Montero acerca al PSOE a una debacle histórica en Andalucía, según el Votómetro
La exvicepresidenta cosecharía, según la proyección, entre 25 y 28 escaños, por debajo de los 30 de Juan Espadas

Evolución del número de escaños del PSOE en las elecciones de Andalucía. | Alejandra Svriz
Lo que durante casi cuatro décadas fue un búnker inexpugnable, una maquinaria electoral perfecta que definía el destino de España desde el sur, hoy se asoma a una fractura que amenaza con ser definitiva. El PSOE de Andalucía (PSOE-A), el histórico partido de las mayorías absolutas y la hegemonía social inquebrantable, no solo no levanta cabeza, sino que se hunde hacia un nuevo abismo.
Según la última actualización del Votómetro de Andalucía 2026 elaborado por Redlines para THE OBJECTIVE, la formación se encamina hacia su peor resultado histórico. Ni siquiera el relevo en la candidatura ha surtido efecto: el aterrizaje de María Jesús Montero como cabeza de cartel no ha logrado frenar la sangría que ya padeciera su antecesor, lastrada por la ‘nacionalización’ de la campaña y el innegable desgaste de la marca socialista.
Los datos fríos que arroja la demoscopia son demoledores para la sede de la calle San Vicente. El Votómetro, tras procesar 18 encuestas y aplicar su habitual calibración reforzada, otorga a los socialistas una estimación de voto medio del 22,3%, lo que se traduce en una horquilla de entre 25 y 28 escaños. Si Juan Espadas ya firmó en 2022 el que hasta ahora era el suelo electoral del partido con 30 diputados y un 24,1% de los sufragios, la proyección para las inminentes elecciones en Andalucía del 17 de mayo de 2026 sitúa a Montero muy por debajo de esa barrera psicológica. El modelo predictivo es contundente: en ninguna de las 10.000 simulaciones de Monte Carlo realizadas el PSOE logra superar la cifra de 28 parlamentarios, situando la mediana en 27.
Del oasis de Chaves al desierto actual
Para entender la magnitud del desastre que proyecta este Votómetro, es estrictamente necesario mirar por el retrovisor de la historia autonómica andaluza. El PSOE-A no es un partido cualquiera; es la organización que vertebró la Andalucía que conocemos y que, durante décadas, gobernó sin que nadie tosiera a su alrededor. En las primeras autonómicas, celebradas en 1982, y con Rafael Escuredo al frente en su momento más brillante, el PSOE andaluz vivió su gran apogeo: 66 escaños y una mayoría absoluta aplastante que dejó a Alianza Popular en una situación de irrelevancia máxima.
Esa hegemonía se mantuvo con puño de hierro durante los gobiernos de José Rodríguez de la Borbolla (60 escaños en 1986 y 62 en 1990) y, sobre todo, a lo largo del larguísimo mandato de Manuel Chaves. A pesar de algún tropiezo serio, como la famosa legislatura de ‘la pinza’ en 1994 —donde bajaron a 45 escaños rodeados de escándalos—, Chaves siempre conseguía remontar. En 2004 volvió a los 61 diputados. Eran los años del famoso ‘oasis andaluz’, cuando la Junta y el PSOE eran prácticamente la misma cosa: una máquina de poder territorial que además le aseguraba a Ferraz victorias en las elecciones generales.
El declive socialista: la crisis económica y el caso ERE
El declive empezó a cocerse poco a poco con la crisis económica y, sobre todo, con el estallido del caso ERE. José Antonio Griñán ya no pudo ganar en votos en 2012: se quedó en 47 escaños frente a Javier Arenas, aunque logró seguir gobernando gracias al apoyo de Izquierda Unida. Después, aunque Susana Díaz aguantó el tipo en 2015 manteniendo los 47 escaños, el desgaste sociológico ya era evidente. El punto de inflexión definitivo, el verdadero trauma socialista, llegó en 2018: Díaz ganó, pero sus 33 escaños fueron insuficientes para frenar el pacto del cambio entre el PP y Ciudadanos. Por primera vez en 36 años, San Telmo cambiaba de inquilino. El posterior intento de resurrección con Juan Espadas en 2022 se saldó con un nuevo varapalo (30 escaños). Hoy, la operación de rescate encomendada a María Jesús Montero amenaza con perforar ese suelo.
El ‘efecto Montero’ y el castigo a la política nacional
Con la elección de María Jesús Montero como candidata, Pedro Sánchez buscaba, precisamente, un revulsivo. Se trataba de traer a una figura de primerísimo nivel gubernamental, vicepresidenta y exconsejera andaluza. Sin embargo, el análisis cualitativo que se desprende de este Votómetro de abril y de lo que se viene observando desde la llegada al poder del partido a nivel regional pone el foco en que el remedio ha terminado siendo peor que la enfermedad.
Montero es percibida por buena parte del electorado como el rostro de las políticas de Sánchez. Su identificación total con las directrices de Ferraz, las cesiones parlamentarias y el debate sobre la financiación autonómica y la igualdad territorial actúan como un enorme repelente para los sectores moderados andaluces. El histórico votante socialista de centro, aquel que blindaba las mayorías de Chaves, hoy penaliza la subordinación de la agenda andaluza a la supervivencia en la Moncloa. El Votómetro detecta que la fuga de votos hacia el PP de Juanma Moreno no solo no se ha frenado con Montero, sino que se ha consolidado.
El desmoronamiento de los bastiones provinciales
La radiografía provincial que ofrece el algoritmo de Redlines es el reflejo de un hundimiento estructural. La pérdida de apoyo no es un accidente estadístico, sino una desconexión territorial. El modelo proyecta que el PSOE-A cedería un escaño vital en Sevilla, la joya de la corona y cuna del felipismo. En la provincia que otrora fuera el motor incombustible del socialismo, el PP aventaja ya a los de Montero con claridad (8 escaños frente a 5).
El diagnóstico se repite en Jaén, una circunscripción de marcado carácter agrícola donde el socialismo siempre fue la fuerza dominante e indiscutible, y que ahora se inclina hacia los populares costando un nuevo escaño a las filas socialistas. En provincias como Cádiz o Granada, el partido logra amarrar sus actuales posiciones, pero lo hace con porcentajes de voto que en los años 90 o 2000 habrían desatado dimisiones inmediatas. La centralidad se ha evaporado.
A todo ello se suma la imposibilidad aritmética de articular cualquier alternativa a la derecha. La suma de las izquierdas (PSOE, Por Andalucía y Adelante Andalucía) se topa con un muro infranqueable: 35 escaños en la proyección central. Es decir, a veinte diputados de la mayoría absoluta. A 27 días de las urnas, la campaña que se le presenta a María Jesús Montero tiene tintes de vía crucis: evitar a contrarreloj que el socialismo andaluz certifique su caída hacia la irrelevancia en el feudo que una vez gobernó sin oposición.
