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Tecnología

China prueba un rifle electromagnético sin pólvora que lanza 3.000 proyectiles por minuto

La pólvora se inventó en China hace siglos en servicio y puede que allí canten su réquiem

China prueba un rifle electromagnético sin pólvora que lanza 3.000 proyectiles por minuto

Prototipo chino de fusil sin pólvora. | CCTV

No hay ruido. No hay fogonazo. No hay casquillo que ruede por el suelo ni olor a pólvora. Solo un proyectil impulsado por un trallazo electromagnético a través de un cañón de 30 centímetros. Lo que también hay, o en ello están, es un blanco al otro lado que no sabe qué puñetas le ha golpeado, derribado o incluso matado, aunque para esto último aún falta.

La idea no es nueva, pero su aplicación práctica sí que puede empezar a fluir si las pruebas del Ejército Popular de Liberación chino resultan exitosas. Una compañía de este país acaba de presentar un rifle basado en la tecnología de bobinas electromagnéticas, también conocida como cañón de Gauss. Acaba de dejar en el aire una pregunta: ¿para qué seguir con la pólvora?

Durante siglos, la pólvora ha servido como sistema de propulsión de los proyectiles. Gracias a la combustión de un compuesto químico, el lanzamiento de piedras, picas, espadas o lanzas pasó a mejor vida. En los años sesenta llegó un pequeño cambio, al menos de concepto. Heckler & Koch y Dynamit Nobel se embarcaron en el G11, un fusil sin vaina de latón que empleaba bloques de propelente sólido como cartucho completo. Sí que había pólvora, pero no una vaina, un cartucho que alojase el proyectil.

20 años de desarrollo y varias decenas de millones de marcos alemanes después, el proyecto murió con la reunificación germana en 1990. Aquella revolucionaria arma quedó archivada en la carpeta de las grandes ideas que llegaron demasiado pronto. El G11 jamás disparó un solo tiro en combate real.

El cañón de riel —que lanza proyectiles por impulso electromagnético puro— siguió un camino parecido. La Marina de los Estados Unidos canceló su programa en 2021 después de gastar más de quinientos millones de dólares: deslumbrante en laboratorio, inviable en el campo de batalla. Lo que el Pentágono abandonó, Japón lo recogió del suelo.

La Agencia de Adquisición, Tecnología y Logística del Ministerio de Defensa japonés lleva desarrollando su propio cañón de riel desde 2016 e invirtió más de trescientos millones de dólares en los últimos tres años. En octubre de 2023 realizó la primera prueba de disparo desde el navío experimental JS Asuka. En el verano de 2025 impactó por primera vez un objetivo real a larga distancia. El castañazo que recibió el barco que sirvió de blanco fue de aúpa.

El proyectil japonés de 40 milímetros sale del cañón a Mach 6,5, suficiente para atravesar el casco de un destructor sin carga explosiva, solo con energía cinética. Literalmente, una bala de fusil enorme y a una velocidad descomunal. La paradoja es que el arma que Tokio quiere usar para interceptar misiles hipersónicos chinos es, en su principio físico, la misma tecnología que el EPL lleva años miniaturizando. China también experimentó con cañones de riel navales. En 2018, se fotografió un buque de la clase Yuting con lo que parecía un cañón electromagnético en la proa.

Nunca hubo confirmación oficial del programa naval chino, pero existe un patrón visible. Pekín trabaja en ambos extremos al mismo tiempo: el de gran energía para navíos y el de sistemas portátiles para infantería y operaciones encubiertas. Por otro lado, mientras Japón y Estados Unidos intercambian información técnica sobre railguns, el instituto franco-alemán ISL desarrolla su propio prototipo capaz de alcanzar Mach 8,7.

El pasado 4 de abril, la empresa estatal China South Industries Group presentó las imágenes del arma portátil en la televisión de su país. La cadencia de fuego se sitúa entre los 1.000 y los 2.000 disparos por minuto, pero puede ir más allá. Una investigación publicada en el Journal of Gun Launch & Control eleva esa cifra hasta los 3.000 en el prototipo académico más avanzado. Es cuatro veces la cadencia del G-36 de pólvora tradicional que maneja el ejército español, y 30 veces la del fusil electromagnético GR-1 Anvil estadounidense.

