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Cultura

La armada del hambre de Villalobos: el hombre que puso nombre a las Filipinas

Uno de nuestros descubridores más desconocidos: el protagonista de un viaje épico que permitió a la corona española acabar colonizando el archipiélago filipino

La armada del hambre de Villalobos: el hombre que puso nombre a las Filipinas

Retrato anónimo de López de Villalobos

1546. Isla de Amboina, en el archipiélago de las Molucas.  Pobre y hambriento, abatido por el fracaso y criticado por sus hombres, Ruy López de Villalobos fallece a los cuarenta años de edad, estando su cuerpo y su alma, según dice la leyenda, al cuidado del jesuíta San Francisco Javier, enviado por el papa Pablo III para evangelizar aquellas lejanas tierras.

«Alto, flaco, de gran barba negra y salpicado de canas. Gran persona, bien acondicionado y cortés, experto pŕactico en las cosas de la mar…» así era el marino según una de las pocas descripciones que tenemos de él, dentro de la no muy extensa bibliografía dedicada a uno de nuestros descubridores más desconocidos:  el protagonista de un viaje épico que permitió a la corona española acabar colonizando el archipiélago filipino.

1542. La armada del hambre. Ruy López de Villalobos; de Málaga a las islas Filipinas viene a descubrirnos detalles desconocidos del linaje del explorador y de su aventura, así como de la trascendencia de esta. Editada por Ediciones del Genal, y presentada estos días, la obra recopila los esfuerzos investigadores de David Cuevas, Juan José García y Jesús Moreno, que han dado luz a una aventura sepultada por el paso del tiempo.

Portada del libro 1542. La armada del hambre. Ruy López de Villalobos; de Málaga a las islas Filipinas.

Un viaje sin retorno

Según el historiador Carlos Martínez Shaw, el parentesco del marino con el virrey de Nueva España, Antonio de Mendoza, posibilitó que la corona le encomendase la llamada Armada de Poniente, cuyo fin era establecer una ruta entre la América española y las islas de Poniente, luego llamadas Filipinas por el propio Ruy en honor  a Felipe II.

El problema no era llegar y tomar posesión de aquellas tierras, los españoles las habían visitado ya en dos ocasiones, sino el llamado “tornaviaje”: sin mapas ni cartas náuticas se hacía casi imposible encontrar la ruta de vuelta desde aquellas tierras ignotas, a las que aspiraba España tras ceder en 1529, por medio del tratado de Zaragoza, el control de las Molucas (actual Indonesia) a la corona de Portugal.

La armada de Villalobos, teniente de gobernador y capitán general, la más grande hasta la fecha en el Pacífico, constaba de seis navíos y unos 800 hombres. Partió en 1542 del puerto de Juan Gallego, en Bahía de Navidad, Nueva España. El malagueño mandaba la nao capitana y entre sus hombres iban funcionarios y clérigos de la orden de los agustinos, pues el objetivo, además de explorar y colonizar, era evangelizar los territorios de los mares del sur.

Grabado de la ciudad de Málaga.

En 1543 López de Villalobos pasó por las islas Marshall, por las Carolinas  y desembarcó en Mindanao, a la que llamó Cesárea Caroli en homenaje a Carlos V. Allí bautizó una bahía con el nombre de Málaga, en recuerdo a su lugar de nacimiento. Desgraciadamente, dejó de usarse ese topónimo posteriormente.

Después de explorar sin éxito varias islas, y tras disturbios entre los propios españoles, en agosto de ese mismo año ordenó al capitán Bernardo de la Torre que volviera a Nueva España para dar noticia de los descubrimientos, pero este no pudo encontrar la ruta de vuelta y regresó a su punto de partida unos meses más tarde.

El hambre que acechaba a la expedición obligó al navegante a poner rumbo a las Molucas, donde sopesó la idea de aliarse con los nativos, descontentos con los portugueses. Desde allí volvió a enviar una nave al mando de íñigo Ortíz de Retes, que tampoco pudo encontrar el camino de vuelta, pero que descubrió y tomó posesión para su Rey de la isla de Nueva Guinea, llamada así porque el color de piel de sus habitantes les recordó al de los guineanos de África.

Mapa de las Islas Molucas.

La tensión que la presencia de sus hombres originó entre los portugueses, y la imposibilidad de hallar el camino de vuelta a América, provocó que se acordase la repatriación de la expedición en naves lusas (las españolas estaban ya en muy mal estado) a través de la India. Los 144 supervivientes llegaron a Lisboa en 1548.

Retrato de Ruy López de Villalobos.

El éxito de un fracaso

Según David Cuevas, profesor de la universidad de Málaga, el fracaso del viaje  fue un éxito a largo plazo, ya que se tomó posesión de Nueva Guinea, se descubrieron varias islas del Pacífico y se dió un paso fundamental para que la corona española colonizara Filipinas, lo que ocurriría finalmente con la siguiente expedición, la liderada por Legazpi y Urdaneta en 1564. La colonización de este archipiélago, según el historiador, instauró una cabeza de puente con China, Japón y el resto de Asia, cuyo comercio era hasta entonces monopolizado por los portugueses.

Los caprichos de la Historia, o quizás la leyenda negra, hacen que hoy se recuerde injustamente a James Cook como descubridor de las islas Hawaii cuando Villalobos ya las había descubierto doscientos años antes.

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