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Medio Ambiente

El mayor depredador de la historia vive aquí

Son pequeños, pero pueden ser muy peligrosos. Los mosquitos son responsables de algunas de las enfermedades más virulentas y mortales que castigan el planeta. El dengue o la malaria son transmitidos por estos insectos que gozan de una enorme capacidad de adaptación al entorno. Una reducción drástica de la población de mosquitos hembra, podría salvar la vida hasta 500 millones de personas en el mundo.

Las campañas de fumigación, principal arma contra los mosquitos (Edgard Garrido/REUTERS)

Se calcula que existen alrededor de 3.200 especies diferentes en todo el mundo. El único rincón del globo que no habitan es la Antártida. Se han adaptado a cualquier clima y sobreviven en ecosistemas tan variados como tundra ártica, los pantanos -tanto de agua dulce como agua salada- o los bosques tropicales, su verdadero paraíso. Este minúsculo insecto es el transmisor de algunas de las patologías más graves que padece y ha padecido el hombre a lo largo de la Historia. Al mosquito se le atribuyen más muertes que a ningún otro animal del planeta. Ni siquiera los conflictos armados más sangrientos de la historia logran hacerle sombra.

Ellas son las culpables

Los mosquitos no pican por placer. En realidad, se trata de una necesidad. Resulta imprescindible para las hembras succionar sangre para poder completar lo que se conoce como ciclo gonotrófico. Es decir, cada vez que un mosquito perfora nuestra piel y nos “chupa la sangre” pone en marcha un ciclo vital para la especie: logra reunir el combustible necesario para una posterior puesta de huevos.

Un estudio reciente enfatiza en la necesidad de controlar la población de mosquitos hembra para intentar erradicar determinadas enfermedades que transmiten estos insectos. Es el caso de la malaria. Científicos del “Imperial College of London”, en Reino Unido, han modificado a mosquitos portadores de la malaria -Anopheles gambiae- para producir esperma que sólo conciba descendencia masculina. El estudio fue publicado en la revista ‘Nature Communications”. Si se reduce la proporción de hembras, podría controlarse el contagio. Se evitaría así el contagio de entre 350 a 500 millones de personas en el mundo.

Según UNICEF, la malaria mata a un millón de personas cada año, la mayoría niños africanos. El paludismo es la causa de la quinta parte de la mortalidad infantil.

Peligro bajo control

No todos los mosquitos son potencialmente mortales. No obstante, algunos son extremadamente peligros para la salud. Son capaces de desatar alertas sanitarias en regiones que, a priori, no están expuestas a este tipo de riesgos. Es el caso del mosquito tigre, que ya figura en la lista de especies invasoras del Ministerio de Medio Ambiente español.

El mosquito tigre llegó a España a través del mercado de productos del sureste asiático. Se detectó por primera vez en 2004 en Sant Cugat del Vallés (Barcelona) y un año después llegó a la Comunidad Valenciana. «Llegó hace 10 años y ha ido colonizando el litoral hacia el sur, llegando ya hasta Murcia. Y su llegada ha coincidido con la llegada de una enfermedad tropical que se transmite precisamente a través de esos mosquitos», explica el doctor Rafael Timermans a Investigations. «Desde que llegó el mosquito se lucha contra él, pero no se consigue nada. La lucha contra los mosquitos es prácticamente imposible», sentencia el doctor.

La fiebre chikungunya ha hecho saltar las alarmas en Barcelona. Se han detectado once casos en la región. Los infectados habrían importado el virus tras visitar varios países de América Latina, donde se han intensificado las campañas de fumigación contra estos insectos. El peligro reside en la presencia del citado mosquito tigre, uno de los vectores de transmisión, en decenas de municipios de Barcelona. «Ambos, virus chikungunya y mosquito Tigre, de momento solo conviven. Pero con el tiempo pueden coincidir y hacer que los dos sean nuevos habitantes de España», matiza el doctor Rafael Timermans a Investigatios. Si este insecto pica a una persona infectada, adquiere el virus y puede propagar la enfermedad en cada picadura. «Aunque no es mortal produce una enfermedad de síntomas intensos en humanos», aclara Rafael Timermans. Entre ellos: fiebre y fuertes dolores articulares y musculares, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y erupciones cutáneas.

Enemigo de la pobreza

Existe una especie de mosquito que podría considerarse la gran enemiga de la humanidad. Sus picaduras son responsables de la muerte de miles de personas alrededor del mundo. Se trata del Aedes aegypti –conocido como el mosquito de la fiebre amarilla y del dengue-. Según la Organización Mundial de la Salud, (OMS), cada año, unas 500 000 personas que padecen dengue grave —niños en una gran proporción— necesitan hospitalización. Aproximadamente un 2,5% fallecen.

El campo de cultivo del mosquito que transmite el dengue son las aguas pantanosas. La humedad es vital. Durante dos o tres días, los huevos deben estar expuestos a elevados niveles de humedad. El proceso embrionario se desarrolla en el agua. Luego el mosquito emerge y es capaz de resistir la desecación y las altas temperaturas. Por eso resulta tan complejo controlar su propagación.

Quienes la padecen, como explicaba recientemente una de sus víctimas, el periodista Fernando L. Quintela, sufren una fiebre alta y un dolor intenso de cabeza seguido de un fuerte cansancio. Se quedan sin apenas fuerza. Náuseas, vómitos y diarrea suelen aparecer apenas tres días después, cuando las fuerzas merman al contagiado. Es habitual que aparezcan las hemorragias, sobre todo, en encías y en el tubo digestivo; incluso sangrados en la orina. Si el paciente no es tratado correctamente, puede ser mortal.

La presencia de este peligroso insecto es habitual en zonas castigadas por el olvido y la pobreza, donde la falta de higiene y saneamiento hacen fecundar los focos de infección. Pueblos sin agua potable, sin canalización de agua, donde las calles son ciénagas porque no existen alcantarillas. Sus habitantes consumen agua contaminada y su higiene depende también de ella.

La propagación del Aedes aegypti dibuja un terrible mapa en el que siguen creciendo los contagios. En 2008, en las regiones de las Américas, Asia Sudoriental y Pacífico Occidental se registraron en conjunto más de 1,2 millones de casos, y en 2010, más de 2,3 millones, según datos de la OMS. En 2013, se notificaron 2,35 millones de casos tan solo en la Región de las Américas; 37.687 de ellos fueron de dengue grave.

Gran lucha contra los más pequeños

Se trata pues de combatir a un elemento diminuto, presente en nuestra vida cotidiana pero con algunos parientes realmente peligrosos. En la vida diaria, un simple repelente los aleja y pone distancia a dramáticas situaciones. Sin embargo, en otros rincones del planeta, una simple picadura genera alarmas sanitarias, pone en jaque miles de vidas. Es, sin duda, una depredador diminuto.

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