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La muerte de Óscar Pérez narrada en directo a través de Instagram

Foto: Stringer | Reuters

“El lunes 15 de enero ocurrió algo en nuestro país que quedará inscrito en la memoria de todos. Una masacre pública con un desmesurado uso de armas letales. La brutal exterminación de un grupo de venezolanos que optaron por una vía de rebelión, discutible, sin duda, pero dictada por una genuina preocupación ante la bota horrida de la dictadura”. Así lo explicaba el escritor Leonardo Padrón en un texto en el que evidencia la incredulidad por parte de la mayoría de los venezolanos a la autenticidad de este grupo rebelde. Incredulidad que ha sembrado durante 20 años el chavismo y el Gobierno de Nicolás Maduro.

Mientras el cuerpo de Óscar Pérez  descansa bajo tierra en El Cementerio del Este de Caracas, su imagen se ha revitalizado y ha tomado forma en una especie de ídolo post-mortem. Abundan sus fotos en las redes, así como los textos en los grupos de discusión, que tras su asesinato, lo han llegado a comparar con personajes históricos como “El Cid, que muerto, se hizo más vivo que nunca”, como dice el artículo de opinión del columnista Alfredo Salgado, que se volvió viral. 

Los venezolanos siguieron los detalles de la muerte de Óscar Pérez a través de las redes sociales y los medios digitales por donde se informan, en un país marcado por la censura a la prensa. El preludio a su ejecución -transmitida por él mismo en vivo mediante Instagram– conmocionó al país.

Pérez era piloto e inspector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc), lo que correspondería en España a la Policía Científica. Fue por primera vez noticia cuando sobrevoló el 27 de junio de 2017 con un helicóptero robado el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) y, supuestamente, disparó granadas sonoras contra esa sede de Gobierno y otra del Ministerio del Interior mostrando una pancarta en la que se leía el número 350 en grande. Hacía referencia al artículo constitucional que llama a la desobediencia civil, en medio de las protestas contra Maduro -las manifestaciones masivas más constantes registradas en América– que el año pasado dejaron al menos 150 muertos, la mayoría jóvenes entre 17 y 30 años.

Óscar tenía 36 años de edad y estaba casado con Danahis Vivas​, con quien tuvo tres hijos: Sebastián, Santiago y Dereck, que residen con su abuela desde 2017 en México por razones de seguridad. Hace poco tiempo se dio a conocer que perteneció a la filosofía masónica. Uno de sus hermanos, Edgar Alexander Velásquez Pérez, fue asesinado en un asalto en Venezuela, una de las razones que impulsó al joven policía rebelarse en contra de las injusticias de su país. En sus primeros discursos difundidos por Youtube, insistía en que lucharía por sacar al país de la crisis, donde se registra la inflación más alta del mundo -que cerró el año pasado en un 2.000%-; la violencia ciudadana anualmente se cobra la vida de más de 27 mil personas; y la escasez de medicinas y el hambre mata a cientos de personas, muchos de ellos niños.

La muerte narrada en redes sociales

La escena del 15 de enero recordaría una película de acción como la que transmite la televisión en horario estelar. Como en cualquier filme, hay tomas de interiores y exteriores.  A través de un vídeo filtrado por los agentes policiales, se pudo ver cómo los funcionarios que participaron en el operativo dispararon un lanza cohetes contra el pequeño chalet -que parecía abandonado- en donde se encontraba Pérez junto a otros seis compañeros, protagonistas de su rebelión.

La muerte narrada en directo de Óscar Pérez a través de Instagram

El grupo se escondía en El Junquito -una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital-. El Gobierno llevaba siete meses buscándolos. Como en otros momentos de su fama mediática en las redes, Pérez usó su teléfono para documentar lo que ocurría. Narró -entre disparos- lo que sucedía e hizo un llamamiento a los venezolanos a “tomar las calles”. Se trataba, además, de la primera inminente ejecución política narrada en vídeo por la persona sitiada. La última transmisión la publicó a las 11:00am. El silencio después de esto dio a entender que los habían matado.

