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Gibraltar: tres siglos de disputa por 6,800 kilómetros cuadrados

Hablar de las relaciones hispano-británicas es, a la fuerza, mencionar el Peñón de Gibraltar. Los españoles ya han dejado atrás aquel grito «¡Gibraltar español! tan recurrente en las manifestaciones de los años 80. Los ingleses, por su parte, no pierden ocasión para mostrar su poderío sobre Gibraltar con sus patrulleras o con visitas oficiales desde los Windsor para abajo. En medio están los llanitos y el futuro de los ciudadanos de este minúsculo trozo de tierra de sólo 6,800 kilómetros cuadrados cuya soberanía se disputan España y Reino Unido desde hace tres siglos.

Gibraltar: tres siglos de disputa por 6,800 kilómetros cuadrados

Reuters

Hablar de las relaciones hispano-británicas es, a la fuerza, mencionar el Peñón de Gibraltar. Los españoles ya han dejado atrás aquel grito de «¡Gibraltar español! tan recurrente cuando había manifestaciones reclamando la roca. Los ingleses, por su parte, nunca han perdido la ocasión para mostrar su poderío sobre Gibraltar con sus patrulleras o con visitas oficiales desde los Windsor para abajo. En medio están los llanitos y el futuro de los ciudadanos de este minúsculo trozo de tierra de sólo 6,800 kilómetros cuadrados cuya soberanía se disputan España y Reino Unido desde hace tres siglos.

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La valla separa Gibraltar del España, un contencioso hispano-británico que dura ya tres siglos. | Foto: Jon Nazca | Reuters

El contencioso, que de tempo en tiempo sale a la luz, ha resurgido ahora con fuerza con motivo del acuerdo alcanzado por Reino Unido y la Unión Europea sobre las relaciones entre ambos tras el Brexit. España quería que se especificara que cualquier acuerdo futuro entre ambas partes no se aplique al peñón sin su consentimiento. Algo que a los negociadores parece que se les «pasó» al redactar el ya famoso artículo 184 del acuerdo.

Al final, como ya es sabido, el Gobierno de Pedro Sánchez amenazó con bloquear el acuerdo y se incluyó un anexo con las peticiones de España. Un «hecho histórico» que sienta las bases para resolver 300 años de desacuerdo, según el presidente español.

Para Theresa May, cada vez más cuestionada en su país, el anexo no significa nada porque «Gibraltar ha sido, es y será siempre británico«.

Y para el ministro principal de la roca, Fabian Picardo, se trata de «papel mojado» porque «el Brexit no tendrá ningún efecto sobre la soberanía británica de Gibraltar y las aguas que lo rodean». «Nos quedaremos con Gran Bretaña en el futuro», aseguraba tras las declaraciones triunfalistas de Sánchez.

Así las cosas, está claro que el conflicto sobre Gibraltar está lejos de resolverse.

Monos y un idioma propio

A los únicos a los que todo esto parece no afectarles es a los cerca de 200 monos que viven en libertad en Gibraltar. Campan a sus anchas, robando cuando pueden la comida de los turistas incautos, quizá porque saben que están protegidos por las autoridades gibraltareñas, pues se trata de una especie en peligro de extinción. Son los únicos primates de Europa que viven en estado salvaje y, sin duda, una de las atracciones de los visitantes de la roca.

No está claro cómo llegaron a establecerse en el peñón los también llamados monos de Berbería, pero una de las versiones más aceptadas es que fueron los ingleses, que les encantan los monos, quienes los llevaron cuando invadieron la roca allá por el 1700 en plena Guerra de Sucesión europea, o años después, una vez que el territorio fue reconocido como parte del Reino Unido.

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Los monos de Gibraltar están protegidos. | Foto: Daniel Ochoa de Olza | AP

Los monos, que dan un toque realmente exótico al peñón, son los dueños de la roca, la gran atracción para todo el que pisa este pequeño territorio situado entre el Mediterráneo y el Atlántico. Un estudio genético publicado en 2005 por la Universidad de Zurich, revelaba que estos simios de Gibraltar descendían de macacos de Marruecos y Argelia, pero parece que los actuales monos no tienen nada que ver con los que poblaron la roca entonces, ya que Winston Churchill, siendo primer ministro británico, ordenó en 1942 su repoblación ante el descenso alarmante de ejemplares.

