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¿Cómo defender la casa de nuestros hijos?

Joseba Louzao

No hubo una guerra, ni siquiera vivimos un conflicto secular cuyas raíces milenarias se pierden en la nebulosa de los orígenes. Pero sí estamos sufriendo una persistente batalla por el pasado en el País Vasco con calculados embates desde una apologética abertzale que tiene multitud de altavoces mediáticos. El peso de esta labor lo lleva la Euskal Memoria Fundazioa, una organización que busca “reconstruir” la historia de “Euskal Herria, en la medida en que padece la opresión y la negación como pueblo, ha sufrido a lo largo de los siglos la falsificación constante de su historia”. No me negarán que es toda una sincera declaración de intenciones. Quizá sus propuestas no sean tan delirantes como las del Institut Nova Història, sin embargo, resultan mucho más nocivas.

Los vascos del siglo XXI y sus problemáticas político-sociales poco tienen que ver con las de los vascos decimonónicos o con los habitantes de la región durante la Segunda República. Y no digamos nada si nos retrotraemos más allá en el tiempo. De encontrarnos hipotéticamente no nos reconoceríamos fácilmente. La distancia es tan amplia que sus coordenadas mentales se han vuelto incomprensibles para la gran mayoría de nosotros. Lo mismo sucedería, dicho sea de paso, en cualquier otro lugar. Pero aquí tenemos a estos partisanos de la desmemoria luchando contra la supuesta falsificación de la historia de los vascos. En el fondo, como afirmó en un sugerente trabajo Damian Thompson, son unos nuevos charlatanes generadores de contraconocimiento, es decir, aquellos presentan como hechos contrastables lo que no son más que informaciones erróneas. Los fundamentos sobre los que se edifican sus mentiras no importan demasiado porque proporcionan una representación de la realidad simplista y de fácil asimilación para sus seguidores.

Un recorrido por los catálogos de la red pública de bibliotecas de la Comunidad Autónoma Vasca no deja lugar a dudas sobre estas presencias en el espacio público. El repertorio historiográfico que se puede encontrar en ellas no es más que el reflejo del marco nacionalista hegemónico, especialmente en su vertiente más radicalizada. Si, además, echan un vistazo por las mesas de novedades de las librerías se encontrarán con muchos ejemplos de este tipo de narrativa. Para encontrar libros solventes de los especialistas, tendrán que buscar en los estantes o, directamente, pedirlos a los encargados. En resumen, es más fácil que un posible lector tenga acceso a los escritos auto-justificatorios de Arnaldo Otegi o Iñaki de Juana Chaos que a obras que intenten analizar lo que significó el terrorismo en la historia reciente del País Vasco. Y no será porque no las hay. No olviden tampoco un reciente episodio grotesco: la televisión pública se negó a emitir los trabajos sobre el terrorismo de Iñaki Arteta porque mantenía una visión sesgada, pero no dudaron en colocar dentro de su programación otro documental que comienza denominando a los terroristas como “presos vascos”.

Vivimos un tiempo nuevo desde el “cese definitivo de la actividad armada”. Por primera vez desde finales de la década de los sesenta los que se dedicaban a la política pudieron acallar a los que tenían las armas. No quiero ser uno de tantos profetas con mercancía averiada, pero la historia de ETA va camino de concluir como tantas otras bandas terroristas que ha conocido el continente europeo: ya no quedará nadie para echar el cierre. Y este posible final se lo debemos agradecer a las instituciones de nuestro país que tuvieron que aprender a marchas forzadas, con episodios negros que no debemos obviar, cómo se podía acorralar a la bestia terrorista. Pero todo esto no significa que la autodenominada izquierda abertzale se haya transformado. Los de la “política” vieron la ventana de oportunidad para llevar a cabo su proyecto por otros medios. Otegi lo dijo sin ambages hace unos meses: “hemos hecho una apuesta decidida por la paz, por cambiar de estrategia”. Solamente eso: un cambio de estrategia.

