No voy a criticar a León Catorce, primero, porque no me he leído su encíclica y, segundo, porque mi mujer me regaña luego, pero sí he visto algún resumen de prensa en el que advierte de que la inteligencia artificial forma parte de los bienes «que están destinados universalmente a todos» y no pueden quedar «concentrados en las manos de unos pocos».
El papa no se mete en explicaciones técnicas (al menos en los comentarios que he manejado), pero el experto en innovación Gustavo Entrala sí lo hace en su blog de YouTube, en el que denuncia lo que podríamos llamar la mierdificación de la IA.
«La calidad de sus respuestas —dice— se está yendo al carajo, incluso en las versiones de pago».
¿Y por qué falla tanto? Porque se ha quedado sin gasolina. La demanda ha explotado y, mientras las empresas no desplieguen nuevos centros de datos, lo que lleva un tiempo, no van a poder atenderla.
Tradicionalmente, estos choques de oferta se han resuelto de dos maneras: reduciendo la calidad o subiendo los precios. Parece que, de momento, se ha optado por lo primero, pero lo segundo acabará por llegar, agravando la brecha digital y dando alas a quienes, como el papa, alertan de la concentración de la IA en las manos de unos pocos.
¿Y qué proponen para salvarnos?
En Estados Unidos ya se debate si convendría nacionalizar la IA, un remedio que, según sus promotores, mataría dos pájaros de un tiro.
Primero, el Estado fijaría unos precios razonables, que permitirían a todos acceder en igualdad de condiciones.
Y segundo, impediría que la IA se nos fuera de las manos y acabara subyugándonos.
Respecto de los precios, solo traeré a colación el precedente de la telefonía móvil. Mientras estuvo en manos públicas, el servicio fue caro y malo. Luego se privatizó y, al principio, siguió siendo un lujo, pero la competencia hizo que las tarifas cayeran y hoy no hay nada más democrático que un smartphone. Hasta los migrantes que llegan en patera a nuestras costas traen uno.
En cuanto a que la IA se nos vaya de las manos, no tengo más remedio que darles la razón a los partidarios de nacionalizarla: si queremos evitar que llegue a ser demasiado lista, lo mejor es dejar que la gestionen unos burócratas.
Eso sí que sería la mierdificación definitiva de la IA.



