THE OBJECTIVE
José Luis González Quirós

¿Acierta Feijóo?

«El PP de Feijóo es una esperanza para muchos, pero las esperanzas son tan buen desayuno como mala cena, porque si no se confirman acaban en fiasco»

Opinión
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¿Acierta Feijóo?

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo | César Arxina (Europa Press)

Puede parecer un tanto cenizo preguntarse por si Feijóo acierta si, según algunos periodistas, está en luna de miel con las encuestas, pero me permitirán recordar que esta luna de miel no es de las transoceánicas sino algo más modesta, porque según la media de los sondeos está todavía por debajo de los 140 diputados. Visto lo visto, no está de más tener presente que esa cifra es muy similar a la que tenía Rajoy cuando le levantaron la cartera. 

La esperanza que ha suscitado Feijóo está siendo muy alta, pero cabe preguntarse si esa ilusión es compartida por una mayoría de los votantes o si no es el caso. Lo que parece indudable es que a Feijóo le queda un camino largo y empinado si quiere acercarse a una mayoría de éxito, y que podría no bastar para lograrlo ni el indiscutible hartazgo de muchos con el actual Gobierno, ni la extraña convicción de que la alternativa que representa el PP se imponga por alguna suerte de necesidad histórica. Lo que haga Feijóo, y lo que deje de hacer, tendrá gran importancia en lo que queda de legislatura.

Sin ser exhaustivo, creo que hay que recordar algunas actuaciones del líder del PP que no parecen las más adecuadas para coronar la cima. Hay que hacerlo porque de nada sirve mirar para otra parte y, por desgracia, los partidos españoles no son esa clase de institución capaz de corregir o de criticar las ocurrencias del que manda.  

En plena canícula, Feijóo ha dicho y hecho algunas cosas muy significativas. Ha abierto su corazón para decir que no querría ver a ningún presidente del PSOE en la cárcel, pero eso puede interpretarse muy mal, como si quisiera decir que las decisiones del poder político no pudiesen ser jamás delictivas o, tal vez, que no debieran existir poderes capaces de contrastar sus actuaciones con las leyes comunes, es decir que debieran ser inimputables. Seguro que no ha querido decir nada de eso, pero son muchos los que creen que algunos políticos gallegos hablan con lengua tan sutil que a veces se les entiende todo.

«La cercanía con el PNV puede ser un arma de doble filo, un traspiés fruto de la confusión sobre el orden lógico y cronológico que debe existir entre ganar y pactar»

Algunos acercamientos de Feijóo a ciertas personas y lugares también han producido sorpresa. La cercanía con el PNV puede ser un arma de doble filo, un traspiés fruto de la confusión sobre el orden lógico y cronológico que debe existir entre ganar y pactar. Lo mismo cabe decir del acercamiento a Álvarez Cascos que ha producido universal perplejidad y, en Asturias, ha ocasionado un seísmo político. Al margen de otras consideraciones nada banales, cabe pensar que los ahora tocados puedan necesitar el apoyo futuro de un PP de modo más intenso que a la inversa, así que las carantoñas con ellos pueden parecer prematuras. 

También ha dicho Feijóo algo sobre el uso monclovita del Falcon y es difícil no estar de acuerdo con ese detalle, pero no creo que esta minucia preocupe tanto a los votantes decisivos como saber qué es lo que piensa hacer Feijóo en temas algo más mollares, lo que tal vez signifique que la actual dirección del PP piense que basta con ser el PP para ganar las próximas elecciones, tal vez acierten, pero mucho me temo que se equivocan. Saber qué se va a hacer con el Falcon está bien, pero si no se sabe qué van a hacer con la sanidad, con las pensiones, con la universidad, en política territorial o con la política de defensa es posible que muchos no sientan el entusiasmo necesario para apostar por lo bueno por conocer.

«Las esperanzas son tan buen desayuno como mala cena, porque si no se confirman acaban en fiasco»

La guinda de este extraño pastel veraniego tal vez esté en el reproche a la anterior dirección por firmar documentos secretos con los malvados socialistas, una pasmosa trifulca con exquisitos cadáveres cuya intención no es fácil adivinar.

El PP de Feijóo es una esperanza para muchos, como lo fue la elección de Casado, pero las esperanzas son tan buen desayuno como mala cena, porque si no se confirman acaban en fiasco. La tentación casi permanente en el PP es confiarse a que la marea le lleve a buen puerto, una tendencia a no equivocarse y a no hacer nada que pueda implicar ese riesgo, pero es un partido ya con suficientes años como para darse cuenta de que las cosas no siempre funcionan así. Al PP le cuesta mucho ganar y está muy solo ante la etapa reina de la carrera electoral. 

«El PP ya no puede invocar el modelo de Rajoy si no quiere que a buena parte de su electorado le entre la risa floja»

El PP ganó en 1996 con un programa muy estudiado y con un impulso político muy fuerte. Volvió a ganar en el 2000, con mayoría absoluta, en premio a su buen gobierno. El otro modelo de victoria es el de Rajoy, que se apoyaba en el enorme desastre de las dos legislaturas de Zapatero y en el buen recuerdo de los años de Aznar. Ahora es posible que lo de Sánchez sea todavía peor que lo de Zapatero, pero el PP ya no puede invocar el modelo de Rajoy si no quiere que a buena parte de su electorado le entre la risa floja, y no solo por la forma grotesca en que se evaporó.

El PP en 2022 necesita de un proyecto poderoso y atractivo, es muy fácil que no le baste con ir al tran-tran, en especial si, aunque sea muy de vez en cuando, se cometen ciertas inconveniencias. Además, el PP no sabe cuál va a ser el momento de la verdad, mientras que Sánchez puede escogerlo a su gusto. Confiar en que los electores saben lo que es el PP sin que el partido se moleste en explicarlo puede ser muy peligroso, tanto como creer que no van a dejarse ganar por lo malo conocido. 

«Tampoco estaría mal que dejásemos de ser un cero a la izquierda en el orden internacional en el que con demasiada frecuencia desempeñamos un papel bufonesco y ridículo»

Ganar las elecciones tiene que ser la consecuencia de un esfuerzo sostenido por resucitar las esperanzas de los españoles en que podemos dejar de ser una nación resignada a que las distintas desgracias universales nos vayan arrebatando el bienestar, porque nos va bastante peor en todo que a nuestros vecinos. Tampoco estaría mal que dejásemos de ser un cero a la izquierda en el orden internacional en el que con demasiada frecuencia desempeñamos un papel bufonesco y ridículo. Y esto no basta con suponerlo, hay que mostrarlo, hay que ponerlo negro sobre blanco en un gran proyecto que no necesite ni la benevolencia del PNV ni el asesoramiento de Álvarez Cascos, pero que suscite un entusiasmo político que, de momento, solo se asoma en las loas, tal vez interesadas, de algunos pocos.

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