En los vídeos de las horas previas a su muerte, Óscar Pérez explicaba: “Aquí nos encontramos en la carretera nueva de El Junquito… Estamos negociando, no queremos hacer frente a funcionarios… Somos patriotas, nacionalistas, venimos con toda nuestra convicción. Para los que tuvieron dudas, aquí estamos peleando. Estamos agazapados pero ya estamos negociando. Venezuela vamos a seguir, en nombre de Dios, de Jesucristo”.

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El grupo se escondía en El Junquito, una zona popular y montañosa al Noroeste del Municipio Libertador en la capital. | Foto: Marco Bello / Reuters

Pérez insistía en que el grupo había bajado las armas e estaba intentando llegar a un acuerdo, pero las fuerzas del Estado continuaron con la arremetida. En otro de los vídeos se escuchó a uno de los agentes del Gobierno responderle a Pérez con tono amenazante: “Usted va ha hacer historia con este procedimiento ¿oyó?”.

En el epílogo de la ejecución, algunos abogados penalistas analizaron las circunstancias del operativo oficial y afirmaron que de terminar en muerte, se trataría de un crimen de guerra. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, se establece este delito, entre otras cosas, como “causar la muerte o lesiones a un combatiente que haya depuesto las armas o que, al no tener medios para defenderse, se haya rendido a discreción”.

Las ejecuciones extrajudiciales son una práctica constante y permanente de las fuerzas de seguridad del Estado para combatir a sospechosos delincuentes en operativos policiales, conocidos como OLP ( siglas de Operación de Liberación del Pueblo). La fiscal general de la República en el exilio, Luisa Ortega Díaz, denunció ante la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a Maduro por los crímenes de lesa humanidad cometidos por funcionarios del Gobierno en estas operaciones. En noviembre del año pasado, ya contaba más de 500 acciones de este tipo. Pérez logró que un procedimiento de estos quedará documentado y registrado. 

“Nos están disparando con RPG (granada propulsada por un cohete), granadas, lanza granadas, dijimos que nos queremos entregar pero no dejan que nos entreguen, nos quieren asesinar”; “No disparen, aquí hay civiles, hay mujeres y niños”, son algunas de las frases que se escucharon en vivo por parte de Pérez. Había civiles y niños, como lo advirtió. Lisbeth Andreina Ramírez Mantilla, de 30 años, resultó abatida. Estaba embarazada. Se encontraba con el grupo subversivo porque se había sumado a la causa de su novio que pertenecía al equipo del inspector rebelado.

“Alfredo, soy yo, Andreína… aquí nos agarraron con Jairo… Los amo, los amo mucho; dile a mami que me perdone y a mi papá que me perdone por todo. Los amo, perdónenme por favor”, dijo en un mensaje de 13 segundos que envió a su hermano por Whatsapp poco antes de morir, que también se volvió viral.

Licencia para matar 

La confirmación oficial de la muerte de Pérez y de sus compañeros por parte del Gobierno tardó más de 24 horas. Lo que sí se supo casi de inmediato fue que en el operativo habían caído dos funcionarios al servicio del Estado. El presidente Nicolás Maduro dió su Memoria y Cuenta -ante la Asamblea Nacional Constituyente– el mismo día de los acontecimientos.

El mandatario venezolano felicitó a los agentes de seguridad del Estado por cumplir la orden que había dado tan solo 17 días antes y desmantelar lo que calificó como un “grupo terrorista que había amenazado al país”.  El 17 de enero, había dicho que cuando encontraran a Pérez, “plomo con él”. También acotó que, durante el operativo, dos hombres pertenecientes a la Policía Nacional Bolivariana (PNB) murieron con “tiros en la cabeza”.

Para añadir a esta trágica realidad un nuevo elemento más propio de Hollywood, es que entre los policías del Gobierno había delincuentes de renombre. De hecho, uno de los muertos mencionados por Maduro pertenecía a una de las bandas paramilitares más peligrosas del país.