Continúan siendo los mismos que han cuarteado la sociedad vasca desde la negación de sus premisas democráticas y liberales – libertad, pluralismo y derechos humanos. Recordemos que por cada asesinato había un pequeño grupo de personas que empuñaban las armas, decenas de chivatos cercanos a las víctimas, centenares de jóvenes socializadores del terror en las calles y miles de personas que, en cada rincón del País Vasco, se colocaron frente a las manifestaciones pacifistas para insultarlos y amedrentarlos. A todos ellos se los quiere presentar hoy como artífices de una paz desmemoriada. Después de más de ochocientos asesinados, la única autocrítica que ha salido de sus bocas ha sido un “también nosotros somos responsables del sufrimiento que se ha causado”. Vuelvan a releer la frase: también.

Y así las cosas, hace unos días la asociación Etxerat, que busca la amnistía de los presos etarras, organizó una manifestación a la explanada del museo Guggenheim, el mismo lugar donde fue asesinado al ertzaina José María Aguirre Larraona. No necesitamos más demostraciones para comprender sus intenciones legitimadoras. Recuerden ese “también” indecente. ¿Por qué no van a poder manifestarse allí?  Ellos también son víctimas… Siguen siendo los mismos y no tienen el propósito de cambiar. Nunca creyeron en las bases sobre las que se asienta cualquier democracia liberal. Sólo han intentando vampirizarla para su propio provecho. Y no les ha ido mal. Es más, ni siquiera necesitan echar paladas de tierra sobre el pasado porque continúan cómodos en su orgulloso discurso de siempre: “fue una guerra y nosotros pusimos los héroes”. Frente a esta falsedad, el riesgo de la inacción es altísimo. Por lo tanto, tendremos que entrar de lleno en estas polémicas por la historia para que no consigan que su relato sea hegemónico en un futuro no tan lejano. Pero, sobre todo, debemos ser conscientes de una cuestión esencial: buscan este campo de batalla para evitar el debate político cotidiano.

Seamos responsables con el presente, por una vez, no cargando nuestras pretensiones sobre las espaldas de los antepasados. Habrá que desenmascarar los usos torcidos del pasado, pero sin enfangarnos en un debate sin fin donde los partisanos de la desmemoria se mueven como peces en el agua. De esta manera, podremos alcanzar incluso un cierto grado de libertad sobre la historia, lo que no es poco en una sociedad que se asienta en una nostalgia patológica sobre lo que nunca fue. Uno de los poemas clásicos del imaginario nacionalista vasco es Nire aitaren etxea [La casa de mi padre] de Gabriel Aresti contiene unos versos con un sabor tan identitario como melancólico: “Me moriré,/ se perderá mi alma,/ se perderá mi prole,/ pero la casa de mi padre/ seguirá/ en pie”. Frente a este final, el también escritor y político Mario Onaindia coronó uno de sus estrofas con la defensa de “la casa de nuestros hijos”. Así sea.

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Roger Torrent, de alcalde independentista a presidente del Parlament

Redacción TO

Foto: ALBERT GEA
Reuters

Tras las elecciones del 21 de diciembre, los independentistas se han vuelto a hacer con el control del Parlament de Cataluña. Con la incógnita de quien será el próximo presidente de la Generalitat debido a las dudas sobre la posibilidad de que Carles Puigdemont sea investido a distancia, el nuevo presidente del Parlament se enfrenta a un panorama político convulso y a una verdadera crisis institucional. En los últimos días, el nombre de Roger Torrent ha acaparado numerosos titulares en los medios de comunicación tras convertirse el 17 de enero en el presidente del Parlamento de Cataluña más joven de la historia.

Nacido el 19 de julio de 1979 en Sarrià de Ter, a sus 38 años Torrent puede decir que lleva media vida dedicado a la política. Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración y técnico urbanista, a los 20 años ya era concejal de su municipio, y en 2007 ocupó el puesto de alcalde de esta misma localidad.

