THE OBJECTIVE
Ignacio Ruiz-Jarabo

No soporto a la tropa progre

«Además de destrozar desde el Gobierno los consensos de la democracia, viven empeñados en reinventarse la historia y difuminar nuestros orígenes y valores»

Opinión
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No soporto a la tropa progre

Ilustración de Alejandra Svriz.

Con independencia del carácter atávico de sus políticas, más allá de su escaso respeto a las ideas ajenas e incluso al margen de cuestiones ideológicas, reconozco que cada vez me cuesta más soportar vitalmente a los militantes de la progresía española. Por poner un ejemplo, lo sucedido en estas Navidades en la que se están inventado todo tipo de ridículos eufemismos para evitar llamar a las cosas por su nombre me resulta inaguantable. Es patético comprobar los ingentes esfuerzos que realizan para evitar mencionar la palabra Navidad. Contemplar como desde la tribuna del Congreso Sánchez desea «felices fiestas» a todos los diputados, escuchar a algún otro progre imbécil felicitar el «final del otoño» y oír a alguno todavía más cursi referirse al «solsticio de invierno» me da tanta rabia como pena. Rabia por descubrir lo mezquinos que pueden llegar a ser algunos, pena por detectar que además de la mezquindad les invade también la estulticia. 

Yo no soy musulmán y en consecuencia no practico el ayuno durante el mes del Ramadán. Por pura coherencia tampoco conmemoro el Eid al-Fitr con el que se celebra su final, no organizo el célebre y opíparo desayuno entre amigos y familiares y ese día ni luzco prendas nuevas ni entrego regalos a los pequeños de mi familia. ¿Qué hacen entonces los que quieren presumir de no ser católicos celebrando la Navidad? Y, a más a más, que diría el actual socio preferente de Sánchez, si aún con todo la celebran, ¿por qué les da tanta vergüenza hacerlo hasta el punto de cambiar el nombre a las fiestas navideñas? 

Pensándolo bien, lo de nuestra tropa progre y la Navidad no es más que otro signo del tormento cultural en el que viven. Han nacido y se han criado en una sociedad basada en la civilización judío-cristiana, la que más libertad, progreso, democracia y respeto a los derechos humanos ha proporcionado a la humanidad. Y sin embargo se empeñan en renegar de sus raíces abrazando cualquier postura, fuera la que fuese, que pueda socavar sus principios y valores. Están tan empeñados en una guerra cultural contra la Historia, nuestra historia, su historia, que acaban cayendo en posiciones absolutamente ridículas cuando no esperpénticas. Es el caso -todos conoceremos alguno- de aquellos que celebran el bautizo civil de sus hijos o, aún más cómico, de las hilarantes celebraciones de una primera comunión civil. 

Durante mis años de tertuliano en la Cadena Ser, cuando me tocó desempeñar el rol de coartada liberal en los programas Hoy por Hoy y Hora 25, comprobé en primera persona la enfermiza obsesión que invade a la tropa progre española. Cada vez que al hilo de cualquier tema de actualidad yo me refería a la Iglesia, a Pepa Bueno le faltaba tiempo para matizar «la Iglesia Católica». O cuando en alguna ocasión en la que venía al caso yo resaltaba la meritoria función que en ayuda a los más necesitados realiza Cáritas, ella se veía en la obligación de añadir «y el resto de las ONG’s». Es evidente, les molesta sobremanera la relevancia sociocultural que el catolicismo mantiene en la sociedad española y están empeñados en una suerte de anticruzada para tratar de combatirla al tiempo que intentan imponer su relativismo moral sobre el conjunto de valores que conforman la civilización basada en el cristianismo.

«No es un sino un reflejo de la actitud que mantienen ante todo reinterpretando la realidad a su conveniencia»

Comentándolo esos días con algunos amigos, uno de ellos me apuntaba que, en realidad, esta atormentada conducta de nuestra progresía en la cuestión señalada no es un sino un reflejo puntual de la actitud que mantienen por lo general ante todo reinterpretando la realidad a su conveniencia. En términos históricos, se recrean con el bombardeo de Guernica pero silencian la matanza que provocaron las bombas social comunistas en el pueblo cordobés de Cabra, relatan de forma novelada las acciones represivas de los franquistas durante nuestra Guerra Civil ocultando las que se llevaron a cabo en los territorios controlados por el otro bando.

En términos más actuales, no se les cae de la boca la palabra Gürtel para intentar horadar la credibilidad de la derecha política, pero pretenden que olvidemos que dos presidentes del PSOE están condenados por la corrupción que llevaron a cabo desde la Junta de Andalucía cuando ellos la presidían. O utilizan el término «extrema derecha» para criminalizar los acuerdos del PP con Vox al tiempo que se refieren como «pasos hacia la normalización» a lo que pacta el PSOE con independentistas y delincuentes condenados por sedición, malversación o terrorismo.

Así son nuestros progres, esa tropa que además de estar destrozando desde el Gobierno los consensos básicos de nuestra democracia, vive empeñada en reinventarse la historia y difuminar lo que son nuestros orígenes, nuestros principios y nuestros valores. Confieso que cada vez los soporto peor.

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