The Objective
El purgatorio

Juango Ospina: «Vito Quiles ha venido a mover la piñata, disfruto mucho siendo su abogado»

El famoso penalista, conocido por el ‘caso Daniel Sancho’, se quita la toga para analizar la situación de nuestro país

Entra en el plató con una cojera evidente, fruto de un reciente accidente de moto, pero con la agudeza mental de quien no conoce el descanso. Juan Gonzalo Ospina (Bogotá, 1986) no es un abogado penalista cualquiera; él vive en el ojo del huracán mediático. Desde la defensa del honor de Edwin Arrieta en el mediático caso Daniel Sancho hasta el acompañamiento legal de figuras que agitan el tablero político como Vito Quiles, Ospina se mueve con la misma soltura en los juzgados de Plaza de Castilla que bajo los focos de los platós de televisión. En esta charla en El purgatorio, el abogado se quita la toga para analizar una España que, según sus palabras, «hace aguas» judicialmente.

PREGUNTA.- Hay hombres que se pasan la vida huyendo del barro y otros que deciden hacerse un traje a medida para ir de frente. ¿Cuánta verdad cabe en un hombre que vive de defender a gente que miente?

RESPUESTA.- Nosotros intentamos ser auténticos y hacer gala de la defensa de la verdad. El derecho penal busca reconstruir los hechos para esclarecer lo que realmente sucedió. Como abogado, intento ser lo que transmito. Muchas veces, las redes sociales te prejuzgan y se centran en el personaje antes que en la persona, pero es algo inherente a mi profesión; trato de mostrarme de la forma más natural posible.

P.- Hablas bien, se nota tu profesión. Acabas de llegar de visitar cárceles. ¿Cómo es el lunes de un penalista?

R.- Esta mañana hemos estado en Soto del Real. En el derecho penal nada es lo que parece hasta el día del juicio. Nuestra labor es valorar la prueba de cargo y la de descargo para determinar qué ocurrió realmente y buscar una pena proporcional ajustada al delito.

P.- ¿Cuántas horas duermes al día?

R.- Seis o siete. Te metes en esa dinámica de lunes a viernes, restándole horas al sueño, hasta que llega el viernes y estás agotado.

P.- Tengo entendido que viene otro hijo en camino.

R.- Sí, la cuarta llegará a finales de junio. Es la alegría de la casa. Tengo ya tres niñas y, a mis 39 años, como dice el Cholo, voy «partido a partido». Me casé con 30 y desde entonces las niñas son alegría pura.

P.- ¿Por qué elegir pasar la vida entre criminales pudiendo haber elegido «la luz»?

R.- Yo defiendo personas, no delitos. Insisto mucho en esto: no defiendo a un violador, sino a una persona denunciada por agresión sexual. Las cosas no siempre son lo que parecen y los medios, a veces, prefieren al villano antes que al superhéroe. El titular suele ser «Detenido un agresor», pero nunca «Absuelta una persona por una denuncia que no era cierta». Para defender a alguien tengo que mirarle a los ojos y entender de qué color es su alma. Si hay confianza mutua, defiendo su procedimiento. Le tengo cariño a mis clientes; no son monjas de la caridad, pero la premisa es que sean buenas personas.

«Vito Quiles ha llegado a decir la verdad y eso molesta e incomoda»

P.- Sobre las agresiones sexuales: si te llaman ahora mismo porque han detenido a alguien, ¿cuál es el ratio de éxito en estos casos?

R.- Para que la audiencia lo entienda: el sistema cree a la denunciante. Si una mujer mantiene su versión en comisaría, en el juzgado y en el juicio, la condena es casi segura. El Tribunal Supremo sostiene desde hace más de 20 años que, si no hay un ánimo espurio o una causa secundaria, se entiende que la agresión es cierta. Por eso, la única defensa posible cuando el investigado afirma que hubo sexo consentido es determinar qué motiva esa denuncia falsa. Si no se encuentra, hay condena asegurada.

P.- ¿Cómo se detecta que una denuncia es falsa? ¿Qué pruebas existen?

R.- No hay un caso idéntico a otro. Nos encontramos procedimientos con patologías clínicas mentales de la denunciante donde, tras un encuentro consentido, surge un trastorno que disocia la realidad. Un ataque de pánico o un temor pueden llevarla a denunciar días después algo que no ocurrió como ella cree.

P.- ¿Cuánto puede durar un proceso así?

R.- Tres años.

P.- ¿Y la pena?

