posverdad

Los malos en la tele

Los malos en la tele

Una de las grandes preguntas a las que se enfrenta el periodismo en la era de la posverdad es qué hacer con los malos: al informar sobre ellos se corre el riesgo de hacerles de altavoz. Por otro lado, interesan. El periodismo se hace la pregunta y trata de dar una respuesta a la vez que sucede y se enfrenta a eso (las reflexiones en torno a cómo tratar a los malos en los medios han ocupado casi lo mismo que los ejemplos mismos). Para un observador atento, el espectáculo es fascinante.

La posverdad es pecado

La posverdad es pecado

Un banco de alimentos es un observatorio de la pobreza. El reparto de comida entre los más necesitados no tendría sentido sin un protocolo que cuantificara la demanda por municipios, distritos, barrios; que constatara, por ejemplo, la existencia de un súbito pico de menesterosos en un área determinada y, en razón de ello, y en cooperación con los servicios sociales de la localidad, evaluara a qué obedece, de qué modo paliarlo o si va acompañado de otras carencias. Se trata de que la beneficencia no sea únicamente un parche más o menos redentor, sino también una oficina de monitorización de la miseria o, por emplear un tecnicismo al uso, del riesgo de exclusión social. Para los (des)amparados, obviamente, esa cuota de burocracia suele ser desagradable. Nombre, estado civil, número de hijos, profesión…  Nadie responde de buena gana a la taxonomía  de su propia desventura.

Post-turismo, pre-estupidez

Post-turismo, pre-estupidez

Estos días de verano, ya en plena canícula, se está elevando el post-turismo a los altares de las tendencias. Según cuentan, consiste en hacer viajes sin el estrés de cumplir un programa implacable para completar todo-lo-que-hay-que-ver, y por supuesto fotografiarlo, sino viajar para disfrutar de la experiencia, ya sea sentarse en una terraza a probar un vino de la tierra o asistir a un espectáculo. Bien, sí, ¿pero esto es nuevo? Está bien que vaya cundiendo el gusto de viajar no por consumismo sino por placer, pero es algo tan viejo como el mundo. Ya lo predicaba Ibn Battuta. Suele suceder que descubrir nuevas tendencias sólo sea una coartada para inventar nuevas etiquetas.

Macron, la basura y nosotros

Macron, la basura y nosotros

Los rumores tienen la piel dura. Por no entrar en los que siguen vivos, baste recordar un par de ellos de hace casi medio siglo: uno, que la guapa actriz Sonia Bruno, recién casada con uno de los astros del Real madrid ye-yé, Pirri, había dado a luz un bebé… negro; otro, que Sol Quijano, la esposa del ministro de Asuntos Exteriores de aquella remota época, Fernando Castiella, se había fugado con el chófer de su coche oficial. Ambas historias eran palmariamente falsas y fáciles de desmentir, pero en los -bien llamados. mentideros madrileños circularon durante meses.

Por qué la posverdad no es lo mismo que las mentiras de toda la vida

Por qué la posverdad no es lo mismo que las mentiras de toda la vida

Alguna vez lo he mencionado ya, con tono medio (pero solo medio) jocoso; que, dado que los economistas fueron incapaces de predecir la última gran crisis económica, y los politólogos no vieron venir casi ninguno de los convulsos resultados electorales que nos legó 2016, es el momento en que se nos dé una oportunidad a otros profesionales, a menudo postergados: los filósofos. De hecho, alguien que hubiera seguido con atención los últimos treinta años de filosofía no se habría sorprendido demasiado por el éxito que ha cobrado últimamente el término “posverdad”, declarado “Palabra del año” por los diccionarios Oxford en 2016.

Los estereotipos del Papa Francisco

Los estereotipos del Papa Francisco

En la entrevista publicada el pasado domingo 22 de enero, el Papa Francisco dijo: “Y, evidentemente, hoy día Latinoamérica está sufriendo un fuerte embate del liberalismo económico, de ese que yo condeno en Evangelii gaudium cuando digo que esta economía mata. Mata de hambre, mata de falta de cultura.” Nada menos evidente y más lejos de la verdad.

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