La derecha argentina se divide por el retraso en la dolarización
Milei recibe críticas por la dureza de la política monetaria y las dificultades del Gobierno para dejar el peso atrás

El presidente de Argentina, Javier Milei, en una conferencia en California el pasado seis de mayo. | Reuters
La dolarización de Argentina fue una de las propuestas estrella con las que Javier Milei consiguió seducir a una mayoría de votantes y llegar así a la Casa Rosada. Dos años y medio después, la economía de la república latinoamericana ha experimentado cambios notables y la inflación se ha reducido, pero todavía no hay rastro de esta ansiada reforma monetaria. Esta situación y su lectura ha generado división en la derecha del país al recibir el presidente críticas más allá del peronismo, también por parte de figuras anteriormente vinculadas al macrismo o que incluso habían sido cercanas a la formación gobernante, La Libertad Avanza.
El propio Milei ha protagonizado un giro en su discurso con respecto a esta cuestión. En reiteradas ocasiones, ha insistido en que sustituir los pesos por dólares estaba a la vuelta de la esquina. Una de las ocasiones en que renovó este compromiso fue hace un año en Madrid, cuando se le entregó el Premio Escuela de Salamanca. Allí aseguró que culminar este proceso estaba a «un chasquido de dedos», ya que la nación contaba con «once veces la masa monetaria» en esta divisa. Este argumento es clave: mientras que los defensores del presidente suelen asegurar que, a pesar de carecer de reservas oficiales, los argentinos sí tienen abundantes ahorros en efectivo en la moneda estadounidense, los críticos a menudo ponen en duda que estas reservas particulares basten para llevar a cabo una transición de esta magnitud.
Para hacerse una idea de la dificultad de este cambio, Argentina quintuplica la dimensión de la economía ecuatoriana, que sí tiene el dólar como moneda oficial. Además, Buenos Aires no cuenta con abundantes reservas de divisa extranjera, como evidencian los graves problemas monetarios que vivió en el pasado reciente y que el peso fuese perdiendo valor a marchas forzadas en un proceso hiperinflacionario. Llegados al punto de la sustitución de la moneda, existe un debate sobre las ventajas y desventajas que este modelo implica: la dependencia de una divisa extranjera fuerte suele prevenir episodios de rápida subida de precios, pero elimina toda la capacidad para responder a crisis desde la política monetaria según las necesidades internas del país. Sin embargo, algunos economistas siempre han sostenido que esta discusión carecía de sentido al ser imposible una dolarización argentina en las condiciones actuales.
En aquel discurso, Milei también llegó a afirmar que cerrar el Banco Central estaba «a tiro de nada». Casi un año después, ni ha llegado la dolarización ni se ha clausurado la autoridad monetaria: el BCRA sigue siendo el órgano rector del sistema financiero, si bien la prensa argentina informa de despidos y cierres de oficinas regionales para recortar su tamaño. El presidente ha reconocido que el fin del peso no se ha materializado y lo ha justificado diciendo que «la gente no quiere» dolarizar y que no se puede «imponerle las cosas a la fuerza a la gente», aunque su Gobierno ha tomado las medidas necesarias para facilitarlo, por ejemplo, la Ley de Inocencia Fiscal. Para el mandatario sudamericano, que este plan no haya prosperado no es un obstáculo, ya que «la tasa de inflación va a bajar». Uno de los impulsores del cambio de moneda ha discrepado de esta idea. El economista norteamericano Steve Hanke ha señalado en varias ocasiones que no cree posible reducir la inflación a los niveles necesarios sin la dolarización de la economía. «Como dije desde el primer día, si Milei fracasaba en dolarizar Argentina, no iba a poder controlar la inflación. La inflación = el talón de Aquiles de Milei», advirtió en un tuit recientemente.
En otra conferencia en Madrid a la que asistió THE OBJECTIVE, el economista Ricardo López Murphy manifestó que algunas de las medidas que está adoptando el Ejecutivo sí están siendo efectivas para mitigar la escalada de precios, aunque la reducción de la inflación suele tardar en manifestarse unos seis o siete años en los países que han vivido procesos similares. Aun así, se mostró especialmente crítico con respecto al cambio de divisa. «Argentina tenía reservas negativas. Para dolarizar, tiene que tener dólares, usted no puede dolarizar sin dólares», recordó en una charla organizada por la Fundación Civismo y la Fundación Internacional para la Libertad. «La magnitud que había que tener era muy grande y no la teníamos; es discutible esa alternativa cuando no tiene reservas, ya ha usado la ventanilla del FMI hasta la saciedad… a lo mejor hubiera sido un cambio decisivo, pero nadie supo nunca de dónde iban a salir los dólares», reprochó.
Sin embargo, el exministro de Economía con Fernando de la Rúa, que posteriormente se acercó políticamente a Mauricio Macri, admitió que la dolarización fue un éxito político y comunicativo a pesar de su fracaso económico. «La gente tomó esa promesa como un cambio extraordinario», apuntó López. Asimismo, se fijó en que el nivel de monetización en Argentina no se está incrementando, y que normalmente cuando la inflación aumenta, también lo hace de una forma «extraordinaria» la velocidad de circulación. Por ello se esperaba una «mayor monetización», pero «no ocurrió por alguna razón». Su «sospecha» es que, en su intento de reducir la inflación, el presidente provocó que el tipo de cambio descendiera, lo que ha dejado en la actualidad un peso «relativamente apreciado». Si hubiera sido más depreciado, posiblemente se hubiese facilitado la creación de empleo, la transformación económica y la apertura en las inversiones, opinó el economista y político, que definió la política monetaria de Milei como «muy dura».