R.- Pueden ser ocho o nueve años de prisión. Hay una tarea pendiente en la Administración de Justicia: me gustaría que siempre se condenara al culpable y se absolviera al inocente, pero hoy hay inocentes en prisión. El proceso penal se construye con pruebas y, si el juzgado inadmite un testimonio clave porque no es testigo directo, un inocente puede acabar condenado.

P.- La justicia española hace aguas…

R.- Totalmente. Existen muchos errores, especialmente en la prisión provisional, que a veces se instrumentaliza como pena anticipada. El caso de Sandro Rosell, que estuvo dos años en prisión para terminar siendo declarado inocente, es el ejemplo de lo que tendría que acabarse. Necesitamos una reforma seria, pero ningún partido la plantea. Me gustaría que todos estuviéramos orgullosos de nuestros jueces, pero hoy todo tiene un tinte ideológico: si el juez Peinado dicta un auto contra Begoña Gómez, la izquierda le ataca; si ocurre lo contrario, lo hace la derecha. España hoy no tiene una justicia independiente, objetiva y eficiente.

P.- Aprovechando que has mencionado al juez Peinado, te pregunto por el fiscal general del Estado. ¿Qué te parece su situación?

R.- Me parece deleznable; algo incomprensible desde la perspectiva jurídica. La Fiscalía debe ser un órgano objetivo, con una neutralidad y honorabilidad intachables. Si hay una duda razonable sobre tu actuación, lo que tendrías que haber hecho es dimitir. En este país todo tiene tintes ideológicos, pero ante un presunto delito de revelación de secretos, todos los grupos deberían haber solicitado su dimisión. Si tuviéramos una democracia de calidad, con mayúsculas, donde los políticos abogaran por el bien común, todo el mundo habría pedido que se marchara.

Juango Ospina. | Carmen Suárez

P.- ¿Por qué crees que no ha sucedido?

R.- Porque vivimos en una España de confrontación absoluta, de despertar fantasmas del pasado para tapar escándalos de corrupción que apestan con el «y tú más». Al Gobierno le viene bien ocupar los medios con el fiscal general y que los ministros salgan a defenderle. Yo me pregunto: este señor no tiene a nadie que le mire a la cara y le diga: «¿Cómo tienes esa desfachatez?». Como jurista y demócrata, me preocupa que haya tertulianos defendiendo lo indefendible al decir que ha sido condenado sin pruebas.

P.- Te refieres a la filtración…

R.- Exacto. Si tú eres el fiscal general y el encargado de investigar una filtración, ¿por qué no la investigas? No hacerlo es el indicio incriminatorio más sólido para demostrar que ocultas algo. Es lo que ha determinado el Tribunal Supremo al señalarle como autor de este delito.

P.- ¿Qué le teme un hombre que no teme a los jueces?

R.- Yo respeto mucho a nuestros jueces; tienen una talla moral intachable. España no ha caído en la batalla ideológica y política gracias a ellos. El Tribunal Constitucional dictó que los estados de alarma fueron inconstitucionales, algo impensable en una democracia de calidad. Lo grave es que no existieran consecuencias políticas; vivimos en la España donde todo vale y nadie se mira al espejo. Gracias a los jueces, el país ha progresado.

P.- ¿Cómo es tu relación con ellos en el estrado?

R.- De respeto y admiración; su tarea es ardua. Intento ponerme en sus zapatos para convencerles a través de las pruebas. Hay que conocer el ritual, guardar las formas y saber que el sistema tiene garantías. Hace unos días, la Audiencia Nacional anuló un auto de prisión provisional por narcotráfico; me da pena que algunos medios hablen de «error judicial» cuando, gracias a esa sección, se garantiza que todo detenido conozca los elementos por los que se le priva de libertad.

P.- ¿Cómo es defender a un narcotraficante?

R.- Sea un presunto narco, estafador o presunto agresor sexual, todo se basa en la confianza mutua y en no engañarnos. Hay que tener clara la línea de defensa y los elementos a favor o en contra. Si defiendo a un empresario al que le meten 1.000 kilos de cocaína en un contenedor de fruta y me jura que lo desconocía, defiendo su inocencia. Si, por el contrario, hay escuchas telefónicas donde se ve claramente que lo sabía, la línea de defensa cambia totalmente.

P.- ¿Y aun así lo defenderías?

R.- Defendería a cualquier persona porque mi labor es salvaguardar sus derechos. Soy como un médico con la salud de cualquier ciudadano: no hago un juicio moral sobre si el delito es más o menos grave. Me llama la atención cuando algunos colegas dicen: «Yo no defiendo temas de salud pública».

P.- Se dice mucho que los abogados no tenéis moral. ¿Es verdad?