Se trataba de Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera, miembro del colectivo Tres Raíces de la parroquia 23 de enero de Caracas, que fue enterrado el martes 16 por un grupo de efectivos de Fuerzas Especiales (FAES) de la PNB, con armas largas, pasamontañas y uniformados de negro en el mismo cementerio donde está enterrado el cuerpo de Pérez.

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram 2

Entierro del colectivo Heyker Leobaldo Vásquez Ferrera. | Foto: redes sociales

Desde hace tiempo que los colectivos armados forman parte del escenario político. Son militantes del partido gobernante Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). En tiempos del presidente fallecido Hugo Chávez, fueron fundados como organizaciones comunitarias a favor del Gobierno. Según los expertos que estudian su conformación, son civiles con entrenamiento policial, armados por las autoridades para amedrentar a los opositores y evitar alzamientos populares. Controlan varios territorios del país y, en muchas ocasiones, se financian con actos delictivos como la extorsión, el secuestro, el contrabando en el mercado negro de alimentos regulados y el narcotráfico. El Gobierno permite sus actividades a cambio de lealtad y defensa.

“Heyker ha caído en combate, como caen los revolucionarios de todos los días, los revolucionarios de siempre, los que son capaces más allá del discurso de arriesgar la vida por las ideas, y en esta oportunidad por el legado del comandante Hugo Chávez (…) Así es la guerra, compatriotas. En la guerra o se triunfa o se muere”. Fueron las palabras del ministro de Agricultura Urbana, Freddy Bernal, el lunes 15 de enero en otro audio difundido por Whatsapp.

El caso del miembro del colectivo, quien tiene un expediente en la Fiscalía por cinco homicidios y una extorsión, fue confuso debido a que el hombre tenía dos identidades. Mientras los miembros del colectivo en el entierro despedían a “Heyker”, los agentes de seguridad hablaban de él como el supervisor jefe de la Policía Nacional Bolivariana, Adriun Domingo Ugarte Ferrera, como también era identificado el difunto paramilitar.

Además, en la lista de heridos y muertos del parte policial sobre la actuación de las Fuerzas de Acciones Especiales (FAES), que partició en el operativo de El Junquito -difundido la noche del 15 de enero-, se menciona a dos agentes muertos en el “enfrentamiento con grupo subversivo”: Domingo Ugarte (sin cédula de identidad) y Nelson Antonio Chirino Cruz. No aparece el nombre de Heyker Vásquez.

Una impactante foto filtrada por trabajadores de la morgue del cuerpo de Heyker muerto tiene valor noticioso. Muestra una herida que, según los expertos, es producto de un impacto a larga distancia por la espalda, muy probablemente por un francotirador, justo en el punto vulnerable dejado por el chaleco antibalas. Un impacto difícil de lograr desde la casa donde estaban los sitiados.

Pérez y el cine

Óscar Pérez, además de ser técnico aeronáutico y segundo a cargo de la División de Apoyo Aéreo de la policía científica, no limitó su vida a combatir la delincuencia o a intentar buscar la justicia. Llegó a incursionar en el cine. Protagonizó en 2015 el filme Muerte Suspendida, del cual también fue co-productor. En aquel año, explicaba al diario Panorama: “Soy piloto de helicóptero, buzo de combate y paracaidista libre. También soy padre, compañero y actor porque Oscar Rivas me lo propuso… Soy un hombre que sale a la calle sin saber si va a volver a la casa… porque la muerte forma parte de la evolución”. Pérez parecía ser consciente de su destino.

En aquél momento, decía que la cinta buscaba “demostrar la capacidad que tiene la institución a la hora de emprender una investigación que termine con la desarticulación de grupos criminales. Somos la institución policial del país con más detenidos y procedimientos, también queremos decirles que contamos con las herramientas y el conocimiento para evitar el delito. Los caminos de los delincuentes son muy marcados: la cárcel y morir en un enfrentamiento”. La película de bajo presupuesto contó con el apoyo del cuerpo policial Cicipc.

