De Alejo a Alejandro
«Por su valentía en denunciar las tropelías del nacionalismo y plantar cara a los dirigentes de su partido, Alejandro Fernández es el heredero de Vidal-Quadras»

Imagen creada con inteligencia artificial.
De vez en cuando llegan buenas noticias de Cataluña. El que Alejandro Fernández vaya a seguir siendo presidente del Partido Popular en esta autonomía lo es sin duda alguna. Cuando Núñez Feijóo se hizo con las riendas de la formación, uno de sus primeros pasos fue tender puentes con el nacionalismo catalán. Para un partido de ámbito nacional como el PP, tender puentes con un partido nacionalista —sea este catalán, vasco o gallego— equivale a aceptar que el interés de parte se anteponga al general.
Ese interés de parte puede concretarse en una tajada más grande de la caja común, en transferencias de competencias que laminen aún más los principales pilares del Estado o en desbrozos de dirigentes regionales que no son del agrado del mainstream nacionalista. En el caso catalán, la cabeza cortada fue la de Alejo Vidal-Quadras cuando Jordi Pujol se la exigió a José María Aznar para apoyarle en su primera investidura como presidente del Gobierno de España y este se la entregó.
Desde entonces (1996), el PP catalán anduvo como pollo sin cabeza. Quienes cogieron el relevo de Vidal-Quadras, no es que abrazaran abiertamente la causa del nacionalismo; hicieron algo peor, si cabe: callaron y otorgaron. Estaban hartos, decían, de que les señalaran como malos catalanes, por lo que recibieron con mucho gusto las nuevas directrices. Fue en este contexto, aunque años más tarde, cuando nació Ciudadanos. Si el PP catalán no iba a abanderar la lucha contra el nacionalismo, menos iba a hacerlo un PSC que siempre había profesado una suerte de nacionalismo de baja intensidad para que no lo confundieran con el de CiU, y que, a raíz de su alianza con ERC y la amalgama ecocomunista —concretada en el llamado Pacto del Tinell, que incluía el compromiso de no llegar a ningún acuerdo con el PP—, había perdido ya todo disimulo.
Si algo caracterizó a aquel Ciudadanos primerizo fue su denuncia desacomplejada de la transversalidad nacionalista, al tiempo que le contraponía la del constitucionalismo. De ahí que su crecimiento se produjera lo mismo a izquierda que a derecha, lo mismo a costa de votantes del PSC que del PP. El posterior estallido del procés no hizo sino potenciarlo hasta convertirlo, junto a sus indiscutibles aciertos, en el primer partido de Cataluña.
Pero poco le duró la alegría al partido de Albert Rivera. La renuncia de Inés Arrimadas a presentarse a la investidura y su ulterior traslado a la política nacional dejaron al partido huérfano de liderazgo en Cataluña. La debacle en las elecciones generales de noviembre de 2019, unida al abandono de la política de Rivera y a la deficiente gestión de Arrimadas, sin olvidar la aparición de Vox, fueron la puntilla. De los restos de Ciudadanos en la tierra donde nació sacaron provecho electoral en primera instancia (2021) PSC y Vox, y en segunda (2024), de nuevo PSC y Vox, aunque en esta ocasión junto al PP. Un PP que nada tenía que ver con el de años anteriores y sí mucho, en cambio, con el de los tiempos de Vidal-Quadras.
«Que a Feijóo no le haya quedado más remedio que proponerlo como futuro presidente del partido en Cataluña es una excelente noticia»
El artífice de esa transformación era un hombre que llevaba años en el partido picando piedra. Un hombre culto, con una formación política envidiable y con un discurso rotundo, sin medias tintas, bien enhebrado, rebosante de ideas y aliñado con la ironía justa. Por sus maneras, por sus dotes como orador parlamentario y como escritor —ahí está su reciente A calzón quitao (La Esfera de los Libros, 2025) para comprobarlo—, dos virtudes que más bien escasean en nuestra clase política, por su valentía en denunciar las tropelías del nacionalismo y plantar cara a los dirigentes nacionales de su propio partido y, claro está, por su ideología, Alejandro Fernández es sin lugar a dudas el heredero de Alejo Vidal-Quadras.
El heredero y fiel continuador. Que a Núñez Feijóo, a pesar de sus reservas iniciales, no le haya quedado más remedio que rendirse a las evidencias y proponerlo como futuro presidente del partido en Cataluña constituye una excelente noticia. Para los catalanes y para el resto de los españoles.
¡Ah, y ojalá el destino le depare un futuro con cabeza!