R.- Yo duermo muy tranquilo; tengo una moral y unos límites. Lo que no se puede hacer es trampas. No creo que sea menos malo un delito de salud pública que una estafa que le quita los ahorros de toda una vida a una pareja de pensionistas. Ambos están muy mal. Mi tarea es determinar si la acusación es correcta y, en su caso, qué pena sería proporcional. No son pocos los casos de personas pilladas en un robo a las que se les atribuyen otros 20; nuestra labor es analizar las pruebas para buscar la pena justa.

P.- ¿Cuál es el caso que no te deja cerrar los ojos?

R.- Me ocupan el pensamiento los procedimientos de salud pública muy complejos donde hay personas en prisión provisional por escuchas que considero ilegales o no concluyentes. Tengo un caso real de tres personas detenidas en Sevilla a las que la policía considera líderes de una organización criminal, pero los únicos indicios son conversaciones de unos presos que hablan de ellos.

Juango Ospina. | Carmen Suárez

P.- ¿Y eso no es suficiente?

R.- Entiendo que no para determinar si ha habido un transporte de 1.000 o 2.000 kilos. En este país, la prisión provisional se instrumentaliza, por desgracia, más de lo debido. Ojalá los políticos pacten una reforma para que no exista la prisión provisional en casos innecesarios. Mandar a una persona a la cárcel así, como si estuviéramos en las mazmorras del siglo XVI, me parece bochornoso.

P.- Como abogado penalista, ¿quitarías entonces la cadena perpetua?

R.- No me gusta, pero es que en España no existe; lo que hay es una «prisión permanente revisable», donde a los 25 o 30 años te vas a la calle. Los políticos llenan titulares con mentiras y no debaten el verdadero problema de la justicia. Por ejemplo, me parece un error que alguien condenado por asesinato cumpla diez años y salga a la calle sin arrepentirse. La prisión permanente me parece adecuada para un violador o un asesino que no debería volver a salir, pero es demagogia porque, al final, saldrá en libertad. No tenemos la cadena perpetua que nos intentan hacer creer.

«Vivimos peor hoy que hace diez años. Es imposible comprar una vivienda»

P.- Eres una cara conocida de la televisión. ¿Qué es más difícil: convencer a un juez o a una cámara?

R.- Las dos tienen su dificultad. A un juez es complicadísimo convencerle; aunque tengas la razón, no sirve de nada si no sabes dársela. Hay que conectar con él, captar su atención y que vea la prueba que pones sobre la mesa; ahí la oratoria y el relato son fundamentales. En televisión, en cambio, tienes quince segundos de titular y debes saber colocar la idea para captar al espectador.

P.- ¿Hay mucha cena o comida «por detrás» para convencer a un juez?

R.- Yo creo que no. Hago una defensa inconmensurable de nuestros jueces, héroes que trabajan en juzgados de Plaza de Castilla o localidades menores sin medios y con ordenadores del siglo pasado. No he visto que se manipule a un juez por cauces políticos o económicos y quiero creer que eso no existe.

P.- ¿De verdad no te consta ningún caso?

R.- Me consta un procedimiento de un juez extranjero, de enlace, que tomó una decisión arbitraria tras ser «tocado» por una organización criminal. Pero en mis diez años de ejercicio, no he visto nada igual con jueces españoles. No se me pasaría por la cabeza; tenemos jueces que administran una buena justicia; lo que falla son las leyes y las herramientas que tenemos para administrarla.

P.- Vas a volver a ser padre. ¿Se puede ser buen padre cuando tu cabeza está en sumarios de sangre todo el día?

R.- Sí, intento separar y optimizar los tiempos con mi familia. Esta mañana he desayunado con mis hijas porque no tenían colegio y, en esos momentos, intento olvidarme de todo. A veces es difícil porque tengo que estar pendiente del móvil, pero estar con ellas me da la vida entera. Hay que saber buscar ese equilibrio con el hogar.

P.- Salió una noticia que te relacionaba con Pablo Escobar. ¿Es cierto?

R.- Mentira absoluta. Yo nací en el 86 y a Escobar lo mataron a principios de los noventa. Solo busca dañarme por cosas de hace 30 años.

P.- ¿De dónde sacan algo así?

R.- Del morbo de algunos periodistas que buscan al villano y no al superhéroe. Cuando se intenta dañar a alguien, se busca cualquier cosa para difamar y atentar contra el honor. En España difamar sale gratis; al periodista responsable se le ha puesto una demanda civil, pero estoy convencido de que se declarará insolvente y ahí quedará la cosa. Ojalá haya un pacto de Estado para que calumniar deje de ser gratuito.

P.- Pasemos a uno de tus casos más populares: el de Edwin Arrieta. Han pasado ya dos años. ¿Cómo te sientes?

