PSOE, ¿147 años de honradez y firmeza?
«Ya hemos visto cómo esa honestidad ha sido quebrantada, al igual que el Estado de derecho, en los Gobiernos socialistas de fines del pasado siglo y estos últimos años»

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En las elecciones generales de 1979 el PSOE utilizó en su cartelería como lema de campaña «100 años de honradez y firmeza». Aunque la afirmación fuera falsa y lo fuera por diversas y variadas razones —en realidad, lo único cierto era que aquel año se cumplía un siglo desde la fundación del partido—, corrían tiempos propicios al olvido. La Transición, ya se sabe. Prueba de ello es que entre la clase política de entonces el lema solo obtuvo una respuesta, más bien jocosa, en las filas comunistas, donde le añadieron la coletilla «… y 40 de vacaciones», en alusión al desvanecimiento del Partido Socialista durante el franquismo.
Hubo que esperar todavía tres años —en concreto, hasta la victoria del PSOE de Felipe González por mayoría absoluta en las siguientes elecciones generales— para que las dudas que se podían tener con respecto a esa honradez y esa firmeza empezaran a disiparse. No por mucho tiempo, es verdad. Ya a finales de los ochenta estallaron el caso GAL de terrorismo de Estado y el caso Filesa de financiación ilegal del partido. Y en los noventa la cuesta abajo se aceleró con los casos Roldán e Ibercorp, entre otros. La llegada del PP de José María Aznar al Gobierno en 1996 impidió probablemente que esa retahíla de casos de corrupción se incrementara.
Pretender que Rebeca Torró, actual secretaria de Organización del PSOE, tuviera conocimiento de estos hechos a todas luces deshonrosos cuando, con 19 años, se afilió a las juventudes del partido, sería mucho pretender. Por la edad y porque la disposición de ánimo de alguien que se afilia a las juventudes de una formación política y va escalando posiciones hasta alcanzar, un cuarto de siglo más tarde, las cotas más altas de la organización; esa disposición de ánimo, decía, no puede ser en modo alguno la de una persona con suficiente criterio e independencia de juicio como para poner en duda lo que se da por cierto sin serlo y actuar en consecuencia, ya disintiendo, ya abandonando el barco. Sus palabras del pasado lunes en la rueda de prensa que ofreció en la sede socialista y que luego difundió en la red social X demuestran a las claras su grado de asunción sin fisuras de la doctrina oficial.
En un discurso leído sin ningún respeto por la prosodia, martilleado más que pronunciado, y en el que no faltó el acostumbrado laudo a su amo y señor como artífice de la inimaginable prosperidad de la que disfrutamos, Torró echó mano del pasado para afirmar que el PSOE es «el partido de 147 años de historia, de lucha por la democracia y por el Estado de derecho[…]. La honestidad es un valor esencial para el Partido Socialista ». Ya hemos visto hasta qué punto esa honestidad —léase sobre todo en el sentido de honradez— ha sido quebrantada, al igual que el Estado de derecho, en los Gobiernos socialistas de finales del pasado siglo —a los que podemos añadir los de estos últimos años, que los superan sin duda alguna—.
Pero en esos 147 años de historia existen quebrantamientos del Estado de derecho mucho más graves y trascendentes. Me refiero a los acaecidos durante la República y la Guerra Civil. Aquel partido socialista de Prieto y Largo Caballero —urdidor del golpe de Estado de 1934 contra el Gobierno de la República, contrario a toda alternancia con la derecha y corresponsable de la represión criminal en la retaguardia republicana durante la Guerra Civil— tenía poco de democrático y ajustado a derecho y mucho de revolucionario.
Debería bastar ese recuerdo para que la verdad prevaleciera sobre la falacia y pudiéramos ahorrarnos discursos como el de Rebeca Torró, que miran hacia el pasado comprometiendo en el propósito una honradez y una firmeza que, si en 1979 ya eran falsas, lo son muchísimo más a estas alturas.