Pérez-Reverte, sobre el pueblo de Madrid donde vive: «Muy pocos tienen la vida natural que bulle en este»
El escritor pasa su vida entre la capital y Sevilla, de la que es un enamorado; aunque no olvida sus raíces cartageneras

Pérez-Reverte, en una imagen de archivo. | EP
Arturo Pérez-Reverte es uno de los rostros más representativos de las letras. El escritor es uno de los artistas más prolíficos de nuestra época que, además, con sus opiniones ha generado detractores y auténticos fanáticos que valoran cada una de sus letras. Aunque eso sí, todos llevan a un mismo punto; su calidad literaria es única y en ella plasma infinidad de momentos de su día a día. Al igual que hace en sus redes sociales, donde explica cómo divide su vida entre su ciudad favorita, Sevilla, y Madrid, la capital que le acogió hace mucho tiempo.
A sus 74 años, Pérez-Reverte ha preferido optar por cierta paz y, sobre todo, un entorno rodeado de naturaleza. Lo hace en una ciudad a las afueras de la capital, en un pueblo de sierra de Madrid, donde ha encontrado su lugar en el mundo. Aunque suele ser muy celoso de su intimidad, en diversas entrevistas y artículos ha dejado claro que ese entorno es su «cuartel de invierno» para poder trabajar. Ha sido en varias ocasiones cuando ha confesado que vive en la sierra para «trabajar en paz» lejos del ruido urbano que le impediría mantener su disciplina de madrugar y dedicar la mañana entera a la escritura.
La ciudad de la sierra de Madrid donde vive Pérez-Reverte
Aunque vive a unos 30 kilómetros de Madrid, la capital es su esencia natural. En su artículo Los dos coches de la m, escribió: «Hay capitales europeas más limpias —cualquiera de ellas, me temo—, más elegantes, monumentales y cultas; pero muy pocas, o ninguna, tienen el hormigueo de vida natural que bulle en esta, el carácter peculiar que imprimen los miles de bares, terrazas y restaurantes, la animación de sus calles, el mestizaje magnífico de razas y acentos diversos».
También, en otras veces, ha sugerido una conexión profunda con el Madrid de los Austrias. Lo ha definido como un «Madrid peligroso y fascinante», criticando a menudo que en España no se cuide el patrimonio como en otros países: «En Francia, Alemania o Inglaterra sería distinto. Pero esto es la puta España». También, ha hablado sobre su casa y, especialmente, de su biblioteca, uno de los rincones con más encanto. Define su casa no como una vivienda de lujo, sino como un espacio funcional donde «manda el silencio elegido» y donde los libros son los verdaderos dueños del espacio.
Su lugar de invierno y para «trabajar en paz»
Aunque reside en Madrid por motivos profesionales y académicos —es miembro de la RAE—, nunca olvida su origen. Siempre se define como un «cartagenero de mar», y suele decir que, aunque la sierra le da la calma necesaria para escribir, su mirada sigue puesta en el Mediterráneo. Como cuentan en El Confidencial, el escritor reside en la zona de La Navata —conocida porque allí viven en otros rostros conocidos como los de Pablo Iglesias o Irene Montero—. La Navata se ubica a unos 30 kilómetros al noroeste de Madrid. Es una zona de la sierra de Guadarrama conocida por su tranquilidad, su vegetación y su aire puro.
Se trata de un chalé diseñado para el aislamiento y la concentración. Lo más destacado es su biblioteca personal, que ya supera los 32.000 volúmenes. Él mismo ha descrito este espacio como un lugar donde «mandan los libros» y donde guarda objetos de sus viajes, maquetas de barcos y recuerdos de guerra. Su vida se divide en dos grandes actos: el hombre de acción que vio el mundo arder y el académico que ahora lo narra. Antes de ser el autor de Alatriste, fue uno de los corresponsales más respetados y curtidos de España.
La Navata, un paraíso en Galapagar

Cubrió prácticamente todas las guerras del último cuarto del siglo XX: Chipre, el Líbano, Eritrea, las Malvinas, El Salvador, Nicaragua, Chad, Libia, Sudán, Mozambique, Angola, el Golfo Pérsico, Rumanía, Croacia y Bosnia. Su experiencia en la Guerra de Bosnia y el sitio de Sarajevo marcaron su salida de Televisión Española. De ese desencanto con el periodismo institucional nació su novela Territorio Comanche. Publicó su primera novela, El húsar, en 1986, pero el éxito masivo llegó con La tabla de Flandes (1990) y El club Dumas (1993). Se estima que ha vendido más de 27 millones de libros en todo el mundo y su obra ha sido traducida a 40 idiomas. Recientemente ha vuelto a lo más alto de las listas de ventas con Misión en París, el esperado regreso de su personaje más icónico, el capitán Alatriste.
Ingresó en la Real Academia Española en 2003, ocupando el sillón T. Su discurso de ingreso se tituló El habla de un bravo del siglo XVII. Está casado con Blanca, a quien conoció en su etapa universitaria, y tiene una hija, Carlota Pérez-Reverte, que es historiadora y arqueóloga marítima —y con quien colaboró para escribir la primera entrega de Alatriste—. Es un navegante experto. El mar es su gran vía de escape y el tema central de muchas de sus obras, como La carta esférica. En varias ocasiones ha confesado que «yo no escribo para ser feliz, escribo para que no me duela tanto lo que sé».

Galapagar es un lugar idílico. Se asienta sobre una penillanura granítica. Esto define todo: desde el color de sus casas hasta la vegetación que la rodea. Está a unos 880 metros sobre el nivel del mar, lo que garantiza veranos algo más frescos que en la capital y algún que otro episodio de nieve en invierno. Predominan los encinares y los enebros. Es un terreno rocoso, de monte bajo, muy apreciado por senderistas y ciclistas. Es la zona más boscosa y verde del municipio, donde el río Guadarrama cruza el terreno, creando un microclima más húmedo que el centro del pueblo.
Aunque hoy es conocido por sus urbanizaciones, Galapagar tiene huellas históricas profundas. Por aquí pasaba la vía que unía Segovia con Titulcia. Aún se conservan tramos visibles que son un imán para los amantes de la historia. Con su torre de piedra, la Iglesia de la Asunción es el corazón del casco antiguo y muestra esa arquitectura sobria y robusta de la sierra madrileña. Galapagar tiene una curiosa relación con el mundo de las artes y la política. Es famoso por ser el pueblo de José Tomás, uno de los mitos vivientes del toreo, quien también mantiene una vida muy discreta y retirada en la zona, de forma similar a Pérez-Reverte.
Es el destino ideal para quien busca anonimato y naturaleza sin desconectarse de la civilización. Es un pueblo de contrastes: tienes el casco antiguo, con sus bares de siempre y su plaza, y las urbanizaciones periféricas, donde la vida es mucho más privada y silenciosa.
