The Objective
Juan E. Iranzo

Argentina no es un milagro, es ortodoxia

«El Gobierno reforzó la seguridad jurídica, eliminó controles de precios, liberalizó el mercado laboral, privatizó empresas públicas y simplificó trámites burocráticos»

Opinión
Argentina no es un milagro, es ortodoxia

Ilustración de Alejandra Svriz

Argentina atraviesa uno de los períodos de mayor transformación estructural de su historia. Tras años de alta inflación, déficit fiscal crónico y ciclos de crisis recurrentes, la administración del presidente Javier Milei impuso un giro radical de política económica implementando una ortodoxia cuyos resultados ya se están materializando.

La economía argentina sufrió una contracción en 2024 y posteriormente protagonizó una recuperación significativa en 2025. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos de la República Argentina, el PIB se contrajo un -1,3% en el 2024, provocado por el shock de ajuste inicial; sin embargo, a lo largo de ese año ya se produjo una inflexión: el crecimiento retomó su senda positiva en la segunda mitad del ejercicio, impulsado por las exportaciones, la inversión y la corrección de desequilibrios acumulados, sentando las bases para un crecimiento intenso del 4,4% en el 2025.

La agencia Fitch, señala en un informe sobre el país que prevé que la economía crecerá un 3,2% en 2026; también JP Morgan estima que la economía argentina puede crecer un 3,2% este año y otro 3,2% el siguiente, lo que supondría que el país gobernado por Milei encadenaría tres años de expansión, algo que es inédito desde el 2008. Los principales determinantes del crecimiento de este año son la agricultura y el petróleo, que están teniendo un gran ejercicio gracias a buenas cosechas y los elevados precios de los combustibles fósiles, que además junto a la liberalización económica y los incentivos bajo el plan RIGI de Milei, están desatando una oleada de inversión que permite aprovechar las señales que envían los precios.

Argentina podría vivir este año un fuerte impulso agrícola gracias al fenómeno de El Niño, que históricamente ha estado asociado a mejores lluvias y mayores rendimientos en el campo, y este sector tiene un peso excepcional en la economía argentina, donde las cadenas agroalimentarias representan cerca del 16% del PIB y las exportaciones agrícolas suponen alrededor del 58% de todas las exportaciones de bienes del país. Una buena cosecha provoca efectos directos sobre toda la macroeconomía argentina. Los impuestos a las exportaciones de productos derivados de la soja aumentan mecánicamente con el volumen de las cosechas, mientras que el mayor ingreso de dólares fortalece las reservas del Banco Central y puede aliviar la presión cambiaria, apoyando la desinflación.

La evolución de la inflación es el indicador más impactante del período; Argentina cerró 2023 con una inflación acumulada del 211,4%, sin embargo, ya en el 2024 pese al shock inicial provocado por la devaluación de emergencia, se logró una reducción progresiva hasta cerrar el año en 117,8% acumulado. La desaceleración fue constante desde el pico mensual del 25,5% registrado en diciembre de 2023, hasta llegar al entorno del 4% mensual hacia el segundo semestre del 2024, a pesar de la corrección tarifaria de servicios públicos como energía y transportes, de la devaluación inicial del tipo de cambio oficial y la inercia inflacionaria acumulada durante años de emisión monetaria.

«La inflación acumulada de 2025 fue del 31,5%, la más baja en ocho años»

En 2025, la resistencia del IPC a romper el umbral del 2% mensual refleja la persistencia de ajustes tarifarios pendientes y la indexación de algunos contratos; en cualquier caso, la inflación acumulada de 2025 fue del 31,5%, la más baja en ocho años, aunque sigue siendo elevada en términos internacionales.

El comercio exterior fue uno de los pilares de la estabilización macroeconómica. En 2024, la balanza comercial registró un superávit histórico de 18.899 millones de dólares, el más alto en dos décadas en términos nominales.  En 2025, el superávit se redujo a los 11.286 millones de dólares por la recuperación de las importaciones, lo que revela la reactivación del consumo y la inversión interna; el incremento exportador fue impulsado principalmente por la agricultura y la energía. El saldo, aunque menor que en 2024, sigue siendo históricamente positivo y contribuye a la acumulación de reservas internacionales del Banco Central.  