Posteriormente, en 2011, fue portavoz de Esquerra Republicana (ERC), partido del que es militante desde el año 2000, en la Diputación de Girona y en 2012 se convirtió en diputado del Parlament. Ahora ya es el séptimo representante de ERC en Cataluña que preside el Parlament (Carme Forcadell lo hizo en nombre de Junts pel Sí).

Mientras cumplía con sus obligaciones políticas, Torrent no dejó de lado su vida personal y ahora se presenta como un orgulloso padre de dos niñas, que lo acompañaron a votar el día de las elecciones autonómicas de Cataluña.

Apoyando la declaración de independencia de Cataluña antes del referéndum y pidiendo la libertad de todos los diputados que fueron encarcelados, Torrent ha mostrado siempre con claridad su convicción de que es necesario crear una república independiente catalana. Su apoyo a los políticos presos ha sido visible en sus apariciones públicas pero también en su vida personal, tanto que Torrent decoró su árbol de Navidad con lazos amarillos. 

La nueva legislatura

Con un lazo amarillo acompañando permanentemente a su traje y a su barba hipster, el nuevo presidente del Parlament ocupó un puesto que llega cargado de retos y responsabilidades.

Torrent comenzó de manera inmediata la ronda de contactos con los diferentes partidos políticos para enfrentar la complicada tarea de “recuperar las instituciones lo antes posible y ponerlas al servicio de los ciudadanos”, como dijo en su discurso inaugural. “Hay que recuperar la normalidad institucional para servir al país de la manera más adecuada”.

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Carme Forcadell y Roger Torrent tras la elección de este como presidente del Parlament. | Foto: Albert Gea/ Reuters

Aunque hay quien considera que Torrent será el encargado de mantener el poder de ERC en el Parlament y evitar la investidura de Puigdemont, el recientemente elegido presidente de esta institución ha evitado posicionarse sobre este tema durante toda la ronda de contactos y ha dejado a los más impacientes con la duda sobre sus futuras actuaciones. Asegura en todo momento que decidir si se aprueba la investidura a distancia de Puigdemont “es una decisión que depende de la Mesa del Parlamento y será una decisión política del conjunto de la mesa”.

Cómo llegó al Parlament

El nombre de Roger Torrent comenzó a tomar relevancia durante la campaña electoral, cuando sustituyó a Marta Rovira en algunos debates. Ser considerado como alguien de total confianza por ERC y estar libre de procesos judiciales fueron los motivos que empujaron su nombre hasta lo más alto de la lista de candidatos y acabó imponiéndose para el cargo.

Quizá también ayudó su faceta más mediática. Su facilidad ante las cámaras ha hecho que en los últimos meses Torrent se haya convertido en un rostro habitual de las tertulias televisivas, siendo además colaborador del programa La Sexta Noche, donde desarrollaba sin titubeos un discurso de la línea dura del independentismo.

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Roger Torrent, a su llegada a la primera reunión de la Mesa del Parlament. | Foto: Alberto Estévez/ EFE

Ahora tendrá que enfrentarse a una legislatura realmente dura, envuelto en un contexto político convulso y con numerosas incógnitas, como ya hizo su antecesora Carme Forcadell. Antes de ser elegido, prometió “materializar el mandato democrático surgido de las urnas el pasado 21 de diciembre”. Queda ver ahora si cumplirá esta promesa y, lo más importante, cómo.

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¿Buscas festival para este verano? Fitur te propone 5 destinos sin salir de España

Jorge Raya Pons

Foto: Jorge Raya
The Objective

La presencia de Sony –la gran productora musical– está en todas partes: en esta pequeña esquina de la tercera nave de Fitur, a la que se llega después de atravesar las paradas de color y lujo de las capitales turísticas de América, se exponen las propuestas de los festivales de las que presume con orgullo la organización. Aquí no hay festivales de cine ni teatro ni danza y sí, casi en exclusiva, de música de todos los géneros: rock pesado, electrónica, jazz, folk.

