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Sociedad

Fundación Padre Llanos: el «cura obrero» que quería formar ciudadanos del mundo

La Fundación José María de Llanos, que continúa con la labor de su fundador, ha recibido la Medalla de Oro de la ciudad de Madrid. Hablamos con Juan de Dios, presidente de la fundación

José María de Llanos Pastor, más conocido como el Padre Llanos, fue un jesuita español que acabaría formando parte de los denominados «curas obreros» en España, unos 800 sacerdotes que desde los años 60 lucharon por el movimiento obrero y ciudadano, renunciando a su salario oficial para vivir y trabajar junto a los más necesitados. Sin embargo, esta conciencia social no acompañó al Padre Llanos desde un principio. Tras haber perdido a numerosos familiares en la Guerra Civil se involucró en el movimiento nacional-católico, intentó alistarse en la División Azul y en 1943 dirigió los ejercicios espirituales de Franco.

Todo cambia en 1955, cuando sufre una crisis existencial y decide afincarse en el El Pozo del Tío Raimundo (Puente de Vallecas), una zona marginal nacida a raíz de las olas migratorias del mundo rural a la ciudad. Ante la miseria generalizada que vivió en El Pozo, el Padre Llanos evolucionaría hacia posiciones izquierdistas, llegando a militar en el sindicato Comisiones Obreras y en el Partido Comunista de España.

Fue entonces, en los años 50, cuando Llanos crearía la Fundación Santa María del Pozo para materializar su compromiso con el barrio, antecedente de la fundación actual: la Fundación José María de Llanos. Esta se creó en los años 80 con el propósito de continuar la labor del Padre Llanos y ofrecer a los vecinos de Vallecas, El Pozo y Entrevías posibilidades de educación, inserción laboral y participación social.

Sin embargo, a día de hoy ha ido más allá, y la perspectiva de género, la digitalización o la cooperación internacional se encuentran entre sus prioridades. Su labor es tan crucial que le ha valido la Medalla de Oro de la ciudad de Madrid de este año, un reconocimiento que también han recibido figuras como Manuela Carmena o Andrés Trapiello. Nos adentramos en la inmensa labor de esta fundación de la mano de Juan de Dios Morán, su presidente.

Fundación Padre Llanos: el «cura obrero» que quería formar ciudadanos del mundo
Juan de Dios Morán | Imagen: cedida por el entrevistado

De todos los proyectos que tenéis, desde la formación profesional hasta la cooperación internacional, ¿cuál de todos es el que demanda más ayuda en el año 2021 y en medio de una pandemia?

Lo que más demanda atención es el Espacio Mujer Madrid, que lo llamamos «Emma» por sus siglas. Este centro de atención integral a mujeres se abrió en el año 2013 gracias al acuerdo que hubo en ese momento con el Ayuntamiento de Madrid y el ministerio de Igualdad, y es una referencia para otros centros de mujeres porque reúne tres programas: atención a violencia machista[contexto id=»381727″], alojamiento para mujeres en situación de vulnerabilidad con hijos e hijas menores de cinco años y el proyecto de formación y empleo. Este último es fundamental: que las mujeres puedan tener una oportunidad de formación e inserción laboral, que puedan coger el timón de su propia vida de manera autónoma. En estos momentos, la prioridad en mi cabeza es que este Espacio Mujer y este proyecto de formación y empleo tengan un sostén económico a largo plazo. 

Vuestro «Espacio Mujer» acoge mujeres en situación de vulnerabilidad y les ofrece formación para que mejore su empleabilidad. ¿Por qué es importante que este proyecto se lleve a cabo con una perspectiva de género?

La perspectiva de género está en todos los proyectos de la Fundación, desde el Centro 1º de Mayo de educación secundaria y formación profesional (con más de 500 alumnos y alumnas) hasta la escuela infantil (nosotros trabajamos para que la perspectiva de género se incorpore desde los 0 años) o la escuela de hostelería. La perspectiva de género nos ha dado riqueza en la mirada, nos ha hecho conscientes de la enorme dificultad a la que se enfrentan muchas mujeres, con o sin hijos, inmigrantes con o sin discapacidad… El componente de género es una cuestión que todo proyecto debería tener incluida, y no solo los de la fundación. Es que, por ejemplo, para dar formación a mujeres muchas veces hay que tener en cuenta el horario y la posibilidad de atender también a los menores; por ello es fundamental que se compartan los cuidados, las tareas del hogar o las responsabilidades. Si no partimos de esa base, muchas mujeres no podrían acceder a una formación o una búsqueda de empleo. 

Tenéis una escuela infantil, la Escuela Infantil Borja, y aseguráis que «el niño es educable desde la cuna». ¿Por qué es importante la educación por debajo de los tres años?

