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Martin Seligman, fundador de la psicología positiva: «La felicidad se compone de tres elementos: placer, compromiso y sentido»

El bienestar no es solo placer inmediato, sino implicación en lo que uno hace y un propósito que da sentido

Martin Seligman, fundador de la psicología positiva: «La felicidad se compone de tres elementos: placer, compromiso y sentido»

Martin Seligman | Inteligencia artificial

El psicólogo estadounidense Martin Seligman marcó un antes y un después en la historia reciente de la psicología al cuestionar el enfoque tradicional centrado casi exclusivamente en la enfermedad mental. Su propuesta, conocida como psicología positiva, no pretendía sustituir el estudio del sufrimiento, sino equilibrarlo con una nueva pregunta, qué hace que las personas prosperen. Ese cambio de mirada cristalizó en su obra más influyente, La auténtica felicidad, publicada en 2002, donde formula una de sus ideas más citadas: la felicidad se compone de placer, compromiso y sentido.

Más allá del placer inmediato

Durante buena parte del siglo XX, la psicología se centró en diagnosticar y tratar trastornos como la depresión o la ansiedad. Seligman, que llegó a presidir la American Psychological Association, consideró que ese enfoque era incompleto. A su juicio, no bastaba con reparar lo que está mal, también era necesario comprender y potenciar lo que funciona.

En La auténtica felicidad, el autor sostiene que el bienestar no puede reducirse a una emoción pasajera. Frente a la visión popular que identifica la felicidad con sentirse bien, Seligman introduce un modelo estructurado que permite analizar sus distintos componentes y, en consecuencia, trabajarlos de forma consciente.

La auténtica felicidad

El primero de los tres elementos es el placer, entendido como la experiencia de emociones positivas. Alegría, entusiasmo, serenidad o gratitud forman parte de esta dimensión. Se trata de un componente esencial, pero también limitado. Seligman advierte que el placer está sujeto a lo que denomina «adaptación hedónica», un fenómeno por el cual las personas tienden a acostumbrarse rápidamente a las circunstancias positivas. Un ascenso laboral, un viaje o incluso un logro personal generan satisfacción, pero su efecto disminuye con el tiempo. Por eso, aunque necesario, el placer por sí solo no garantiza una felicidad duradera.

El segundo pilar es el compromiso, estrechamente relacionado con el concepto de «flujo», desarrollado por el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi. Este estado se produce cuando una persona se involucra completamente en una actividad que le resulta desafiante y significativa.

En ese momento, la atención se concentra al máximo y desaparece la sensación de esfuerzo. El tiempo parece diluirse y la experiencia se vuelve intrínsecamente gratificante. A diferencia del placer, el compromiso no depende tanto de estímulos externos como de la capacidad de cada individuo para encontrar actividades que activen sus habilidades y mantengan su interés.

Seligman considera que este tipo de implicación es una fuente más sólida de bienestar, ya que genera satisfacción profunda y contribuye al desarrollo personal. No se trata solo de disfrutar, sino de participar activamente en aquello que se hace.

El tercer elemento es el sentido, y para Seligman, el más determinante. Hace referencia a la necesidad de pertenecer y contribuir a algo que trascienda al individuo. Puede adoptar múltiples formas, desde el compromiso con una causa social hasta la dedicación a la familia o a un proyecto profesional con impacto.

Esta dimensión introduce una perspectiva ética en la definición de la felicidad. No basta con sentirse bien o estar concentrado en una tarea, también es necesario que la vida tenga coherencia y dirección. El sentido actúa como un marco que integra las experiencias y les otorga valor. Diversos estudios en psicología del bienestar han respaldado esta idea, como las investigaciones longitudinales de Hill y Turiano publicadas en 2014 en Journal of Research in Personality, mostrando de forma consistente que las personas que perciben un propósito en su vida presentan mayores niveles de bienestar psicológico y resiliencia frente a la adversidad.

De la teoría a la práctica

El modelo de Seligman no se quedó en el ámbito teórico. Su impacto se extendió a sectores como la educación, donde han surgido programas orientados a enseñar habilidades emocionales, o al mundo empresarial, que ha incorporado estrategias de bienestar para mejorar el rendimiento y la satisfacción laboral. Con el tiempo, el propio Seligman amplió su propuesta inicial y desarrolló el modelo PERMA, que añade nuevos componentes como las relaciones positivas y el logro. Sin embargo, la base conceptual sigue anclada en esos tres elementos originales definidos en La auténtica felicidad.

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