Gibraltar es mucho más que unos monos protegidos que conviven con los 34.571 habitantes del Peñón, según datos oficiales de 2017, en un territorio de 6,800 kilómetros cuadrados y con una altura de 426 metros. Con una extensión tan pequeña – 5 kilómetros de largo por 1 de ancho – sorprenden los 52 kilómetros de galerías subterráneas, una auténtica ciudad bajo tierra utilizada por los británicos durante la Segunda Guerra Mundial. Un sistema de recintos, fortificaciones y pasadizos desde donde es posible ver la bahía, el istmo y España.

Unido a la península a través de la Línea de la Concepción, cada día, más de 13.000 españoles cruzan la frontera para acudir a trabajar a Gibraltar.

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Ciudadanos españoles cruzan cada día el aeropuerto dentro de Gibraltar para trabajar en el Peñón. | Foto: A.Carrasco Ragel | EFE

Los habitantes de la roca tienen nacionalidad británica, su idioma oficial es el inglés, que convive con el llanito – una especie de espanglish que mezcla palabras inglesas y españolas a partes iguales y crea vocablos de difícil comprensión para los foráneos -; hablan con acento andaluz y tienen nombres ingleses unidos a apellidos españoles. Los gibraltareños son conocidos también como llanitos.

El ministro principal es el jefe del Gobierno, elegido mediante elecciones legislativas en las que los ciudadanos votan a los 17 miembros que conforman el Parlamento. La reina Isabel II ejerce la Jefatura del Estado a través del Gobernador de Gibraltar. El autogobierno del peñón, reconocido en la Constitución de 2006, no incluye la gestión de la Defensa y los Asuntos Exteriores que recaen sobre Reino Unido. Una Constitución que deja claro que «el Gobierno de su Majestad nunca entrará en acuerdos bajo los cuales el pueblo de Gibraltar pasaría bajo la soberanía de otro estado en contra de sus deseos libremente y democráticamente expresados».

Otra peculiaridad de la roca es su aeropuerto, que cruza literalmente la única carretera que une Gibraltar con España. Cuando va a aterrizar un avión, un semáforo se encarga de avisarlo a los viandantes. Parte de la pista de aterrizaje está sobre una ampliar zona ganada al mar cuando se construyó el aeródromo durante la Segunda Guerra Mundial.

Gibraltar tiene mala fama porque algunos países, entre ellos España, consideran que es un paraíso fiscal, aún siendo miembro de la Unión Europea – todavía -. Una acusación que sus gobernantes niegan ya que no consideran que haya ningún tipo de opacidad.

Los ingresos de Gibraltar proceden, fundamentalmente, del turismo, los servicios financieros y sus beneficios fiscales, las actividades navales y las apuestas online, según la Cámara de Comercio del peñón. Sólo el negocio de las apuestas emplea al 10% de la población.

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El turismo es uno de los pilares de la economía de Gibraltar. | Foto: Jon Nazca | Reuters

¿Reducto colonial?

Mucho se habla del famoso Tratado de Utrecht firmado en 1713 con el que se ponía fin a la Guerra de Sucesión en Europa, y que, en resumidas cuentas, fue el origen del contencioso que 300 años después sigue coleando. La paz le costó a España, entre otras cosas, Gibraltar y Mallorca, que pasaron a formar parte del imperio británico.

En el caso de Gibraltar, esto fue así porque 1 de agosto de 1704, una flota al frente del almirante George Rooke llegó a las costas del peñón y tras una larga batalla y una fuerte oposición por parte de los habitantes liderados por Diego de Salinas, fiel al rey Felipe V, acabó tomando posesión de la roca. La invasión de los ingleses provocó la huida de la mayoría de los 5.000 gibraltareños y apenas quedaron 70 personas.

Cuando en 1713 se firma la paz, España cede el peñón – y así queda expresado en el famoso Tratado de Utrecht – al Reino Unido «a perpetuidad» con el único requisito de que si el territorio dejaba de ser británico, España tendría el derecho de recuperarlo. Algo que no ha pasado por el momento y que explica que los británicos sigan considerando suyo Gibraltar.

Con ser todo esto cierto, también lo es que Gibraltar es el único territorio bajo el dominio de una potencia colonial en toda Europa que forma parte de la lista de la ONU de «territorios dependientes» incompatibles con la resolución 1514 de 1960 sobre descolonización.

Hay otra resolución (2429) que a los gobiernos españoles les gusta citar para defender su posición de recuperar la roca, aprobada por la ONU en 1968 por la que se pide al Gobierno británico poner fin a la situación de Gibraltar antes del 1 de octubre de 1969. Van a cumplirse 50 años de esta resolución sin que nada haya cambiado.

España y el peñón

Antes que Pedro Sánchez, todos los presidentes españoles han defendido la necesidad de «recuperar» Gibraltar.

