The Objective
Daniel Waldenström

Cómo aumentar la riqueza y, al tiempo, reducir la desigualdad

«Fomentar que los ciudadanos compren vivienda y ahorren a largo plazo cumple un doble objetivo: crear riqueza y promover la igualdad económica»

Opinión
Cómo aumentar la riqueza y, al tiempo, reducir la desigualdad

Ilustración de Alejandra Svriz.

La acumulación de riqueza privada en España ha alcanzado niveles históricos. Hoy tenemos más millonarios que nunca. Los precios de la vivienda y de las acciones han alcanzado máximos. Al mismo tiempo, la fiscalidad sobre el trabajo y el capital ha experimentado cambios profundos. ¿Cómo ha afectado todo esto a la propiedad de los hogares y a la distribución de la riqueza familiar? Por mucho tiempo, la falta de datos nos impidió obtener respuestas claras. Ese vacío se llenó de especulaciones y de posicionamientos políticos más o menos infundados.

En mi nuevo libro Más ricos y más iguales (Deusto, 2026) presento datos sobre la situación actual y las tendencias históricas de España y otros países occidentales desde comienzos del siglo XX. La obra se basa en largos años de investigación sobre la riqueza de los hogares y el papel que la formación de capital privado ha desempeñado en la prosperidad de nuestras economías —y en las diferencias entre ricos y pobres—.

Mi análisis conduce a tres conclusiones principales:

  • En primer lugar, la población española es hoy más rica que en el pasado. El valor de la riqueza neta de los hogares se ha multiplicado por 30 desde el cambio de milenio en el año 2000. El ritmo de crecimiento es hoy más rápido que en el pasado. Solo desde 1980, la riqueza total de los hogares se ha multiplicado por siete, una vez descontada la inflación.
  • En segundo lugar, la composición de la riqueza ha cambiado significativamente. Hace cien años predominaba la tenencia de activos agrícolas o empresariales, que estaban en manos de una pequeña élite social. Después llegó un periodo de crecimiento acompañado de las reformas políticas y económicas que trajeron la economía de mercado, la democracia, la mejora de la educación y mejores condiciones laborales. Este crecimiento elevó los ingresos de los trabajadores y les dio la oportunidad, por primera vez, de ahorrar para comprar una vivienda y para la jubilación. Hoy, el patrimonio inmobiliario y el ahorro depositado en vehículos financieros representan tres cuartas partes de toda la propiedad privada en las economías occidentales. Sí es cierto que, en el caso de España, predomina el ladrillo, puesto que las carteras familiares están dominadas casi por completo por la vivienda, mientras que el ahorro en fondos de inversión y fondos de pensiones es mucho menor que en la mayoría de países occidentales.
  • En tercer lugar, la riqueza de los hogares está hoy distribuida de forma más equilibrada que en cualquier otro momento de la historia. Hace cien años, el 1% más rico de los hogares españoles poseía alrededor del 60% de toda la riqueza privada. Esa proporción cayó drásticamente hasta el 20% en los años 80 y, desde entonces, solamente ha aumentado ligeramente hasta situarse en torno al 25%. El resto de Europa muestra un patrón similar de fuerte igualación y niveles históricamente bajos, esencialmente inalterados desde 1970. En Estados Unidos, en cambio, la desigualdad sí ha aumentado de manera significativa; además, allí el 1% más rico posee cerca del 40 % de toda la riqueza.

¿Ha sido el reciente y moderado aumento de la concentración de riqueza en España a costa de otros grupos sociales? Hay pocas evidencias que sugieran algo así. La riqueza que se ve en la parte alta de la distribución, segmento dominado por los empresarios más exitosos y los grandes patrimonios, creció a una media anual del 3,8% entre 1980 y 2010… pero el patrimonio del resto de la población creció casi al mismo ritmo durante este mismo periodo, a una tasa del 3,3% anual.

Los nuevos hallazgos que presento en Más ricos y más iguales añaden matices a nuestra comprensión de la formación de capital privado y de la distribución de la riqueza en la economía moderna. En particular, cuestionan la visión defendida por mi antiguo colega, el economista francés Thomas Piketty. Él atribuía esta igualación a la destrucción del patrimonio de los ricos durante las guerras mundiales y al efecto redistributivo de los impuestos sobre el capital. Sin embargo, en países que no sufrieron las guerras, como España o Suecia, la trayectoria fue esencialmente la misma que en las naciones beligerantes.

