THE OBJECTIVE
Anna Grau

Vivir sin Serrat

«A veces la gente se larga, no porque se acabe su tiempo, sino porque se le ha fundido la ilusión. ¿Podría ser el caso?»

Opinión
2 comentarios
Vivir sin Serrat

Joan Manuel Serrat. | Europa Press

Se retira Joan Manuel Serrat de los escenarios. 2023 será el primer año de mi vida (de nuestra vida) sin Serrat. No porque se haya muerto, ni porque sus canciones dejen de existir, sino porque él libre y soberanamente ha decidido irse. Quitarse de en medio.

Ya sé que Serrat está mayor, que ha hecho mucho, que ha dado mucho, que tiene todo el derecho a descansar, etc. Pero algo me hace sospechar (y sufrir por ello…) que en una Cataluña mejor y una España más diligente y más atenta, igual el Noi del Poble Sec no se nos retiraría tan rápido. A veces la gente se larga, no porque se acabe su tiempo, sino porque se le ha fundido la ilusión. ¿Podría ser el caso?

Si alguien me hubiera dicho a mí hace sólo diez años que alguien se atrevería a pintarrajear y ensuciar en bibliotecas públicas catalanas libros de Juan Marsé, o que Serrat se vería obligado a interrumpir un concierto para dar explicaciones a un mermado de por qué no estaba cantando en catalán en ese preciso momento (¡él! ¡Serrat! ¡El que la lió parda por no poder cantar catalán en Eurovisión!), me habría creído que estábamos en una distopía de Margaret Atwood, no en mi tierra natal.

Propuse hace poco a algunos compañeros de Ciutadans tratar de hacerle un homenaje. Alguien me sopló al oído que la cosa podía salir mal porque Serrat no era precisamente fan nuestro. De Ciutadans, quiero decir. Bullshit. ¿Y qué? Es posible que él, que tanto creyó en el socialismo catalán, y en el español, se mosqueara al principio al ver un partido político nuevo, nacido precisamente para meter el ojo en muchas cosas que ni el PSC ni el PSOE (ni el PP) estaban haciendo bien. Defender a los catalanes charnegos, por ejemplo. Es decir: defender a los catalanes. A todos y cada uno, sin excepción.

A la gente le cuesta hacer autocrítica, y a veces hasta repartir atolondradamente carnets de facherío sin mirar y sin escuchar. Es verdad que a Ciudadanos, la expansión española de la marca catalana Ciutadans, se le ha querido a menudo arrumbar en una especie de saco de escorpiones llamado «las tres derechas». Y es posible que ciertas decisiones de ciertos dirigentes en ciertos momentos no hayan ayudado a dejar claro que en un partido de entraña liberal y social, un partido de progreso, cabe y tiene que caber todo el mundo que luche por la libertad. Por la más grande y por la más pequeña. Incluida la de hablar (y cantar) en catalán y en español cuando te dé la gana.

La primera vez que vi en persona a Serrat yo era una jovencísima periodista de un diario local que hacía cola arrobada para entrevistarle. Una hora entera me dedicó. Una hora en el cielo.

Me lo fui cruzando luego por el periodismo, la música y la vida. Una vez me lo encontré sentado en la rotonda del hotel Palace de Madrid. Él se estaba tomando algo con Noa Kirel, la artista israelí. Si le pilla Ada Colau, además de botifler le llaman nazi.

La última vez que le vi fue en Canuda, 26. En la rueda de prensa que dio mi amigo el dramaturgo Joan Ollé para anunciar que se habían tenido que archivar todas las acusaciones de abusos contra él en el Institut del Teatre, y para denunciar la sucia campaña de linchamiento de que, ya sin asomo de duda, había sido objeto. Yo conté el caso en un artículo publicado aquí mismo, en THE OBJECTIVE: Caso Joan Ollé: ¿los Diez Negritos del teatro catalán?

Serrat fue de los pocos que, como yo misma, defendimos y apoyamos a Ollé desde el principio. En la rueda de prensa exculpatoria y reivindicativa de Joan yo tenía a Serrat sentado dos filas por detrás de mí, y recuerdo que mucho nos miramos de reojo. Curiosidad entre libres.

Joan Ollé falleció de un infarto masivo y fulminante el 30 de agosto este año, exactamente el mismo día en que murió Gorbachov. Enésima ironía del destino. Medio millar de personas nos dimos cita en su funeral laico, donde Serrat cantó a capella, con una voz donde no cabía el timbre de tanta verdad humana, su propia canción basada en la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández. Sólo en la muerte de mi propio padre he llorado lágrimas más grandes.

No me pidan por favor que sea demasiado razonable. No me pidan por favor que cambie cromos con nada ni con nadie para defender mis sueños. No me pidan que aspire a otra cosa que a todo. A la libertad entera. Por la que he vuelto a Cataluña después de veinte años lejos. De todas las canciones de Serrat que me han acompañado y que espero que sigan acompañándome, me quedo con Utopía. Por ejemplo con este fragmento:

Se echó al monte la utopía

Perseguida por lebreles

Que se criaron

En sus rodillas

Y al no poder seguir su paso la traicionaron

Y hoy funcionarios

Del negociado de sueños dentro de un orden

Son partidarios 

De capar al cochino para que engorde 

Y con este otro:

Quieren ponerle cadenas

Pero quién es que le pone puertas al monte

No pases pena

Que antes de que lleguen los perros será un buen hombre

El que la encuentre

Y la cuide hasta que lleguen mejores días

Sin utopía

La vida sería un ensayo para la muerte

Salgamos con bien de 2022 y procuremos entrar mejor en 2023. Cuando todos y cada uno nos jugamos tanto.

Publicidad
MyTO

Crea tu cuenta en The Objective

Mostrar contraseña
Mostrar contraseña

Recupera tu contraseña

Ingresa el correo electrónico con el que te registraste en The Objective

L M M J V S D