R.- Es el caso de mi vida por todo lo que significó. Fue un gran reto. Cuando Darling Arrieta vino al despacho, lo primero que le dije fue que necesitábamos un equipo en Tailandia porque yo estoy en Madrid y no puedo ejercer allí. Nos entendimos muy bien desde una reunión muy emotiva y ahí empezó la aventura: buscar despachos en Bangkok y Koh Samui, y defender el honor de Edwin en los platós de televisión españoles. Darling es una mujer con una fortaleza intachable que nos ha dado la fuerza necesaria.

P.- ¿Cómo está el caso a día de hoy?

R.- Esperamos que se resuelva la apelación. Confío en que se mantenga la sentencia de cadena perpetua, aunque de nuevo digo que esa pena no existe como tal. El proceso sigue en Tailandia, pero somos conscientes de que, por el convenio con España, cabe la posibilidad de que Daniel Sancho acabe sus últimos días de prisión aquí y termine saliendo en libertad en diez o doce años.

P.- ¿Te molesta que piensen que buscabas titulares en lugar de justicia?

R.- Este procedimiento me enseñó que hay gente que prefiere creer en una «mano negra» antes que en la realidad. En los autos estaba el ADN de Edwin Arrieta y las pruebas eran claras, pero parte de la prensa decía que era una parafernalia. A mí me tranquiliza hacer bien mi trabajo y deberme a la familia Arrieta. Lo que digan personas ajenas no me afecta; es parte del entrenamiento cuando tienes exposición mediática.

P.- ¿Has llegado a sentir lástima por Daniel Sancho?

R.- Como cristiano, sí, por supuesto. Ha sido un proceso muy doloroso para todos. Hace poco fue el cumpleaños de Edwin; su familia no ha levantado el duelo y su madre sigue sumida en una tristeza absoluta. En el caso de Daniel, me he encontrado con sus padres y con él en situaciones muy difíciles.

P.- Claro. ¿Cómo fue la relación con ellos? 

P.- Vamos a ver… Yo creo que la madre, pues, como madre, sufría, como no puede ser de otra manera, el hecho de ver a un hijo en esa situación y con lo que había llevado, y yo creo que mostró el lado más humano, por así decirlo, ante la evidencia de los hechos que fue acabar con la vida de Edwin Arrieta tras comprar unos cuchillos y bolsas, es decir, tras la premeditación de un crimen atroz. Mi opinión de Daniel, prefiero guardarla en la intimidad, y su padre fue muy correcto conmigo; eso siempre lo he dicho y ha salido en algún medio de comunicación. Pero yo creo que en sus zapatos, que tienen que ser muy complicados —es decir, estar en su situación—, sigue apoyando las tesis del hijo que creo que son erróneas, que es ese accidente.

P.- La defensa de Daniel Sancho sigue hablando de un accidente.

R.- Siguen defendiendo que fue un golpe fortuito, que Edwin se cayó al suelo y falleció. Esa es la tesis de Daniel Sancho y su equipo, y hasta ahí voy a decir.

P.- Hablemos de otro cliente que mueve masas: Vito Quiles. ¿Cómo es defenderle?

R.- Vito es un grande con una capacidad intelectual de admirar. Pertenece a esa generación de jóvenes que vienen pisando fuerte y que nos hacen falta en la sociedad civil española. Estábamos ante un sistema inmóvil frente al poder político y económico; de repente, un chaval de 25 años ha venido a mover la piñata. Disfruto mucho siendo su abogado.

P.- ¿No te da muchos dolores de cabeza?

R.- Alguno que otro. Pero es una suerte ser su abogado porque entiende el procedimiento y lo respeta. Hay una confianza mutua. Ahora tenemos por delante la denuncia de Beatriz Corredor por un supuesto delito de odio tras el apagón de Red Eléctrica, y ese intento arbitrario de expulsarle a él y a Alvise del Congreso mediante un reglamento creado ad hoc. Disfruto con su defensa técnica.

Juango Ospina. | Carmen Suárez

P.- ¿Alguna vez actúas como padre y le pides que se relaje?

R.- Más que como padre, intento hablarle desde la experiencia y el sentido común con consejos pragmáticos. Pero también me molesta cuando otros intentan limitarle sin razón. Hace unos días, un policía le expulsó mientras entrevistaba a Irene Montero; yo le dije que denunciara por coacciones para saber quién dio la orden, pero Vito tiene un cariño especial a las fuerzas de seguridad y decidió no iniciar esa batalla.

P.- ¿Por qué crees que genera tanto odio? Hay otros periodistas molestando a la izquierda o a la derecha.