Asimismo, la subida del precio del petróleo está ayudando a lograr un fuerte superávit comercial también este año; con el precio del petróleo alrededor de los 100 dólares, cada barril exportado supone unos ingresos que casi duplican a los previos a la guerra. Con todo, el superávit comercial del primer trimestre alcanzó un récord de 5.500 millones de dólares, frente a los 1.100 millones del año anterior. Además, una sólida cartera de proyectos energéticos y mineros respaldada por el régimen RIGI, debería impulsar la entrada de inversión extranjera directa a medio plazo.

El saneamiento de las cuentas públicas, junto con el control de la inflación, constituye los logros más emblemáticos de la administración Milei. En 2024, Argentina obtuvo un superávit primario del 1,8% del PIB y uno financiero del 0,3% del PIB, el primero desde 2010. Este resultado fue consecuencia de un importante recorte del gasto público de aproximadamente el 30% debido sobre todo a la eliminación de subsidios y a la paralización de transferencias a provincias.

«El desempleo subió al 7,5% a finales del 2025, con una tasa de actividad de tan solo el 48,6%»

En 2025, se reafirmó el equilibrio con un superávit primario del 1,4% del PIB y un superávit financiero del 0,2% del PIB, consolidando dos años consecutivos de resultado positivo, algo que no ocurría desde el año 2008. Para este año 2026, el FMI y Santander Trade estiman un superávit presupuestario de entre el 1,3% y el 1,8% del PIB.

El mercado laboral ha mostrado un deterioro como consecuencia fundamentalmente del necesario ajuste de personal en el sector público, con lo que el desempleo subió al 7,5% a finales del 2025, con una tasa de actividad de tan solo el 48,6%, por las tensiones en el mercado laboral formal, especialmente en la industria y en comercio; sin embargo, la situación del empleo ya está mejorando ligeramente en los primeros meses de este año.

Esta nueva realidad ratifica que las políticas económicas ortodoxas son eficaces; las de la administración Milei descansan sobre tres pilares interrelacionados: un ajuste fiscal drástico, la liberalización de sectores y precios, y la esterilización monetaria.

La consolidación fiscal fue la pieza maestra del programa, puesto que permitió interrumpir el mecanismo de transmisión más directo entre política fiscal y precios. El recorte del gasto incluyó reducción de subsidios energéticos, congelamiento de la obra pública, reducción del empleo público y transferencias a provincias. El resultado fue una rápida desinflación.

«El objetivo es reducir los costes de transacción para la inversión privada y atraer capital extranjero»

Mediante el Decreto de Necesidad y Urgencia de diciembre de 2023 y la posterior Ley Bases, el Gobierno reforzó la seguridad jurídica, eliminó controles de precios, liberalizó el mercado laboral, privatizó empresas públicas y simplificó trámites burocráticos. El objetivo es reducir los costes de transacción para la inversión privada y atraer capital extranjero, especialmente hacia el yacimiento de hidrocarburos de Vaca Muerta y la minería en general. Los efectos son visibles en la reducción del riesgo país, con una prima de riesgo que ha bajado de los casi 3.000 puntos básicos en 2023 hasta 560 puntos en diciembre de 2024.

La inflación siempre es por causas monetarias, por lo que la disciplina del Banco Central, con emisión cero y esterilización del exceso de pesos, fue una condición necesaria para conseguir la desinflación, éste retiró paulatinamente sus pasivos remunerados y la base monetaria se estabilizó. La ventaja de este enfoque es su credibilidad en términos de señales al mercado; el riesgo es la rigidez ante shocks externos.

La resurrección económica de Argentina no es un milagro; se debe a la implementación rigurosa de políticas ortodoxas, frente a las políticas populistas del pasado que provocaron el colapso económico del país.

Publicidad