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Japón aprueba verter agua contaminada de Fukushima en el océano Pacífico

La razón por la que los nipones quieren deshacerse del agua radiactiva es, ante todo, económica: almacenar este líquido en tanques cuesta casi 800 millones de euros al año

Japón aprueba verter agua contaminada de Fukushima en el océano Pacífico

Técnicos japoneses revisan las instalaciones de almacenamiento de agua de la central. | EFE

El agua radiactiva de Fukushima está cada vez más cerca de acabar en el mar. La Comisión Regulatoria para la Energía Atómica de Japón ha aprobado este viernes un plan para verter en el océano Pacífico el agua procedente de la central nuclear de Fukushima Daiichi casi once años después del desastre provocado por un fuerte terremoto y un tsunami en la zona.

La razón por la que Japón quiere deshacerse del agua radiactiva es, ante todo, económica. Y es que, una década después de que estos se devastaran la costa noreste del país, inutilizando la planta de Fukushima y causando el peor desastre nuclear del mundo desde Chernobyl, se han acumulado casi 1,3 millones de toneladas de agua contaminada. Una cantidad suficiente para llenar unas 500 piscinas olímpicas que se almacena en enormes tanques a un coste anual de aproximadamente 100.000 millones de yenes (unos 770 millones de euros).

Las autoridades pertinentes han explicado que consideran seguro liberar el agua, si bien seguirá conteniendo pequeños restos de tritio -un isótopo natural del hidrógeno- a pesar de ser tratada. En este sentido, la Compañía Eléctrica Tokyo Power (Tepco) tendrá que ser sometida además a inspecciones adicionales por parte de los reguladores, según informaciones de la agencia de noticias Kiodo.

Los planes de la empresa incluyen filtrar el agua contaminada para retirar isótopos peligrosos. Posteriormente será diluida en agua salada y liberada. La iniciativa se ha topado con las críticas y la resistencia de sindicatos de pescadores en la región, que temen que esto provoque un impacto sobre sus estilos de vida. Países de la zona como China, Corea del Sur y Taiwán también han expresado su preocupación al respecto.

Impacto ambiental

Respecto al impacto del vertido en el medio ambiente, la evidencia científica no está clara. Aunque Japón asegura que su plan cumple con todos los estándares, el agua contiene actualmente cantidades significativas de isótopos dañinos a pesar de años de tratamiento, según apuntan los datos de la propia Tepco.

«Mi preocupación son los contaminantes radiactivos distintos del tritio que aún permanecen en los tanques en niveles altos», asegura a Reuters Ken Buesseler, científico de la Institución Oceanográfica Woods Hole en Massachusetts. «Estos otros contaminantes son todos de mayor riesgo para la salud que el tritio y se acumulan más fácilmente en los mariscos y los sedimentos del fondo marino», agregó Buesseler, quien ha estudiado las aguas alrededor de Fukushima.

Japón ha argumentado que la liberación del agua es necesaria para seguir adelante con el complejo desmantelamiento de la planta y asegura que un agua filtrada de manera similar se libera rutinariamente de las plantas nucleares de todo el mundo.

La comunidad internacional, exceptuando vecinos como Corea, China o Taiwán, parece haber aceptado esta estrategia. Estados Unidos ha llegado a señalar que el hecho de que Japón haya trabajado en estrecha colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica en el manejo del sitio supone una «garantía». «En esta situación única y desafiante, Japón ha sopesado las opciones y los efectos, ha sido transparente sobre su decisión y parece haber adoptado un enfoque de acuerdo con las normas de seguridad nuclear aceptadas a nivel mundial», apuntó el Departamento de Estado de Estados Unidos en un comunicado reciente.

Once años de Fukushima

La cadena de acontecimientos que se produjo el 11 de marzo de 2011 al mediodía a raíz de un intenso terremoto de magnitud 9 en la escala Richter dejó cerca de 18.000 muertos y puso en tela de juicio la seguridad de la energía nuclear.

A pesar de que el sistema de seguridad de la planta respondió adecuadamente tras el seísmo -al contrario de lo que sucedió en Chernóbil en 1986-, las olas de unos quince metros de altura golpearon la central y provocaron inundaciones que llevaron a tres fusiones nucleares y a la liberación de grandes cantidades de contaminación radiactiva.

Los científicos siguen hallando nuevas partículas que podrían revestir una alta peligrosidad para la población y que habrían sido liberadas por uno de los reactores de la planta de Daiichi, que colapsó ante el accidente.

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