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'El antimonio', nuestra mayor tragedia a través de la conciencia de Italia

Traducido y editado por Altamarea en el centenario del autor, ‘El antimonio’ muestra la visión de Sciascia sobre los totalitarismos a través de un minero alistado como voluntario en las tropas fascistas que luchan del lado de Franco

'El antimonio', nuestra mayor tragedia a través de la conciencia de Italia

Wikipedia

El día que Leonardo Sciascia se enteró de que los fascistas habían prohibido a Gary Cooper, su fe en la dictadura de Mussolini empezó a resquebrajarse. Tenía 15 años. La prensa oficial exaltaba las gestas heroicas de los soldados que el Duce había enviado a España para ayudar a Franco, pero el joven Leonardo prestaba atención a los penosos relatos de los paisanos que regresaban de la guerra. Algo no cuadraba. 

«Cuando pensaba en los campesinos y artesanos de mi pueblo que iban a morir por el fascismo, me sentía lleno de odio», escribió después. Tres de ellos cayeron en combate y sus funerales, en su Racalmuto natal, con todo el boato del fascio, le impresionaron hondamente. Buscando la verdad, leitmotiv que guiaría toda su obra, Sciascia reconstruyó la realidad que el fascismo le negaba sobre la base de las experiencias de sus vecinos, creando una memorable obra que al leerse parece autobiográfica. Podría ser la historia de cualquiera de esos pobres hombres.

El antimonio, editado por primera vez en español por Altamarea este mes de septiembre, aprovechando el centenario del nacimiento de su autor, es la historia de un minero siciliano que, empujado por el hambre y el miedo al antimonio, lo que los mineros españoles llaman gas grisú, se alista como voluntario fascista para luchar en España.

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Imagen vía Editorial Altamarea.

Esa decisión, producto de la desesperación, convertirá su periplo por las trincheras de un país extranjero en un viaje iniciático. El sueldo de soldado, y la futura pensión, le redimirá de la mina y de la miseria, pero a cambio experimentará durante el conflicto enormes angustias y contradicciones: toma conciencia de estar luchando por una causa equivocada, combatiendo contra hombres de su misma condición social, campesinos miserables que, como él, ansían salir de la pobreza y de la opresión de los oligarcas. En la mirada inocente, aunque desencantada, del joven minero, Sicilia y España se entremezclan, en un sin fin de semejanzas y paralelismos que hacen resaltar las paradojas y las infamias de la Guerra Civil.

La visión de la guerra  de Sciascia está lejos de la épica de Hemingway, y de todos aquellos que tomaron partido en aquellos momentos, como indica en el prólogo de Manuel Rivero Rodríguez, hasta el punto de narrar un episodio contado por Malraux, en La esperanza, de forma totalmente desapasionada. Sin ocultar sus simpatías por la República, expresa de forma realista el horror de unos personajes aprovechados y asesinos que imponen su voluntad sobre la gente corriente.

Sciascia no tiene fe en la revolución, pero sí en la reforma, en la Ilustración, la razón y el pensamiento crítico como respuestas a la codicia, avaricia y amoralidad del poder. Una postura moral que, en lo referente a nuestra guerra, nos recuerda al compromiso cívico de Chaves Nogales.

La vida de Sciascia fue la de un militante contra las injusticias del poder. En sus obras, como recuerda Juan Cruz, actuó como un notario radical, destacando su papel durante los años de plomo como relator de los horrores de la mafia y su obra sobre el asesinato de Aldo Moro, donde salieron a la luz gran parte de los asuntos más turbios de la política italiana del momento. 

Demolió los tópicos de la derecha y de la izquierda, amó a España, a la que conoció a través de Cervantes, y leyó a Ortega y Gasset, del que tomó muchas ideas. Cuando murió, en 1989, su independencia y su prestigio intelectual  le habían convertido en una especie de Bertrand Russell italiano. La publicación de El antimonio, un testimonio literario sobre nuestra guerra desconocido para el gran público, es una gran oportunidad para aprender de ese compromiso cívico, imprescindible en estos tiempos de trincheras ideológicas.

«¿Sabéis qué fue la Guerra Civil? Si no lo sabéis no entenderéis nunca lo que sucede ahora, porque todos los errores y las esperanzas del mundo se concentraron en aquella guerra como una lente concentra los rayos del sol y quema; así todos los errores del mundo y todas las esperanzas incendiaron España, y aquel fuego hace hoy crepitar el mundo» —Leonardo Sciascia, El antimonio.

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