THE OBJECTIVE
Pilar Cernuda

...y se hizo presente la incertidumbre

«PP y Vox se veían triunfadores y ahora temen no serlo; PSOE y Sumar se veían perdedores y ahora tienen la esperanza de no serlo»

Opinión
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…y se hizo presente la incertidumbre

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París bien vale un misa, es frase que se adjudica a Enrique IV para convertirse así en rey de Francia. Llevada a la España actual, el espectáculo de las negociaciones entre el PP y Vox se están convirtiendo en un ejemplo de cómo algunos políticos con ansias de poder atraviesan todas las líneas rojas, apostatan de sus principios y traicionan a quienes deben lealtad.

Ha sido significativo el plante de María Guardiola al negarse a someterse a Vox porque suponía echar por tierra todo aquello que había prometido. La crujieron en las redes sociales y desde Génova recibió también alguna presión para cediera. Cuando escribo estas líneas, no se sabe cómo acabarán las cosas, porque también Azcón ha puesto pie en pared en Aragón cuando Vox exigía demasiado. 

Guardiola pecó de imprudente cuando hizo declaraciones como si fuera ya presidenta de Extremadura, como fue imprudente también el valenciano Mazón al aceptar de primeras todo lo que le pedía Vox, cuando podía tomarse un tiempo antes de decir sí a todo. En su caso, además, un Vox crecido exige en otras regiones lo conseguido en Valencia, que era una barbaridad: presidencia del Parlamento, vicepresidencia del Gobierno y tres consejerías. Por pedir que no quede, pero Mazón ni se inmutó: sí a todo. Guardiola se negó, pero también Prohens y Azcón dijeron que ni hablar.   

«Como siga la pelea PP y Vox coronarán nuevamente Sánchez como presidente»

¿Qué va a pasar? Ni idea, pero al PSOE se le ve entusiasmado con la marcha de las negociaciones PP-Vox. Alguien tendría que poner un poco de cordura en este escenario, porque como siga la pelea PP y Vox  coronarán nuevamente a Pedro Sánchez como presidente, y los votantes de los dos partidos exigirán responsabilidades a  sus dirigentes por el mal uso que han hecho de los votos recibidos en mayo. 

Solo hay una certeza: en PP, Vox, PSOE  y Sumar ha aparecido la incertidumbre. Los primeros se veían triunfadores y ahora temen no serlo; mientras los segundos se veían perdedores y ahora tienen la esperanza de no serlo. 

Todo porque el PP no se ha plantado ante los talibanes de Vox, un partido en el que hay gente sensata, formada y capaz, por muy conservadora que sea. Que tienen además todo el derecho del mundo de ser excesivamente conservadores; al igual que militantes de otros partidos tienen derecho a sentirse extremistas de izquierda,   siempre que unos y otros respetan las leyes y la Constitución, que no siempre es el caso.

Abascal es un político que en el pasado no se caracterizaba por estridencias, sino por ser uno de los muchos hombres y mujeres del País Vasco que tenían como prioridad protegerse de ETA y luchar contra el terrorismo. Como líder de Vox se ha dejado comer el terreno, abducir, por un par de personajes que han caído en la intransigencia, la intolerancia y la imposición de su criterio, y que están provocando que empiecen a aparecer  militantes y votantes que confiesan ganas de  huir del buxadismo y del monasterismo —de Kiko, no de Rocío—  como de la peste.

«Fue muy bien aceptado que Feijóo diera poder a los barones para negociar, pero alguna línea roja debió marcar»

Con esos mimbres tiene que lidiar Feijóo, y no le están yendo bien las cosas. Fue muy bien aceptado que diera poder a los barones regionales para negociar en su circunscripción, pero alguna línea roja debió marcar como presidente del partido, porque decir sí a todo está provocando situaciones inaceptables. Como colocar al frente de dos asambleas parlamentarias a mujeres de un radicalismo rayano en la ilegalidad, o que Buxadé presione para colocar a peones suyos en los gobiernos regionales como si Vox hubiera conseguido tantos votos y escaños como el PP.

A veces, es mejor perder cuota de poder antes que aceptar lo inaceptable. Por no mencionar que si se pierde algún gobierno por plantar cara a un partido que se toma la actividad política como una agencia de colocación, y con el objetivo de imponer modelos que rompen la convivencia, quizá los ciudadanos premien la coherencia y la defensa de unos principios y  castiguen a quien da muestras de una soberbia insoportable. 

Negociar es un arte en el que todos ceden para conseguir acuerdos que defiendan los derechos ciudadanos sin por ello perder los principios de quienes se sientan en torno a la mesa. Lo contrario es una aberración, y lo habitual es que se castigue a los que no entienden la política como lo que debe ser, un servicio público.

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