La formación es instrucción, pero también es educación, son valores y principios que se transmiten a los niños y niñas desde los 0 años. La Escuela Infantil Borja se crea en el año 68, y cuando la crea Llanos en El Pozo del Tío Raimundo no tenía un espíritu de ser guardería, sino de ser un espacio donde los niños y niñas pudieran ser educados y las madres tuvieran la posibilidad de trabajar, dando una libertad a estas mujeres en una época en la que todavía no se había incorporado la perspectiva de género. En la actualidad, en la escuela infantil estamos trabajando también con las familias, de manera que el niño o la niña vea desde los 0 años que en casa se comparten esos cuidados, que tanto papá como mamá asumen roles que no son específicamente de hombre o mujer. O, por ejemplo, dentro del Espacio Mujer tenemos una ludoteca, un espacio formativo para los hijos de esas mamás con las que estamos trabajando, y ahí hemos creado un huerto. Este huerto-jardín pretende ser sanador, es un lugar al aire libre donde los niños y niñas pueden estar con sus progenitores y compartir un espacio de paz, de encuentro, donde aprender a relacionarse de manera pacífica y donde aprenden también la importancia de los cuidados a través de las plantas. La palabra «cuidados» va a ser la palabra del futuro en la educación. 

El Padre Llanos era jesuita, en la posguerra se involucró en el movimiento nacional-católico y finalmente se identificó con una ideología comunista. ¿Qué valores transmite la fundación a los jóvenes a través de sus proyectos educativos?

Durante 60 años no hemos dejado de hacer aquello que José María de Llanos quería hacer en El Pozo: crear ciudadanos y ciudadanas del mundo. Era un barrio obrero, humilde y muy pobre, y este hombre da al barrio un sentido de pertenencia y de vida, cree que puede encontrar aquí esa construcción de la «ciudad de dios», donde las relaciones parten de la paz, el encuentro y la convivencia. Llanos no tenía ningún problema en escribir a la viuda de Kennedy cuando matan a su marido, y lo hace desde el convencimiento de que lo que pasa fuera, en el mundo, también nos incluye. En aquella escuela de los años 60 que funda Llanos se lee a Shakespeare, a León Felipe, a Antonio Machado… Esa idea de que la educación era el motor del desarrollo el Padre Llanos la tenía muy clara. 

Fundación Padre Llanos: el «cura obrero» que quería formar ciudadanos del mundo 1
El Padre Llanos | Imagen: cedida por el entrevistado

El proyecto de cooperación que lleváis a cabo en Senegal ha sido posible gracias a las aportaciones de las familias del barrio. ¿Cómo se conciencia a gente que ya tiene dificultades económicas y se encuentra en medio de una crisis como la del COVID-19 acerca de lo que ocurre en lugares como Senegal?

Ahora con la pandemia se ha paralizado, pero intentaremos retomarlo cuanto antes. El proyecto se llama «Cauri»: cauri son esas pequeñas conchitas de un molusco que se recoge en las playas de África, y esta conchita se utilizaba en el pasado como moneda. Gracias a uno de nuestros profesores conocimos la situación que se vivía en Kaolack (Senegal), un pueblo donde muchos chicos y chicas de la escuela querían estudiar para venirse a Europa. Entonces, a raíz de esa concha cauri, desarrollamos nuestro lema: pagarle al mar con su misma moneda, intentar devolver las vidas que el mar ha quitado, rescatar del mar a todas las personas que podamos. No podemos olvidar esto, África está a 16 kilómetros de nuestras costas y las familias que participaron en este proyecto tenían que saber que con muy poco esfuerzo por parte de los países ricos somos capaces de transformar una realidad de muchos chicos y chicas. Lo que tenemos nosotros, como a Llanos le gustaba decir, se lo debemos a otros que lucharon por ello, y eso hay que devolverlo. 

Mirando hacia el futuro, ¿en qué otras áreas os gustaría poder involucraros? ¿Hay algún ámbito donde las fundaciones no suelan trabajar y se necesite ayuda? 

Ahora mismo lo que más nos preocupa es mantener nuestros proyectos y garantizar su continuidad, que es algo que a mí me quita el sueño. Pero si hablamos del futuro, nos hemos dado cuenta de que durante la pandemia se ha hablado del mundo digital, pero muchos de nuestros alumnos no podían tener un ordenador o conexión a internet. Nosotros hemos tenido 25 alumnos que no tenían luz eléctrica, porque algunos de ellos son de la Cañada; que no tenían un equipo, que no tenían unas conexiones garantizadas… Hemos buscado los medios gracias a la ayuda de las instituciones que nos han apoyado, desde la Consejería de Educación hasta la Fundación Telefónica, United Way o la Fundación Caixa. Para llegar a esa era digital necesitamos medios y formación, tanto de los profesores como de los alumnos; y nosotros queremos levantar un proyecto que traiga formación en nuevas tecnologías a nuestros barrios. No podemos permitir que la brecha tecnológica se sume a la brecha de género y a la brecha de la pobreza, no podemos quedarnos atrás. 

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