La propia organización de la feria justifica con datos el dominio de los espectáculos musicales: se trata de un sector que crece sin pausa en España y que, solo con sus 10 principales eventos anuales, reúne a 1,6 millones de visitantes que generan en torno a 400 millones de euros. Así, se pueden descubrir destinos interesantes que se distribuyen en unas pocas ubicaciones estrictamente nacionales: sorprende que en esta feria internacional no hayan desembarcado propuestas extranjeras.

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El escenario de la sección de Turismo de Festivales, en la nave 3 de Fitur. | Foto: J.R./The Objective

Castellón

El stand de la Comunidad Valenciana es de los más visibles, y su oferta de ocio y espectáculo se limita -casi por completo- a la provincia de Castellón, donde no hay semana de verano en la que no se celebre un festival. El más icónico de ellos es el FIB, que tiene lugar en Benicàssim, un pueblo de costa a menos de 15 kilómetros de la capital. Tendrá lugar entre el 19 y el 22 de julio y cuenta con la única confirmación oficial de The Killers.

Por otra parte, surgen planes absolutamente distintos, donde prima la pausa. En la misma provincia, en las cuevas de Sant Josep –por las que recorre el río subterráneo más largo de Europa–, en la Vall d’Uixò, se celebran conciertos bajo el nombre Singin’ in the cave a los que solo se puede acudir en bote con un aforo limitadísimo: las fechas son esporádicas entre junio y agosto y hay confirmaciones como Nick Garrie o Sr. Chinarro.

Barcelona

El Rockfest es el principal reclamo. Inés Quintana, organizadora del evento, bromea con que nunca antes hubo tantos melenudos en la Sagrada Familia. En la próxima edición, que tendrá lugar entre el 5 y el 7 de julio, se esperan actuaciones de Kiss, Scorpions, Judas Priest y Ozzy Osbourne –líder de Black Sabbath–, entre otros.

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El stand de la promotora RockAndRock en Fitur. | Foto: J.R./The Objective

Y dirigido a otro público y con un concepto completamente distinto, tendrá lugar el Barcelona Beach Festival, que concentrará una maratón de electrónica en un solo día –14 de julio– en el que pincharán DJs tan conocidos como David Guetta o Armin Van Buuren.

Jaén

La provincia andaluza enmarca dentro de la iniciativa Jaén en Julio distintas opciones, todas ellas musicales, y destaca el Blues Cazorla, un festival que sus organizadores destacan como el más importante de este género fuera de los Estados Unidos. Tendrá lugar entre el 12 y el 14 de julio en el corazón del pueblo jienense.

Gran Canaria

Las islas Canarias lanzan propuestas diversas, desde circuitos de surf hasta festivales folclóricos, pero nada alcanza la cumbre en Las Palmas de Gran Canarias como su Carnaval, que comienza tan pronto como el 26 de enero y que concluirá el 18 de febrero. No son unas fiestas cualquiera: están declaradas bienes de Interés Turístico Nacional –en un país como España, que recibió a 82 millones de turistas en 2017– y llena las calles con sus desfiles multitudinarios de colores y máscaras.

Tenerife

Una propuesta distinta llega desde la isla de Tenerife. La Tenerife Fashion Weekend, que combina el paisaje paradisíaco de las playas de Arona con las pasarelas en las que desfilarán algunas de las principales firmas nacionales, despierta mucho interés. El objetivo del municipio es diferenciarse como un destino más exclusivo, con visitantes de mayor poder adquisitivo.

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Enoturismo en Chile: una oportunidad de desarrollo y crecimiento

Lidia Ramírez

Chile está de moda. Tierra de contrastes, en ella se encuentra uno de los desiertos más secos del planeta, como el desierto de Atacama, así como una de las zonas más fría de la Tierra, la Antártida. Este pasado 2017, además, el país sudamericano recibía por segundo año consecutivo el premio al Mejor Destino de Turismo de Aventura, concedido por los prestigiosos premios de turismo World Travel Awards.