Y, aunque los impuestos sobre el capital han dificultado sin duda el emprendimiento y la formación de capital privado, los mayores incrementos de la tributación han recaído históricamente sobre las rentas del trabajo. En cambio, el crecimiento del siglo XX y el desarrollo financiero, combinados con reformas políticas y económicas, aparecen como las verdaderas razones por las que hoy somos más ricos y más iguales que en el pasado.

«Los países de la OCDE con un mayor porcentaje de hogares propietarios suelen presentar menores niveles de desigualdad patrimonial»

Los responsables políticos actuales deberían extraer cuatro grandes lecciones de este nuevo análisis sobre la riqueza.

1. Cuestionar la mentalidad de suma cero. La visión de la economía como un juego de suma cero —es decir, que el éxito de una persona se produce a costa de otra— apenas encuentra respaldo en los datos y debería ser rechazada. Las nuevas empresas crean productos, empleo, ingresos y recaudación fiscal que antes no existían. Por tanto, no se los quitan a nadie. Un ejemplo lo tenemos en mi Suecia natal, en la figura de Ingvar Kamprad, fundador de IKEA. Su empresa nos ha beneficiado a todos. La historia económica muestra que el crecimiento dinámico y creador de valor eleva el nivel de vida general. Durante el siglo XX, la riqueza aumentó tanto en la parte alta como en la baja de la sociedad.

2. La propiedad de vivienda aumenta la igualdad de riqueza. Tener un domicilio en propiedad beneficia tanto a las finanzas de los hogares como a la reducción de las desigualdades de riqueza. Los países de la OCDE con un mayor porcentaje de hogares propietarios suelen presentar menores niveles de desigualdad patrimonial. La investigación demuestra que la vivienda en propiedad pierde menos valor que la vivienda en alquiler. Las inversiones inmobiliarias tienden a ofrecer rentabilidades comparables a las de la bolsa, pero con la mitad del riesgo. Hoy, alrededor del 75% de los hogares españoles son propietarios de su vivienda, una tasa superior a la media de la OCDE, aunque este porcentaje se está reduciendo, puesto que los jóvenes presentan niveles de propiedad inmobiliaria claramente menores que las anteriores generaciones.

3. Se debe incentivar e incrementar el ahorro privado para la jubilación. El ahorro acumulado en fondos de pensiones y otros vehículos financieros se ha convertido en el activo más importante del balance de la mayoría de los hogares en Europa occidental… salvo en España. Mejorar los incentivos fiscales vinculados a planes de ahorro a largo plazo, especialmente para la jubilación, puede animar a los trabajadores a construir patrimonio privado. Un colchón privado para la jubilación refuerza las finanzas personales durante el retiro. España necesita impulsar la transición hacia un sistema de pensiones basado en la capitalización, en el que las cotizaciones se inviertan en fondos a nombre de cada ahorrador. Un sistema así responde mejor a la tendencia demográfica hacia más jubilados y menos trabajadores cotizantes que el antiguo sistema de prestaciones definidas. Además, permite a los trabajadores beneficiarse de la rentabilidad de los mercados bursátiles con un riesgo reducido.

4. Si se gravan las rentas del capital, no gravemos también el patrimonio. La fiscalidad del capital es una parte natural del sistema tributario, pero importa mucho cómo se grave. Los tributos sobre los beneficios empresariales o los dividendos son relativamente eficaces, tanto en términos redistributivos como recaudatorios. En cambio, los impuestos sobre el patrimonio y, en gran medida, los de sucesiones, generan problemas allí donde se han implantado. Reducen la renta disponible de los empresarios, plantean elevados costes de recaudación y, además, generan pocos ingresos. Esto explica por qué la mayoría de los países de la OCDE los han eliminado.

Nuestra historia económica demuestra que una propiedad creciente y equitativa no se logra castigando fiscalmente a la parte alta donde se encuentran los empresarios de éxito, sino elevando a todos los que están por debajo y dándoles la oportunidad de construir su propia riqueza privada. Dos grandes activos —la vivienda en propiedad y el ahorro privado para la jubilación— han sido fundamentales en este proceso de igualación. Fomentar que los ciudadanos compren vivienda y ahorren a largo plazo cumple, por tanto, un doble objetivo: crear riqueza, que a su vez impulsa el crecimiento, y promover la igualdad económica.

(Daniel Waldenström presentará su obra Más ricos y más iguales. Una nueva historia de la riqueza en Occidente (Deusto, 2026) en Madrid el próximo 20 de mayo (para asistir al evento haga clic aquí).

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