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Ricardo Dudda

El patriotismo selectivo del Gobierno

«Sánchez siempre ha mirado a la oposición con incredulidad. ¿Cómo es posible que no acepten sin rechistar todo lo que hago? Porque son antipatriotas»

Opinión
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El patriotismo selectivo del Gobierno

Pedro Sánchez.

El Gobierno ha dicho esta semana que el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, «demuestra una total falta de patriotismo» al criticar en Bruselas la reforma de las pensiones. Hace unos meses dijo algo parecido cuando la oposición criticó la opacidad del Gobierno al repartir los fondos europeos. Y un poco antes, a finales de 2022, el líder de la oposición en Cataluña, Salvador Illa, dijo: «A partir de ahora, las lecciones de constitucionalismo y las lecciones de patriotismo las vamos a dar los socialistas. ¿Qué se han creído? ¿Qué se han pensado? España es de todos». Es una frase muy siniestra: tiene un tono matón y arrogante, es una referencia a una famosa frase de Jordi Pujol (¿a quién se le ocurre, encima a estas alturas?) y denota una visión patrimonialista de la política y el Estado. Y además coincidió con la reforma del Código Penal del Gobierno que modificó el delito de malversación para complacer al independentismo, una medida que, a pesar de la ambigüedad del concepto «patriotismo», no me parece muy patriótica. 

No me interesa adivinar lo que es el patriotismo. Podríamos estar horas. Me interesa su uso. Porque, al fin y al cabo, patriota siempre soy yo y antipatriota siempre es el otro: hasta Pablo Iglesias se ha llegado a considerar más patriota que nadie, en esa época en la que se dedicaba a leer la Constitución en todos los mítines y debates para demostrar que no se cumple. En la política contemporánea española actual, el concepto patriotismo lo usa el Gobierno para justificar sus medidas. Y usa el concepto antipatriotismo para acusar a la oposición de deslealtad (a menudo cae en clichés como «el verdadero patriota es que el no baja los impuestos» o «lo patriota es pagar los impuestos», como si el patriotismo fuera estar en regla con la Agencia Tributaria). Es una manera de alinear los intereses del Gobierno y el partido con los del Estado y el país. Es la tentación de todo líder político, especialmente de los que tienen tendencias autoritarias. 

«Sánchez no se molesta en pedir el voto sino que espera que los demás se plieguen a él»

Es interesante que sea precisamente un Gobierno (y un partido: son prácticamente indivisibles) especialmente desleal el que hable de antipatriotismo y deslealtad. El PSOE de Pedro Sánchez ha sido sistemáticamente opaco hasta con sus socios de coalición y sus socios parlamentarios, a los que necesita para sacar adelante medidas en el Congreso de los Diputados. A menudo sus socios se quejan de que se enteran por la prensa de medidas trascendentales que quiere llevar el Gobierno al Congreso. Sánchez no se molesta en pedir el voto sino que espera que los demás se plieguen a él. En los últimos meses, por ejemplo, ha abandonado a Unidas Podemos, que se ha defendido en solitario de las críticas al fiasco de la ley del solo sí es sí, cuando era obvio que el PSOE era cómplice y partícipe. Es una actitud que ha tenido siempre Pedro Sánchez. Incluso cuando gobernaba en minoría y sus apoyos parlamentarios eran muy débiles, la por entonces portavoz parlamentaria Adriana Lastra dijo: «Tenemos 84 diputados que valen por 176». Su fuerza de voluntad bastaba. Sánchez siempre ha mirado a la oposición con incredulidad. ¿Cómo es posible que no acepten sin rechistar todo lo que hago? Está claro: porque son antipatriotas.

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