Todo esto se promociona en el stand de llamativos colores naranjas y azulados dedicado al país en el pabellón 3 de Ifema, donde hasta 21 de enero se celebra la Feria Internacional de Turismo (Fitur). Música popular chilena suena para amenizar el lugar donde a los visitantes se les agasaja con un vino de la tierra.

Porque, ¿qué mejor forma que conquistar a un potencial turista que con un buen vino acompañado de buena música y ambiente? Y es que teniendo en cuenta que Chile ocupa la cuarta posición en el ranking mundial de países exportadores de vino, por detrás de España, Italia y Francia, y que más de 150 países del mundo consumen vino de este país, se puede decir que buena parte de esta conquista está lograda.

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Stand de promoción turística de Chile en Fitur 2018. | Foto: L.R. / The Objective

Sin embargo, el sector enoturístico de Chile no es suficientemente conocido e internacionalmente carece de un posicionamiento relevante. Por ello uno de los grandes retos al los que se enfrenta este sector es el fomento entre establecimientos empresariales, asociaciones y entidades públicas en torno a una marca global. “Tenemos mayor reconocimiento del vino, que del turismo y el vino. Por eso estamos haciendo esa ligación y esa estrategia de comercialización entre la industria del vino y el turismo”, apunta a The Objective Javiera Montes, subsecretaria de Turismo de Chile. “Hay otros países mucho menos conocidos en el mundo por su vino, y sin embargo son más reconocidos por el enoturismo. En este punto, todavía tenemos mucho que hacer”, insiste.

No hay duda de que este tipo de turismo es una oportunidad de crecimiento para un país que en 2017  batió un nuevo récord de visitantes, un total de casi 6.5 millones de personas, lo que representó un alza de 13,3%, respecto de 2016, nos informan desde el ministerio de Turismo del país. Y es que el turista vitivinícola es un turista con un valor añadido, “normalmente son personas con alto poder adquisitivo”.

Con más de 340 bodegas abiertas al público, 1.000 kilómetros de viñedo y 78 viñas –según datos de 2016– vinculadas a este mercado (alrededor de 270 no reciben turistas) hacer que estas dos industrias se conozcan es una de las “grandes fallas”, señala Montes, que hasta ahora ha tenido el sector enoturista en Chile. Por ello, sus esfuerzos en estos últimos años se han centrado en desarrollar rutas enoturistas –hasta el momento once– para promocionar este sector. Estos recorridos transcurren por los principales valles del país donde encontramos centenarias cepas, como la ruta del vino del Valle de Elqui o del Valle del Limarí, ubicados en la región vitícola de Coquimbo; o rutas  por los valles de Valparaíso y del Maipo, este último la región vitivinícola con mayor oferta de viñas abierta al turismo.

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Viñedo en Alto Maipo Viña Undurraga. | Foto: Wikipedia

De esta forma, si en los últimos años unos 600.000 visitantes –30% internos , 60% internacionales– llegaron a alguna de las 78 viñas abiertas al turismo, para el 2020, según la subsecretaria de Turismo, el objetivo es aumentar en un 40% el número de turistas de viñas además de “abrir más viñas al turismo”.

Amante del vino tinto, Javiera Montes señala que la producción de vino en el año 2017 alcanzó los 949.000.000 litros, de los cuales 805.000.000 corresponden a vinos con denominación de origen. Las variedades más conocidas son la Carmenere, Cabernet Sauvignon, Cabernet Franc, Cot, Merlot y Verdot.

Y es que como señalaba el presidente de la Cámara de Comercio de España, José Luís Bonet, durante la conferencia ‘El Futuro del Enoturismo’, “el vino no es solo un placer líquido, es paisaje, es territorio y es nación”. Un gran tesoro de la naturaleza que forma parte del alma y la personalidad de un país.