El avance que explica la espectacular cifra es la eliminación de los condensadores. Los cañones de Gauss anteriores dependían de condensadores para liberar energía en pulsos. Esta tecnología albergaba un inconveniente: necesitaba tiempo para recargarse entre disparo y disparo, igual que las cargas de un flash fotográfico. La espera entre disparo y disparo limitaba la cadencia a cifras marginales. Los técnicos del EPL han sustituido ese sistema por baterías de litio que alimentan las bobinas, lo que elimina el cuello de botella que había condenado a esta tecnología durante décadas a ser poco más que una curiosidad de laboratorio.

El prototipo incorpora 20 bobinas de cobre situadas en la culata y controladas por semiconductores que gestionan los pulsos magnéticos con precisión de nanosegundos. Algoritmos de temporización optimizan la aceleración de cada proyectil y minimizan el arrastre inverso de los campos una vez que el proyectil ha salido de la bobina. Fusibles específicos y disipación térmica integrada gestionan picos de corriente de hasta 750 amperios.

Un puño pequeño

Pero hay alguna pega. La velocidad de salida del proyectil no es como para tirar cohetes: 86 metros por segundo frente a los 850 del G-36 de un legionario. Si el disparo de un fusil de pólvora hiere, derriba o mata, el nuevo invento arrea una fuerte colleja, pero no mucho más. Mientras exista esta limitación, el arma se utilizará en operaciones encubiertas y control de disturbios. La baja firma acústica, la ausencia de fogonazo y la ausencia de casquillos tienen más valor operativo que la velocidad terminal. El equipo de desarrollo deja claro que la plataforma es escalable hacia finalidades letales conforme mejore la densidad energética de las baterías.

La versión mostrada incorpora pantalla digital con estado de batería, recuento de munición y modo de disparo, puntero láser y cargador extraíble montado detrás del agarre central. Esta arquitectura permite que las bobinas se extiendan a lo largo de casi toda la estructura, lo que maximiza la distancia de aceleración; a cañón más largo, mayor impulso.

De momento, el electrofusil es capaz de perforar tablas de madera que no sean demasiado gruesas a decenas de metros. No genera humo, no expulsa casquillos y su firma acústica es sensiblemente inferior a la de cualquier arma convencional de un calibre equivalente.

Proyecto a largo plazo

Este modelo tampoco es el primer antecedente chino en materia de bobinas, lo que quiere decir que el tema les interesa y no se detienen por cuatro problemas. Norinco presentó en 2023 el CS/LW21, un cañón de nueve etapas para control de disturbios que dispara proyectiles en forma de moneda. El nuevo prototipo lo supera en todas las métricas: más bobinas, mayor cadencia, diseño sin condensadores y capacidad de escalar hacia usos letales. Han pasado de un prototipo de control de masas a un arma militarizable en menos de tres años. Ese ritmo de desarrollo es lo que ha captado la atención de los analistas occidentales.

A sus limitaciones actuales hay que añadir alguna pega más. La precisión del prototipo sigue siendo un punto débil ya observado en iteraciones previas, y la recarga completa de la batería ronda la hora, lo que descarta el uso sostenido en combate convencional. Pero la tecnología de baterías de litio avanza impulsada por la industria del automóvil eléctrico, y cada ganancia en densidad energética se traduce en mayor velocidad de proyectil y menor tiempo de recarga. China no necesita resolver todos los problemas hoy mismo y se concede amplios márgenes cuando apuesta por algo en lo que cree.

El sueño de enterrar la pólvora tiene un historial de fracasos ilustres: el G11 alemán o el cañón de riel de la Marina estadounidense. Todos apuntaban al mismo horizonte y todos se estrellaron contra el muro de la ingeniería, los costes de producción o directrices políticas. Los asiáticos han optado por una aproximación paulatina: primero el control de masas, luego el campo de batalla. La pólvora lleva más de siete siglos en servicio. Si China la inventó, es probable que China la jubile.

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