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Soluciones, no problemas (II): Hacer de la necesidad virtud

Soluciones, no problemas (II): Hacer de la necesidad virtud

El Emboscado

Hace algunos años, a pesar de las malas jugadas de la memoria y del olvido, ya hubo un polémico informe que decía que las generaciones nacidas en democracia vivirían “peor” que sus padres. Si nos ceñimos al discurso oficial y a la imagen que desde la década de los 90 se dio, obviamente no encontramos sentido a esta “afirmación”. El dilema se resuelve fácilmente si vemos y sabemos que toda sociedad tiene su inercia, y que la ley de inercia Newtoniana nos dice que esta tiende a mantenerse en su “dirección” si no hay una fuerza externa que provoque un cambio.

Ahora sabemos lo que es “un cambio”. No sólo revoluciones o guerras generan cambios drásticos, rápidos y ciertamente inquietantes. Ahora lo llamamos Pandemia. No hay un culpable, aunque si pueda haber responsables parciales; sabemos que periódicamente brotan “estos bichos” y no tiene por que ser por una conspiración general de mentes que deseen enfermarnos o usarnos como “receptores de medicamentos” que previamente fabrican esas “malévolas empresas”. No es necesario. Si usamos el criterio de Ockam que habla de que, si la respuesta proviene de la solución más sencilla como la más plausible, no hace falta enredar mucho más. Son seres vivos que buscan sobrevivir en un huésped mutando y parasitando, como nosotros lo somos y hemos sido de la Tierra (pronto de otros Planetas).

Soy de la creencia que, de haberlas, las conspiraciones van por otros derroteros un poco menos burdos y algo más basados en influencias económicas y morales. Pero eso es harina de otro costal.

Un virus es un ente vivo y por tanto, si Darwin e incluso los creyentes en el diseño inteligente, tienen razón, no hace falta buscar fuera de la propia dinámica “biológica” la aparición periódica de Pandemias. Otra cosa es que están encuentren mejor y más fértil caldo de cultivo si somos negligentes o no nos preparáramos con un poco de sentido común.

Una vez que ya está eliminado el nudo gordiano de la “conspiración pandémica”, lo que sí está claro que no es “casual” es la crisis económica y sus desastres paralelos que nos acontecen de forma tremenda. Destronamos el mito “de ser la mayor crisis económica en siglos”, ya que, al evidentemente nunca haber alcanzado tales cotas de nivel económico, es evidente, claro y sensato pensar que, si el “logro es elevado”, la caída “será acorde”.

No se puede seguir llorando por la leche derramada y tenemos que ver cómo nos enfrentamos en el pasado a situaciones similares, ya que si nunca nada es igual en el devenir histórico de una sociedad, algunas cosas sí lo son por que el ser humano evoluciona menos de lo que nos creemos en lo básico. Los indicadores de una crisis son siempre los mismos, independientemente del momento histórico: saturación del proceso o ciclo productivo; gastar más de lo que se ingresa fiando al futuro los deseos del presente; consumo de bienes desmesurado respecto a las necesidades, generando excedentes de producción y excesivos cambios en la cadena de suministro fruto de demandas basadas en modas y “caprichos”; leyes cada vez más complejas y trasnacionales que hacen que sea incompatible que todos “ganen” al mismo tiempo…  

Y las soluciones a la crisis siempre son las mismas, que resumiríamos en el titulo de esta pieza, “hacer de la necesidad virtud”, que no es otra cosa que buscar las fisuras del sistema en donde la zona de confort cambie un poco menos; trabajar más desde la perspectiva del otro que desde la mía; salir a buscar las oportunidades en lugar de ser subsidiados; pensar más en lo que nos falta por hacer y seguir los cambios de nuestro entorno desde más cerca (así aumentaremos en competitividad y en adaptación a las nuevas necesidades del cliente/vecino); ser creativos y saber que hemos de pensar/trabajar más para lograr lo que antes teníamos con menor esfuerzo por que el mercado estaba maduro. Ahora los mercados de tan maduros están “pasados” y nos toca abrir nuevas cosechas.

Son ciclos periódicos, son cosas que cada cierto tiempo ocurren y que siempre se resuelven de la misma manera. Quizás seria interesante saber el por qué de la desmemoria periódica, o lo que motiva a creernos más listos que nuestros padres.

Parece una maldición bíblica el siempre pensar soberbiamente que lo ocurrido a otros a nosotros no nos pasará. Puede ser un factor psicológico o una necesidad emocional para salir adelante; e incluso una defensa ante el miedo a la incertidumbre de cada amanecer. No lo sabremos nunca, pero lo cierto es que deberíamos periódicamente leer unas “notas” o ver unos “fragmentos de cine o teatro” que nos refrescasen la memoria para reducir la incertidumbre en la toma de decisiones.

Como los Romanos decían cuando entraban triunfantes “Memento Mori” , asegurando al menos parcialmente que las expectativas de éxito fuesen ajustadas y no “infladas por necesidad de reconocimiento”, nosotros debemos buscar la forma de incorporar al aprendizaje social (que no es otro que la generalización del particular) esa creatividad, esa forma de ver el mundo como provisional y por tanto ver como propia la incertidumbre y el desasosiego que nos hace que nunca estemos conformes o tranquilos en nuestra zona de confort. Sólo así la siguiente crisis podrá durar menor y nos hará menos mella psicológica.

No podemos cambiar el pasado, no podemos predecir el futuro, sólo podemos hacer de la necesidad virtud y cada vez que caigamos nos volvamos a reinventar. Si la creatividad disruptiva es la salida, y la memoria histórica nos dan las pautas para saber qué es diferente, qué es igual, qué podemos hacer o no hacer; habría que preguntarse por que las humanidades, certeras ciencias de todo esto, están en detrimento de las ciencias positivas que como sólo buscan la eficacia no tienen, ni se mantienen siempre, dentro de la ética de los hombres.

Pero eso es ya otra historia para otro momento. Seguiremos dando, compartiendo, ideas para que veamos soluciones y no problemas. Unas veces acertaremos, mas otras el error será fatal. Pero al igual que la tierra es de los arrojados, el futuro será de los resilientes.

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