sin recurrir a corporativismos, y sea lo que sea lo que cada uno piense sobre Boris Johnson, hemos hecho un buen trabajo».

«La prensa española, en su corta vida democrática,  tiene ya una larga tradición de investigaciones periodísticas»

Para encontrar una referencia histórica de una investigación periodística de tal trascendencia política habría que remontarse al Watergate, del que se acaban de cumplir cincuenta años. Entonces, la prensa consiguió desenmascarar las corruptelas y mentiras del presidente  Richard Nixon. El legado es claro. No en vano la prensa británica ha resucitado el sufijo gate para denominar los innumerables escándalos que obligaron a dimitir al primer ministro de una de las grandes potencias mundiales y obligarlo a dimitir.  No hemos visto el titular histórico remedando el de Nixon, «Boris Resigns», pero sí otros muchos  equivalentes: «It’s Over», «Party’s Over» o «Johnson Throws the Towell».

La prensa española, en su corta vida democrática,  tiene ya una larga tradición de investigaciones periodísticas que si no tumbaron directamente  a presidentes, contribuyeron muy decisivamente a que abandonaran el poder. Basta recordar las exclusivas de El Mundo sobre los Gal y la corrupción de sus  sucesivos gobiernos de González.  O las revelaciones de varios medios sobre la financiación del PP -«Luis, sé fuerte»-, decisivas en la moción de censura que acabó con Rajoy. Por no hablar de las investigaciones sobre  las irregularidades financieras, y el estilo de vida,  que llevaron a la abdicación del rey Juan Carlos.

En cualquier caso, aún hay mucho que aprender de la prensa británica. En la investigación del partygate –las 16 fiestas celebradas en Downing Street entre mayo de 2020 y abril de 2021-,  hay detalles muy aleccionadores del trabajo periodístico. En mayo de 2020, The Guardian y el Daily Mirror publicaron juntos la primera noticia que desencadenaría el escándalo: Dominic Cummings, el poderoso asesor de Johnson, sorprendido saltándose el confinamiento. Un periodista de cada diario recibió el chivatazo y ambos decidieron colaborar. Pippa Crerar, del Mirror, declararía  después a Vice: «Es inusual dejar de lado la rivalidad normal entre publicaciones, pero tanto Matt [Weaver, del Guardian] como yo habíamos llegado a un punto donde no podíamos avanzar  más solos. Me di cuenta de que esta historia tenía tal interés público que necesitábamos superar la rivalidad».

Otro ejemplo lo dio buena parte de la prensa conservadora, que a medida que se conocían nuevos datos, fue admitiendo la realidad y retirando su apoyo al líder conservador. Hubo solo una excepción, como bien se encargó de subrayar el Guardian en un titular del pasado miércoles: «Toda la prensa conservadora se volvió contra Boris Johnson (excepto el Express)». Mientras todos los demás (Times, Sun Mail,.. ) sostenían que el premier «debía irse por el bien del país», hablaban de «escándalos sórdidos y complots regicidas», le consideraban  “herido de muerte» o pedían una retirada elegante, el Express aún confiaba en que «desplegará sus legendarios dones de persuasión». En España, hemos visto cómo con demasiada frecuencia la prensa «amiga» del presunto corrupto en vez de esclarecer los hechos se lanzaba su encendida defensa.

La prensa británica dio además un ejemplo de valentía al no ceder a las innumerables presiones del poder. Fueron muchas las llamadas recibidas en las redacciones de los principales diarios, con frecuencia amenazadoras, pidiendo, por un hipotético bien del país,  que no se publicaran los datos que se iban conociendo del «informe Sue Gray», decisivo para demostrar la implicación de Johnson en el partygate. The Sunday Times reveló que nada menos que tres ministros de Johnson presionaron a la alta funcionaria Sue Gray, autora del informe que lleva su nombre,  para «diluir» las conclusiones con el fin de «mitigar» su impacto,  así como  «alterar» los «pasajes clave». Las presiones  se prolongaron hasta la misma víspera de su publicación,  el miércoles pasado. El demoledor informe de Sue Gray llevó a The Times y The Guardian a coincidir en el principal título de sus portadas la semana pasada: «Alcohol, peleas y vomitonas».

Irónicamente, el premier que fue derrotado por la prensa había ejercido él mismo como periodista. Según contaba Iñaki Gil en El Español, sus colegas le llegaron a calificar de «periodista fabulador, y corresponsal tendencioso». Reportero del Times corresponsal en Bruselas del Daily Telegrah, fue autor de «un ramillete de  ‘noticias’ falsas. «La industria italiana incumple la normativa europea al fabricar condones demasiado pequeños». «Los pescadores deberán llevar redecilla en el pelo». «Prohíben las patatas fritas con sabor a gamba». «Temas menores -explicaba Gil-, fake news gruesas como la supuesta normativa comunitaria para regular la forma de las bananas. Él encantado de conocerse: «Tiraba piedras al otro lado de la verja y oía romperse los cristales en el Reino Unido, como si todo lo que escribía desde Bruselas explotara en el partido Conservador. Y eso me daba una extraña sensación de poder», dijo en BBC4 en 2005».

El caso Boris Johnson nos muestra las dos caras del periodismo actual. La del periodismo basura, el que busca el escándalo por el escándalo, el clic a cualquier precio, y el que, tras largos meses de investigación en busca de la verdad, es capaz de derribar a todo un jefe de Gobierno que se creía invencible.

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