R.- Estuve con él en Miami, en un congreso de Donald Trump con líderes como Milei o Bukele, y comprobé que Vito tiene una magia especial para buscar la pregunta idónea y una gran rapidez mental en la búsqueda de la verdad. Eso es lo que molesta: que ponga sobre la mesa, con ironía y sarcasmo, una realidad que nadie planteaba con tanta claridad.

P.- Un millón y medio de seguidores es una cifra seria.

R.- La audiencia no es tonta. Que tantos jóvenes lo tengan como un referente es por algo. Hemos vivido 20 años de un sistema dormido donde PP y PSOE se repartían los cromos mientras la justicia o las pensiones se degradaban. Vivimos peor hoy que hace diez años; es imposible comprar una vivienda o tener oportunidades laborales. Vito ha llegado para decir la verdad, y como no pueden con él en los medios, intentan una «censura judicial» para callarle.

«Dedicarte a la política por el poder, creo que eso es feo y no debería de ser la meta de nadie»

P.- ¿Alguna vez Vito te ha confesado que no puede más? ¿O es de los que tiran siempre hacia adelante?

R.- Es un tío que tira siempre hacia adelante, pero no es fácil. No solo para él, sino para cualquier cliente con exposición mediática. No es sencillo desconectar cuando vas a un restaurante o al cine y sabes que te van a pedir fotos o vídeos; eso genera una fatiga inevitable.

P.- ¿Te consta si ha pensado en dar el salto a la política institucional?

R.- A mí no me consta. Creo que disfruta mucho con su trabajo. Lo que sí sé es que ha tenido varias ofertas y las ha rechazado; de momento le seguimos viendo con el micrófono y espero que siga así muchos años, creciendo como profesional.

P.- Sería raro verle con un escaño, entonces.

R.- Servir a tu país debe ser un honor si puedes aportar algo. Si mañana me preguntaran cómo reformar la Justicia, yo cambiaría la Ley de Enjuiciamiento Criminal y el sistema de nombramiento de los jueces; si puedo aportar ese conocimiento, bienvenido sea. Pero dedicarse a la política solo por el poder es algo feo y no debería ser la meta de nadie. Vito es hoy un gran periodista y ahí sigue, con el micrófono.

P.- Vamos con un test rápido. ¿Último libro que has leído?

R.- Las 48 leyes del poder, de Robert Greene (y John Maxwell).

P.- ¿Qué libro le recomendarías a Vito Quiles?

R.- Cómo ganar amigos e influir sobre las personas, de Dale Carnegie. Es un libro que todo el mundo debería leer.

P.- ¿Café o vino?

R.- Soy más de café.

P.- ¿Tu mayor miedo?

R.- Fracasarle a mi familia.

P.- Si el accidente de moto hubiera sido peor, ¿qué te habrías llevado al otro lado?

R.- Haber vivido con mucha intensidad.

P.- ¿Qué música sonaría de fondo?

R.- Seguramente algo de Ludovico Einaudi.

P.- ¿Qué hay en tu mesilla de noche?

R.- Una lámpara y poco más. Los libros están en la estantería porque suelo caer redondo en la cama.

P.- ¿Cuánto cuesta tu silencio?

R.- ¿Mi silencio? No tanto… Una persona vale por sus palabras y también por lo que calla. Si tengo que guardar un silencio, creo que no tiene precio.

P.- ¿A quién tienes que pedir perdón?

R.- A mucha gente; la lista no terminaría. Hay que hacer un ejercicio de perdón constante. Esta mañana he llamado a un compañero para disculparme tras una trifulca que se estaba yendo de madre. Pedir perdón nos hace mejores y muestra tu valentía.

P.- Metafóricamente, si tuvieras que enviar a alguien al cielo por ser buena persona, ¿a quién elegirías?

R.- Es una pregunta complicada, pero creo que, como la mayoría, elegiría a nuestras madres; ellas están en un pedestal.

P.- ¿Y al infierno?

R.- También a muchas personas. Una gran responsabilidad conlleva actuar con un poder que influye en el destino de los demás. Aquellos dirigentes políticos que tienen la responsabilidad de salvaguardar nuestro futuro y no lo hacen, en mis entrañas siento que son muy malas personas y no tendrían que estar ahí.

P.- ¿Y a quién enviarías al purgatorio?

R.- Al purgatorio se podría enviar a muchos a pensar y que luego vuelvan. Pero si te respondo, generaríamos un gran debate público, así que…

P.- Pues tenemos que generarlo, que para eso estamos delante de estas cámaras.

R.- Como buen abogado, puedo acogerme al derecho a no declarar, así que voy a hacer uso del mismo.

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