El piloto Óscar Pérez, enterrado en contra de la voluntad familiar

Política y conflictos

El piloto Óscar Pérez, enterrado en contra de la voluntad familiar
Foto: Marco Bello| Reuters

El expolicía Óscar Pérez, muerto durante un operativo para su captura, ha sido enterrado en Caracas este domingo contra la voluntad de la familia, han informado la esposa del sublevado piloto y la ONG de derechos humanos Foro Penal. «Decidieron arbitrariamente realizar el entierro controlado sin permitir velarlo y mucho menos permitir trasladarlo con su familia», ha denunciado, citada por AFP, Dana Vivas, viuda de Pérez, abatido el pasado lunes.

Vivas reside en México junto con los tres hijos del exagente que se alzó contra el gobierno de Nicolás Maduro entre protestas opositoras que dejaron 125 muertos entre abril y julio del año pasado. «Lo quiero conmigo para enterrarlo donde yo quiera», había dicho en la víspera Aminta Pérez, su madre, quien también vive en ese país.

La entrada del Cementerio del Este, mayor camposanto de la capital venezolana, ha amanecido con fuerte custodia militar. Algunos familiares de Óscar Pérez -cuya madre, esposa e hijos están fuera del país- se quedaron fuera del cementerio sin poder asistir al entierro, al no permitirles las fuerzas del orden el acceso. Según Alfredo Romero, el director de Foro Penal, solo a dos familiares se les permitió el paso.

«Estuvieron su tía y su prima. El cementerio lo cerraron durante todo el proceso y lo abrieron después de que ya estaba cerrada la tumba», ha dicho a Efe la diputada opositora Delsa Solórzano, que ha recordado que el Gobierno ha repetido el mismo protocolo con los cuerpos de las otras seis personas abatidas del grupo de Pérez. La prima del piloto de la Policía científica Francis Pérez ha declarado poco después de la sepultura a medios locales: «Se burlaron de nosotros».

Las familias de Óscar Pérez y de los otros seis rebeldes llevaban toda la semana acudiendo a la morgue a reclamar que se les entreguen los cuerpos. Los restos de Abraham Agostini y José Díaz Pimentel fueron sepultados el sábado en el mismo cementerio del Este de Caracas en el que reposa Pérez, en un entierro que las familias no habían autorizado y con la única presencia permitida de sus parientes más próximos.

Lo mismo ocurrió con los cadáveres de las otras cuatro personas muertas -el periodista Daniel Soto, los militares hermanos Abraham y Jairo Lugo y la novia de este último, la enfermera Lisbeth Ramírez-, que fueron trasladados a sus estados de origen en avión militar para ser allí sepultado en un cementerio con fuerte presencia militar. Los parientes de Ramírez esperaron durante horas en un cementerio para descubrir finalmente que el cuerpo de la enfermera de 30 años había llegado a otro camposanto, en el que fue enterrada de noche.

Seis de los siete muertos fallecieron por disparos en la cabeza, según actas de defunción publicadas por la prensa, y organizaciones de derechos humanos alertan de posibles «ejecuciones extrajudiciales». El Gobierno sostiene que militares y policías respondieron a fuego enemigo.

Óscar Pérez fue acusado de «terrorismo» y declarado como «el criminal más buscado» de Venezuela tras atacar el 27 de junio del año pasado con granadas y armas de fuego edificios gubernamentales, sin dejar víctimas, desde un helicóptero. El 18 de diciembre su grupo amordazó a militares de la Guardia Nacional en un cuartel y robó fusiles y municiones.