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Tal día como hoy Facebook manipuló tus recuerdos

Foto: Tom Sodoge | Unplash

Cuando aparecen fotos del pasado en nuestro muro de Facebook, ¿fortalecemos una memoria o la tergiversamos?, ¿puede el cerebro modificar la forma en la que recordamos los eventos a través de inocentes publicaciones?, ¿qué efecto tienen las redes sociales en la forma con la que experimentamos nostalgia?, ¿conseguirán los recuerdos digitales llegar a hackear la forma en la que pensamos? Ante las incógnitas, la ciencia responde.

“Mira, hace unos años pasó esto o lo otro”; esa es la idea superficial e inocente que ofrece Facebook cada vez que hace emerger en tu móvil o ordenador el aviso “Tal día
como hoy”. Son tus recuerdos, sí, pero en un curioso recipiente ajeno al espacio mental o físico donde solían depositarse antaño. No es releer un diario personal ni pasar las páginas del álbum de fotos familiar. Tampoco es hacer memoria para rescatar eventos depositados en cajones del cerebro. Es otra cosa, más novedosa, antinatural, omnipresente y puede que mucho menos inofensiva de lo que pudiera parecer.

Los recuerdos filtrados a través de redes sociales, recuperan momentos fieles a la realidad, pero también son capaces de contribuir a reinventar lo vivido. Tal y como
señala la psicóloga Julia Shaw en un artículo publicado en Scientific American, Facebook no sólo se está apropiando de nuestras imágenes y comentarios, sino que también está cambiando activamente lo que recordamos en la vida real. Y no sólo eso: mientras Facebook aprende, nosotros olvidamos.

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Sticker Mule / Unsplash

 

En el baúl de los recuerdos, el muro es el rey

Según la revista Wired tu cerebro no contiene memorias sino que tu cerebro es, en esencia, tales memorias recopiladas, codificadas e interconectadas. Es en su capacidad de crear mosaicos de amplias impresiones en apenas milisegundos donde se sustenta su funcionamiento. Como clave indispensable del pensamiento racional, preguntarse sobre cómo establecemos la relevancia de cada recuerdo es un reto indispensable para entender nuestra forma de racionalizar la realidad. ¿Qué es lo primero que el cerebro recupera al poner en marcha el mecanismo de la memoria? Para bien o para mal, los posts de Facebook aparecen en el primer puesto.

En este hecho influyen dos aspectos clave: En primer lugar, las imágenes se recuerdan mejor que las palabras, y al traer memorias a la mente son éstas las que emergen en primera instancia con mayor facilidad. En segundo lugar, la ciencia ha demostrado que los humanos mostramos una mayor predisposición a recordar los buenos momentos que los malos. Teniendo en cuenta que las memorias de Facebook son principalmente imágenes de buenos momentos, se adivina una conclusión: tendremos más facilidad de recordar aquello que hayamos publicado en Facebook. Numerosos estudios así lo han demostrado: lo compartido en redes sociales se retiene mejor en el cerebro y las publicaciones en la red social llegan a ser más memorables y fáciles de recordar que incluso una cara.

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Rachael Crowe / Unsplash

 

Realidad filtrada y memorias falsas

Según la ciencia, cada vez recuperamos un recuerdo, los rastros de dicha memoria en el cerebro se vuelven flexibles. ¿Podemos entonces distorsionar lo vivido hasta la
invención? Daniel Schacter, profesor de psicología en la Universidad de Harvard, ya demostró allá en los 90 que es posible implantar falsos recuerdos mediante las
imágenes. En sus experimentos, los sujetos a los que había enseñado fotografías aseguraban recordar eventos que en realidad no habían vivido. Por otro lado, el
psicólogo descubrió que cuando una persona observa una imagen no sólo se refuerza la memoria de ese evento en particular, sino que al mismo tiempo se deterioran el
resto de recuerdos de eventos que también ocurrieron pero para los que no hay imágenes.

Según los hallazgos de Schacter, las intrusivas notificaciones de Facebook recordándonos ciertos eventos específicos de forma constante tienen el potencial de
distorsionar profundamente la realidad. No sólo podemos llegar a recordar noticias falsas como hechos fehacientes, alterando de forma irreversible la memoria colectiva, sino que a nivel personal, nuestra biografía quedará distorsionada por la representación parcial y filtrada de lo vivido.

Mientras fortalecemos un aspecto concreto del recuerdo todo lo que rodeaba al mismo se debilita, y si aquello que publicamos enmascara en cierta medida la realidad, corremos el peligro de recordar falsedades. La memoria distorsiona de por sí los eventos quedándose con los más positivo, por lo que Facebook, un contendedor donde la realidad se filtra y altera de antemano, no hace más que aumentar el efecto. El recuerdo queda así doblemente manipulado por tu propio cerebro y por el efecto amplificador de la red social.

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Annie Spratt / Unsplash

 

Al permitir que Facebook elija los eventos supuestamente más significativos en nuestras vidas, los recuerdos que el algoritmo ignora se sacrifican hacia el olvido. Si
no lo compartiste, el recuerdo no existe en la red y como consecuencia, se vislumbra la posibilidad de que los olvidemos con mayor facilidad.

 

Memoria selectiva a base de algoritmos

El momento en el que por primera vez viste la cara de tu hijo o sobrino, el día que te enamoraste, o aquel instante en el que te percataste de estar viviendo una decisión
clave en tu biografía. Son recuerdos que ni las palabras ni las imágenes consiguen capturar con fidelidad, porque al reconstruir tales eventos en la mente aparecen los olores, los colores, el tacto y la forma en que todo aquello te hizo sentir. Por supuesto nada de esto aparece en el muro de la plataforma y lo más relevante se omite a favor de lo superficial. Nos quedamos con la imagen preseleccionada, parcial y probablemente irreal que un día decidimos publicar.

Obviamente esto no quiere decir que por recordar con mayor facilidad las imágenes brindadas por la plataforma vayamos a perder el resto de nuestras memorias, pero. los algoritmos no tienen empatía, y a parte de contabilizar y medir, resulta complicado que verdaderamente “entiendan” la importancia de lo publicado, ni mucho menos, de lo que no se compartió.

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Annie Spratt / Unsplash

 

Cada vez que publicamos algo ayudamos a Facebook a aprender sobre qué nos gusta y cuanto más interactuamos con la plataforma, mejor funcionan los algoritmos que construyen la experiencia a medida que esperamos. Con nuestros likes, publicaciones y memorias proporcionamos la base de un lucrativo negocio además de crear una realidad sesgada, reducida por el filtro burbuja. Parece un mecanismo perfecto, pero en el caso de los recuerdos, resulta imposible garantizar que éstos sean la mejor moneda de cambio.

De nosotros depende ser conscientes de las transformaciones a las que se enfrenta el mecanismo de la memoria, lidiar con la dependencia de las redes a la hora de rescatar recuerdos y sobre todo, seguir reflexionando sobre lo esencial. Tal día como hoy, publicaste un vídeo de un gatito en tu muro, pero eres tú y no los algoritmos quien decide si quizá existen otros recuerdos más valiosos que rememorar.

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