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Nahuel Pérez Biscayart, actor de '120 pulsaciones por minuto': "Los jóvenes tratan el sida como algo del pasado"

Néstor Villamor

Foto: Céline Nieszawer
Avalon

Nahuel Pérez Biscayart está sorprendido: “Hoy las generaciones más jóvenes tratan el sida como si fuera algo del pasado”. Habla sin enfado pero con contundencia. “Conozco casos de gente joven a la que, de golpe, diagnostican y uno dice: ‘Guau, ¿cómo puede ser que después de tanto trabajo, después de tantas muertes, tanta lucha dada no haya disminuido?'”. La lucha a la que hace referencia es la que retrata 120 pulsaciones por minuto, una película sobre la crisis del sida en Francia en los años 90 que llega este viernes a España después del éxito amasado en la cartelera gala. Protagonizada por Pérez Biscayart y ganadora del Grand Prix, del premio FIPRESCI y de la Queer Palm en la pasada edición del Festival de Cannes, es el tercer largometraje de Robin Campillo, una de las revelaciones del cine francés actual.

“Era un tema que él había vivido, que el coguionista también había vivido, que el productor también había vivido”, cuenta el actor argentino, que tuvo que “afilar” su francés para este trabajo. “Entones uno empieza a decirse: ‘Esto es una historia que tiene detrás a un grupo muy tocado de manera íntima'”. Porque además de director de La resurreción de los muertos (2004) y de Eastern boys (2013), Robin Campillo también fue militante en los 90 de ACT UP-París, organización que centra 120 pulsaciones por minuto. Fundada a finales de los 80 como respuesta al silencio con el que François Mitterrand trataba las más de 2.500 muertes que anualmente dejaba la enfermedad en Francia, la entidad se propuso ponerle cara a la epidemia.

“Silence=Death” (Silencio=Muerte) era el eslogan que se podía leer en las camisetas de los activistas de ACT UP-París durante su primer die-in, una protesta en la que los militantes se se tumbaban en la calle fingiendo estar muertos a modo de reivindicación, de súplica y de doloroso presagio. No fue el único momento en el que la organización intentó llamar la atención sobre el problema que estaba causando el virus. Sus actos incluyeron colgar una pancarta en la catedral de Notre-Dame como crítica a la Iglesia Católica y envolver el Obelisco de la Concordia de París con un inmenso condón rosa para promover el uso del preservativo.

Es un ambiente que refleja 120 pulsaciones por minuto, cuyos personajes asaltan un laboratorio farmacéutico al grito de “Asesinos” para protestar contra la inacción de la compañía. Pérez Biscayart, que interpreta a Sean, rechaza la palabra “radical” para describir el funcionamiento de ACT UP-París. “Decir ‘radical’ a un grupo de personas que pintaba las paredes con sangre artificial me parece radical. Considerar que el valor material de una pared tiene más valor que una vida humana me parece radical”.

“Fuerza, sutileza y delicadeza”

120 pulsaciones por minuto despertó el interés Pérez Biscayart desde el principio. “Leí un guion que tenía una fuerza y un nivel de sutileza y de delicadeza en los diálogos y en la construcción que me dejaron muy sorprendido. Me emocioné al leerlo, me reía, me pasaban cosas que raramente pasan cuando uno lee guiones”. Porque además de la esfera política, la cinta gira también hacia lo íntimo con una historia de amor en los tiempos del sida que aligera, con una pincelada de romanticismo, la película, en sí misma una fuente de conocimiento prácticamente inaccesible en aquellos años 90 que retrata el drama de Robin Campillo.

Pero a pesar de la información, disponible -ahora sí- en títulos como 120 pulsaciones por minuto, las muertes siguen ocurriendo. De ahí la sorpresa de Pérez Biscayart, que, como Sean, mira hacia la política: “El rol del Estado es todo en estos asuntos. Cuando hay una voz ahí muy fuerte que expande conocimiento e información a la población y que la educa, esas personas tienen la libertad de cuidarse, de saber y de protegerse”.

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