De hecho, su pasado como actor fue una de las cosas que sembró dudas sobre la autenticidad de su rebelión. Cuando Pérez hizo su primera aparición en contra del Gobierno y de la indolencia de los dirigentes, muchos justificaron su incredulidad en el interés que podía tener Pérez en ser un personaje famoso. También, en su momento, estos comentarios invadieron las redes sociales. Lo llamaron incluso farsante. Otros, consideraban que se trataba de una ‘bomba de humo’ para desviar la atención de las protestas opositoras o un doble agente para hacer quedar mal a la oposición por mostrarse armado. 

“Ni siquiera con el rostro salpicado de sangre por las esquirlas de una granada la gente le creía. Ni siquiera a minutos de ser asesinado grabando un mensaje de despedida para sus hijos. Se hacían chistes sobre su pelo decolorado. Se ironizaba sobre la satisfactoria señal de internet que tenía para colgar sus mensajes en las redes. Se hablaba de show, de circo, de trapo rojo y pote de humo. Ni siquiera muerto se le creía muerto. Se necesitaba ver el cadáver. Incluso ya con la siniestra estampa de su cuerpo derrumbado sobre su propia muerte y la de sus compañeros de faena, también se especulaba, se tejían hipótesis rocambolescas. Porque todo parecía rocambolesco. Pero ya, con su cadáver en la morgue, finalmente todos le creen a Oscar Pérez”, diría Leonardo Padrón en la misma reflexión citada al comienzo del artículo.

Un vía crucis para llegar a camposanto

Seis de los siete muertos en el operativo contra Óscar Pérez y su grupo fallecieron por disparos en la cabeza, según las actas de defunción publicadas por la prensa, filtradas desde la morgue. Las organizaciones de derechos humanos alertan de posibles “ejecuciones extrajudiciales”, aunque el Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes, llevaban toda la semana en las puertas de la morgue reclamando que les entregaran los cuerpos de los fallecidos. Por un momento, esta exigencia pareció una utopía -como la de Óscar de “librar al país de la dictadura”- cuando trascendió que los iban a incinerar sin consentimiento para ocultar posibles pruebas judiciales. Llevar los cuerpos al cementerio también fue un vía crucis. La Guardia Nacional bloqueó la entrada de los camposantos para los siete entierros.

Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo lugar donde un día después iría a parar Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos. Las fotos en las que se ve la  llegada de más ciudadanos son de horas más tarde cuando ya los restos estaban bajo tierra y sellados, según periodistas en el lugar.

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La Policía Nacional Bolivariana impide el acceso a la morgue de Bello Monte en Caracas. | Foto: Marco Bello /Reuters

La muerte anunciada de Óscar Pérez por Instagram

Civiles visitan la tumba de Óscar Pérez. | Foto: Marco Bello / Reuters

En el caso de Díaz Pimentel, la historia tiene además otra arista. Su mujer, Dayana Santana de Pimentel, se enteró de la muerte de su esposo desde la sede la prisión de la policía política (Helicoide) donde lleva recluida más de seis meses. El Estado la mantuvo como rehén -ya que no ha habido procedimiento judicial- para fozar la entrega de su marido y compañeros. Según algunos periodistas, las autoridades han sostenido que no la liberarían hasta que él apareciera “vivo o muerto”. Y muerto está. Dayana sigue presa.

Los cadáveres de las otras cuatro personas asesinadas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, fueron trasladados a sus estados de origen en un avión militar para ser allí sepultados . Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera embarazada había llegado a otro camposanto en el que fue enterrada de noche. 

“Dios con nosotros y Jesucristo me acompaña. Dereck, Santiago, Sebastián, los amo con todo mi corazón, hijos. Espero volverlos a ver”, dijo Óscar Pérez en uno de sus últimos mensajes antes de que dejara de transmitir su muerte en directo a través de Instagram.

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Tumba de Óscar Pérez en el Cementerio del Este. | Foto: Marco Bello / Reuters

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