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Ciencia

Seis emprendedores crean un guante para evaluar la recuperación después de un ictus

El dispositivo presentado en el primer ‘hackathon’ de Harvard celebrado en la UCM se alza con la primera posición

Seis emprendedores crean un guante para evaluar la recuperación después de un ictus

Mateo Pérez, Luis Molina, Álvaro Gil y Marco García, ganadores del 'Hackathon' de la Universidad de Harvard.

La Universidad Complutense de Madrid acogió los días 10 y 11 de abril la primera edición en España del hackathon del Laboratorio de Innovación de Sistemas de Salud (HSIL) de la Universidad de Harvard. Un encuentro internacional que reunió a 190 emprendedores en la biblioteca María Zambrano. Durante 36 horas ininterrumpidas, los participantes tenían que trabajar en el desarrollo de soluciones innovadoras para el sistema sanitario, apoyándose en la inteligencia artificial. La competición se celebró de forma simultánea en 36 países diferentes.

El proyecto ganador fue el desarrollado por un equipo con núcleo complutense, formado por Álvaro Gil Arjona, Luis Molina Salvador, Mateo Pérez Guzmán y Marco García López, estudiantes de tercer curso del doble grado de Administración y Dirección de Empresas e Ingeniería Informática, junto a la estudiante de Ingeniería Biomédica en la Binghamton University, Helene Weinberg, y el oncólogo graduado en la Universidad Autónoma de Madrid, Jose López-Martín. Su propuesta fue un guante equipado con sensores capaz de analizar la evolución de los pacientes que hayan sufrido un ictus. Los cuatro estudiantes de la Universidad Complutense de Madrid han contado durante una entrevista todo sobre su proyecto. Helene Weinberg y Jose López-Martín no han podido asistir.

Molina ha contado que la idea del proyecto les surgió de forma improvisada. Llevaban semanas trabajando en distintas propuestas relacionadas con el ámbito sanitario al enterarse de la convocatoria del hackathon. «Estuvimos viendo ideas y haciendo brainstorming con el médico del equipo, buscando problemas reales donde pudiéramos aportar algo», ha explicado. Una primera aproximación, basada en un juego aplicado a pacientes de ictus, ya les permitió ganar un hackathon previo, lo que les sirvió como validación inicial para seguir desarrollando el concepto.

«No se podía comer y nosotros soldando»

Sin embargo, el salto definitivo llegó cuando decidieron ir más allá de la idea teórica y construir un prototipo físico. «Vimos que tener algo tangible que los jueces pudieran ver, tocar y probar podía marcar la diferencia», ha señalado Gil. Así nació el guante, diseñado y ensamblado durante el propio evento, incluso con trabajos de soldadura en la propia biblioteca. «No se podía ni comer y nosotros ahí soldando», ha comentado entre risas Gil.

El dispositivo integra tres tipos de sensores: el primero mide la angulación de los dedos, el segundo registra el movimiento de la muñeca mediante un acelerómetro y un tercero que capta la actividad muscular a través de señales eléctricas. Los datos que estos sensores captan se trasladan a un sistema que, mediante inteligencia artificial, permite analizar la evolución del paciente y ofrecer al médico un seguimiento detallado de su recuperación.

«La idea es que el médico reciba un feedback continuo del progreso del paciente, siempre teniendo la última palabra él, y no la inteligencia artificial. Esto también marcó la diferencia entre nuestro proyecto y el de otros participantes, ya que algunos proponían que fuese directamente la IA quien analizase todos los datos y le diese la información al paciente, quitando al médico de la ecuación», ha contado García. El sistema se apoya en un pequeño juego que el usuario debe completar con movimientos de la mano, lo que facilita la recogida de datos de forma constante y mejora la adherencia al tratamiento. A partir de ahí, los algoritmos analizan parámetros como la precisión, el temblor o la coordinación.

Otro elemento que, a juicio del equipo, también les hizo diferenciarse del resto fue haber presentado un desarrollo completamente funcional. «Había muy buenas ideas, pero nosotros demostramos que lo que proponíamos se podía hacer, se podía llevar a cabo y que ya estaba funcionando», han destacado. Además, los cuatro jóvenes han subrayado la versatilidad de su proyecto frente al resto, ya que su idea «podría adaptarse a otras patologías más allá del ictus», han comentado.

Nexo entre ambas partes

El equipo se formó de manera progresiva. A los cuatro estudiantes de la Complutense de Madrid se sumó primero el oncólogo Jose López-Martín, al que consiguieron contactar gracias a la madre de Pérez. Y por último, se incorporó la estudiante de ingeniería biomédica en Estados Unidos, Helene Weinberg, que aportó el nexo entre el conocimiento médico y la parte técnica. «Buscábamos ese perfil intermedio que conectara ambas áreas y fue clave para el desarrollo del proyecto», han comentado.

El trabajo se desarrolló sin descanso durante las 36 horas del hackathon. «Estuvimos sin dormir, centrados en montar el prototipo y ajustar todos los detalles», ha recordado Gil. El coste del dispositivo fue «muy reducido». «Creo que pusimos unos 20 euros por persona», han comentado. También han querido destacar que esto refuerza su potencial como solución accesible frente a otros sistemas similares del mercado.

De la UCM a Estados Unidos

Tras este primer puesto, el equipo ha accedido a la siguiente fase del programa, que incluye dos meses de formación con la Escuela de Salud Pública de Harvard y el acceso a la aceleradora del Real Colegio Complutense en Harvard. El objetivo es presentar el proyecto el próximo mes de junio ante cientos de inversores a los que les guste el proyecto y decidan invertir o incluso adquirir la idea. «No es ninguna broma pensar que pueden comprar nuestra idea o invertir en ella; sabemos que en Estados Unidos estas cosas son muy normales, y no sería una locura pensar en que nuestra idea consiga llegar lejos», han comentado. En el peor de los casos, si su idea no tuviese éxito en el país norteamericano, creen que sería como «chocar contra un muro», y que buscarían otro proyecto que sí consiguiese ese desarrollo que buscan.

Al ser preguntados por quién cubre con los gastos del viaje a Estados Unidos, los jóvenes se ríen y opinan que «lo ideal sería que la Complutense cubriese los gastos, pero de todas formas estamos buscando financiación y posibles patrocinadores para que nos echen una mano», han comentado. Por otro lado, mientras el tiempo pasa y se acerca el momento de llevar el proyecto ante cientos de inversores, siguen trabajando en mejorar el prototipo para convertirlo en un producto viable. «Ahora el reto es afinar datos, hacerlos lo más fiables posible y orientar la idea hacia un uso clínico real», han explicado.

A medio plazo, el objetivo del equipo pasa por llevar esta tecnología a hospitales y contribuir a mejorar el seguimiento de pacientes. «Creemos que hay un problema real, como las listas de espera o la falta de seguimiento continuo, y que podemos aportar una solución, o al menos intentarlo», han señalado. Aunque han reconocido y señalado de forma recurrente que el futuro de este proyecto dependerá de la respuesta de los inversores y del desarrollo del proyecto en los próximos meses, confían en poder seguir avanzando en esta línea.

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