Ucrania ya ha ganado al menos una batalla sin usar ni un solo soldado, solo robots
Los conflictos armados están cambiando hacia la ausencia de soldados en el campo de batalla

Robot Phantom Mk 1 en pruebas .
Ucrania acaba de inventar la sopa de ajo bélica: la guerra sin soldados. Hay conflicto, contacto, explosiones, disparos, pero ha usado un ejército formado por fuerzas que no sangran, no duermen y cuyos compañeros no guardan una carta para su familia en la mochila. Kiev lo afirma con orgullo: están tomando posiciones rusas utilizando robots. Solo robots.
No hubo ni un solo soldado de carne y hueso, únicamente androides. Drones aéreos atacaron trincheras y robots terrestres avanzaron sobre los escombros hasta que los defensores salieron con las manos en alto. El presidente Volodímir Zelenski confirmó la operación el 13 de abril de 2026.
En la escena, que debió de parecer extraída del metraje de Terminator, soldados mecánicos tomaron la posición, los ocupantes se rindieron y no hubo bajas propias. No fue un ejercicio ni un vídeo de propaganda. Fue un asalto real contra una posición defendida por fuerzas rusas. Los robots se adueñaron del espacio en disputa sin que ningún ser humano del bando ucraniano pisara la zona de combate.
Los números explican la velocidad de esta transformación. En noviembre de 2025, los vehículos terrestres no tripulados ucranianos completaron 2.931 misiones. En enero de 2026 superaron las 7.000 y para marzo alcanzaron las 9.000 operaciones. El acumulado del primer trimestre deeste año roza las 24.500. Las unidades que operan estos sistemas han pasado de 67 a 167 en apenas cinco meses. El frente oriental del conflicto se ha convertido en el entorno más automatizado de toda la historia militar.
Solo en febrero, los drones ucranianos golpearon más de 105.000 objetivos rusos. Los drones FPV patrullan las llamadas zonas de aniquilación, franjas de entre 15 y 20 kilómetros de profundidad donde el fuego es constante. La supervivencia de un vehículo o un soldado se mide en cifras que ningún manual de infantería consideraría aceptables.

Pero los datos numéricos no son la noticia que ha sacudido los despachos de los ministerios de defensa observadores. Lo que ha cambiado es que estos sistemas atacan, ocupan terreno y fuerzan rendiciones. En julio de 2025, la 3.ª Brigada de Asalto capturó personal enemigo en Járkov usando tan solo un robot terrestre y drones FPV. En enero de 2026, un DevDroid TW-7.62 apresó a tres soldados rusos en la zona de Lyman.
En febrero, su primo mayor, el Droid TW-12.7, hizo algo que parece sacado de un guion de ciencia ficción: mantuvo posiciones de combate durante 45 días consecutivos sin relevo humano. Un robot de la compañía NC13 rotó en turnos de guardia y repelió asaltos enemigos. Demostró que determinados tramos del frente —posiblemente no todos— pueden defenderse sin poner una sola vida en riesgo. Quien piense que la cinta protagonizada por Arnold Schwarzenegger era algo enclaustrado en la imaginación debería asomarse al Donbás. Allí acumulan mucha ciencia y muy poca ficción.
La compañía NC13 opera drones terrestres de ataque que ejecutan misiones tras líneas enemigas, como destruir puestos de mando y emboscar rutas logísticas. Sus manipuladores remotos no necesitan más formación previa que saber manejar un mando de PlayStation 5. Lo difícil, explican estos operadores, no es conducir ni disparar, sino planificar la misión con cierto criterio táctico.
En uno de los episodios más elocuentes de esta guerra robotizada, un dron terrestre se desplazó por territorio hostil y detonó en las mismas puertas de una posición fortificada rusa. Cuando el segundo vehículo se aproximaba para incrementar el ataque, la cámara del dron de vigilancia captó algo insólito: los soldados rusos habían colocado un cartel que decía «queremos rendirnos». La infantería entró después a asegurar el refugio sin disparar un solo tiro. El robot había hecho el trabajo sucio.
Y algo más. En febrero ocurrió algo que nadie había visto antes en un campo de batalla. La empresa estadounidense Foundation entregó a Ucrania dos robots humanoides Phantom Mark 1, las primeras máquinas con silueta humana diseñadas para uso militar que se despliegan en una zona de guerra activa. Miden 1,80 metros, pesan 80 kilos, caminan a 1,7 metros por segundo y cargan hasta 40 kilos de equipo.
No son teledirigidos al uso: su inteligencia artificial integrada les permite cierto grado de autonomía que los diferencia de cualquier robot rodante convencional con ruedas y una cámara encima. El cofundador de Foundation, Mike Leblanc, declaró a la revista Time que la experiencia en Ucrania reforzó su convicción sobre el papel decisivo de los humanoides militares. La empresa ya cuenta con contratos por 24 millones de dólares con las fuerzas armadas estadounidenses.
Cambio de paradigma
Leblanc planteó una cuestión que cualquier oficial de intendencia reconocería con una sonrisa dibujada en la cara: «¿Cuántas ametralladoras del calibre .50 tiene el ejército?, ¿cuántos lanzagranadas?, ¿cuántos Humvees?» El Phantom puede interactuar con todo ese inventario. El Cuerpo de Marines ya tiene previsto entrenar al robot para colocar explosivos en puertas y facilitar el asalto a edificios. Dicen que el primero en saltar el muro siempre sangra. Eso era hasta ahora.
De momento, los dos Phantom operan en tareas de reconocimiento y reabastecimiento donde los drones aéreos no pueden actuar: búnkeres, estructuras colapsadas, espacios interiores saturados de interferencias. El humanoide va donde las ruedas no llegan y donde las hélices no caben. Foundation ya trabaja en el Phantom Mark 2, previsto para este mismo mes de abril, con protección contra el agua, mayor autonomía de batería y capacidad de carga duplicada hasta 80 kilos.
Fuerzas diezmadas por la demografía
La lógica detrás de esta automatización es demográfica antes que tecnológica. Ucrania dispone de aproximadamente 1,6 millones de adultos en edad laboral, la mayoría mujeres, tras cuatro años de guerra y la salida de entre seis y siete millones de ciudadanos que prefirieron el exilio a darse de bruces con el conflicto. Rusia cuadruplica esa población. La asimetría no se compensa solo con valor.
Rusia tampoco se ha quedado mirando. Moscú ha desplegado sus propios androides sobre ruedas, pero con resultados dispares. El Uran-9, su apuesta pesada, fracasó en Siria por problemas de comunicación y movilidad. Las sanciones han restringido el acceso ruso a ópticas y sistemas de control de calidad, lo que empuja al Kremlin hacia plataformas improvisadas sobre chasis de vehículos civiles cuya eficacia en el frente sigue siendo discutible.
Complementarios, pero no sustituyen
Pero que nadie piense que los drones van a sustituir a la infantería. Son capaces de destruir columnas de suministro y mandar al cielo a los tanques de vehículos blindados, pero no barren una trinchera ni registran un edificio. El formato humanoide del Phantom intenta cerrar esa brecha.
Zelenski identificó los sistemas de la operación del 13 de abril: Ratel, TerMIT, Ardal, Rys, Zmiy, Protector y Volia. Más de 22.000 misiones en tres meses. Más de 22.000 veces en las que un robot entró en la zona más peligrosa en lugar de un soldado. El siguiente paso es que puedan conducir asaltos, capturar secciones del frente y tomar áreas urbanas. Si lo consiguen, la guerra habrá cruzado un umbral del que no se regresa.