La relación entre este territorio y España estuvo marcada entre 1969 y 1982 por la ausencia de contacto directo, ya que durante ese tiempo la verja de Gibraltar, levantada en 1909 por el Gobierno británico, permaneció cerrada. Hasta 2006 estuvo prohibido también el tránsito aéreo y hasta 2007 las telecomunicaciones.

Si Franco fue quien ordenó cerrar la verja, Felipe González ordenó abrirla el 14 de diciembre de 1982, en un hecho que congregó a centenares de personas en la zona y que permitió a familiares y amigos de ambos lados saludarse de nuevo.

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La bandera española con el Peñón al fondo. | Foto: Jon Nazca | Reuters

Unos días antes, el líder socialista decía en la tribuna del Congreso de los Diputados, que «el Gobierno mantiene el propósito de reintegrar Gibraltar al territorio nacional mediante negociaciones con el Reino Unido que conduzcan a ese objetivo, de acuerdo con las resoluciones de las Naciones Unidas». El PSOE había hecho historia el 28 de octubre al ganar las elecciones generales por abrumadora mayoría.

Desde entonces hasta ahora han pasado por Moncloa otros presidentes, del PP y del PSOE. Todos han coincidido en reclamar la soberanía del Peñón con más o menos empeño, pero siempre con el mismo resultado adverso.

La posición española ha cedido de algún modo y en 2016 planteó ante la ONU una propuesta basada en la cosoberanía del peñón y que ya había sido puesta sobre la mesa de las negociaciones con el Gobierno de Londres en 2002. La nueva iniciativa de España se produjo aprovechando la celebración del referéndum en Reino Unido que dio la victoria a los defensores del Brexit en 2016.

El Gobierno de Mariano Rajoy planteó, entre otras cuestiones, un estatuto personal para los habitantes de Gibraltar y que pudieran mantener la doble nacionalidad; la continuidad de las instituciones de autogobierno; mantener el régimen fiscal propio del peñón en cumplimiento del ordenamiento comunitario; o desmantelar la verja.

¿Qué dicen los gibraltareños?

En 2016, quedó clara la posición de los habitantes de la roca con los resultados de referéndum del Brexit. El 95,91% votó en contra de la salida del Reino Unido de la Unión Europea, mientras que sólo el 4,09% votó a favor de abandonar el bloque. La participación fue del 83,53% de los 24.117 habitantes con derecho a voto. Muy significativo.

Tanto como lo que piensan los gibraltareños sobre el estatus de la roca y la disputada soberanía. En 2002, España y Reino Unido acercaron posiciones hasta el punto de plantear una posible cosoberanía del peñón. Esta posición fue después muy matizada por el Gobierno de Londres arrastrado quizá por los resultados del referéndum que se celebró en la colonia sobre esta cuestión.

Los resultados en 2002 no dejaron lugar a dudas. A la pregunta de si ¿aprueba el principio de que el Reino Unido y España deben compartir la soberanía sobre Gibraltar?, el 98,48% de los votantes dijo que no, frente al 1,03% que dijo que sí. La participación fue abrumadora con el 87,9% de los ciudadanos con derecho a voto.

Un referéndum que para el Gobierno de José María Aznar era «ilegal«, según palabras de la entonces ministra de Asuntos Exteriores, Ana Palacio.

El ministro principal, Peter Caruana, manifestó tras conocerse los resultados que «se ha enviado un mensaje claro al mundo»…»el voto es el resultado de la voluntad del pueblo de Gibraltar de que el concepto de ‘soberanía compartida’ es un callejón sin salida».

Exacto. Los gibraltareños quieren ser británicos y quedarse en la UE.

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La mayoría de los gibraltareños quiere que el peñón siga siendo parte de Reino Unido. | Foto: Marcos Moreno | AP

Ya lo habían manifestado en un referéndum anterior celebrado en septiembre de 1967, cuando Joshua Hassan era ministro principal, aunque entonces lo que se planteaba a los ciudadanos era si querían que Gibraltar continuara siendo británico o pasara a ser español. La España de Franco observó desde la distancia cómo 12.138 personas votaron a favor de mantenerse bajo el manto protector del Reino Unido, y sólo 44 ciudadanos votaron por un Gibraltar español. La participación superó el 90%.

300 años después, si algo ha cambiado es para seguir como al principio: España y Reino Unido mantienen posiciones irreconciliables sobre la soberanía de la roca. Quizá la pista de cómo y cuándo acabará este contencioso esté en ese famoso dicho gibraltareño según el cual «los británicos sólo dejarán Gibraltar cuando los monos se vayan».

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