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Análisis

Alarma en el fútbol: vuelve la violencia

En este último mes hemos vivido en España escenas de violencia que parecían casi desterrados de los estadios de nuestro país

Alarma en el fútbol: vuelve la violencia

Un hooligan en el partido de la Copa del Rey entre Córdoba y Getafe. | Europa Press

El fútbol español tiene marcada una fecha negra en su historia más reciente y de la que se van a cumplir ahora 30 años. Es el fallecimiento el 15 marzo de 1992 del joven Guillermo Alfonso en la grada del antiguo estadio de Sarriá en Barcelona. Una bengala impactó en el cuerpo en el pecho de este aficionado de 13 años que acudía por primera vez a un estadio a ver el Espanyol-Cádiz. 

La muerte el 9 de diciembre de 1998 de Aitor Zabaleta después de ser apuñalado en los exteriores del Vicente Calderón o del aficionado deportivista Jimmy en otros incidentes entre los radicales del Atlético de Madrid y Deportivo en noviembre del 2014, son algunos otros de los capítulos más negros en la historia del fútbol en España.

Situaciones de violencia, ya sea entre aficionados radicales o contra los equipos, que parecían desterradas en nuestro país. Sin embargo, en este último mes hemos asistido de manera continuada a varios incidentes de cierta gravedad que revivan los fantasmas del pasado. 

Primero la agresión el pasado 15 de enero al jugador del Sevilla Joan Jordan durante el derbi sevillano en Copa. El jugador recibe el impacto de un palo de una bandera, obligando a suspender el encuentro que tuvo que ser reanudado al día siguiente. Pero esta vez sin público en las gradas.

Cuatro días después asistimos atónitos al apedreamiento del autobús del Atlético de Madrid cuando llegaba al Estadio Reale Arena de San Sebastián a disputar el encuentro copero ante la Real Sociedad. 

Imágenes muy parecidas se han repetido hace apenas una semana a la llegada del Real Madrid al feudo de San Mamés en Bilbao. Ese mismo día, de nuevo en San Sebastián, varios aficionados béticos denunciaron persecuciones de radicales encapuchados de la Real Sociedad detrás de ellos e incapaces de poder ser controlados por la Ertzaintza. El último episodio sucedió el pasado sábado en Vigo con enfrentamientos con sillas, mesas, palos entre radicales del Celta y Rayo Vallecano. 

Explicación psicológica

¿Qué está pasando? ¿Por qué aparece de nuevo y de esta forma tan continuada? ¿Cómo es posible que sólo en un mes hayamos tenido cuatro episodios tan llamativos de violencia? Según Oliver Martínez, psicólogo deportivo, «no cabe duda que el violento necesita escenarios donde expulsar la rabia, frustraciones. En época de pandemia, con el miedo al contagio y las restricciones, se han desarrollado conductas hafefóbicas (miedo al contacto físico). Una vez ha desaparecido la variante más peligrosa de la infección, el violento ve que puede volver a su propia normalidad, la que le hace expulsar el odio en forma de agresiones, sin miedo al contagio».

De hecho, la aparición del covid y el cierre de los estadios han sido claves en la reducción de incidentes en estos dos últimos años, desde marzo del 2020. 

En el último informe emitido respecto a la temporada 2019-2020 refleja que, hasta la aparición del covid, fueron detenidos cuatro radicales de equipos de Primera y 21 de Segunda con un total de 131 expulsados de los estadios del fútbol profesional español. Entonces, un importante descenso respecto a la temporada anterior 2018-2019. Ahora falta conocer los resultados a futuro de este 2021-2022. 

Real Madrid y Barcelona, ejemplos a seguir

Uno de los grandes problemas es que muchos de los grupos radicales de nuestro fútbol siguen campando a sus anchas por los estadios de fútbol. En algunos casos con el amparo de los clubes. Entre estos grupos de tendencia violenta están el Frente Atlético, los Biris del Sevilla, Supporters Sur del Betis, Bukaneros del Rayo Vallecano, los Riazor Blues del Deportivo de la Coruña. 

En la zona norte están los Herri Norte en el Athletic Club de Bilbao, RSF Firm en la Real Sociedad o los Indar Gorri de Osasuna junto al grupo Iraulta del Alavés. 

Hasta ahora, solo los dos grandes y recientemente el Valencia han dado el paso para eliminar a sus grupos ultras. El primero fue Joan Laporta en el 2004 con los Boixos Nois a los que privó de poder entrar en el Camp Nou. En el 2013 fue Florentino Pérez quien hizo lo mismo con los Ultras Sur, echándoles de la zona sur del estadio primero y de manera definitiva después. En ambos casos, este paso adelante les costó recibir amenazas de muerte. 

Pero esta amenaza sigue existiendo y el ejemplo más evidente lo tenemos en el escrito del juez disciplinario encargado de los incidentes del derbi por el lanzamiento de objetos. En el mismo deja claro, según le informaron desde el Betis, que es el club el encargado de custodiar el material de esa grada animación y «que utiliza la denominada ‘grada de animación del club’ (no olvidemos, los seguidores más radicales) viene a atestiguar que son los miembros del club los que proporcionan el material a sus seguidores más radicales por lo que, en este aspecto, parece probado que el club no adoptó todas las medidas de seguridad exigibles en un encuentro declarado como de Alto Riesgo en el que se enfrentan dos equipos de la máxima rivalidad».

Además, añade que «la propia manifestación del Real Betis Balompié, SAD, al denominar ‘grada de animación del club’ se desprende una indudable especial vinculación de ese sector de la grada con la propia entidad. Así, el propio club como custodio del material que exhiben sus seguidores en la ‘grada de animación del club’ debería haber extremado la precaución a la hora de proporcionar según qué material, haber valorado si era adecuado o no su uso durante el partido dentro del contexto de un derbi de estas características».

La normativa en nuestro país

La normativa en nuestro país, a diferencia de lo que sucede en UEFA, distingue dos escenarios. Si los sucesos se producen dentro o fuera del estadio. En el primer caso es el club el máximo responsable, como ha sucedido con el Betis. Así lo expone el Código Disciplinario de la RFEF.En concreto en el artículo 15 relativo a la responsabilidad de los clubes y que dice lo siguiente: «Cuando con ocasión de un partido se altere el orden, se menoscabe o ponga en peligro la integridad física de los árbitros, jugadores, técnicos o personas en general, se causen daños materiales o lesiones, se produzca invasión del terreno de juego, se exhiban símbolos o se profieran cánticos o insultos violentos, racistas, xenófobos o intolerantes, o se perturbe notoriamente el normal desarrollo del encuentro, incurrirá en responsabilidad el club organizador del mismo, salvo que acredite el cumplimiento diligente de sus obligaciones y la adopción de las medidas de prevención exigidas por la legislación deportiva para evitar tales hechos o mitigar su gravedad.

El organizador del encuentro será también responsable cuando estos hechos se produzcan como consecuencia de un mal funcionamiento de los servicios de seguridad por causas imputables».

La Comisión Nacional contra la Violencia

En el segundo caso, aunque también tiene capacidad de intervención dentro, está la figura de la Comisión Estatal contra la Violencia en el Deporte. Este organismo creado en 1990 pretende erradicar la xenofobia, violencia, racismo e intolerancia en el deporte. 

Es esta Comisión, en donde están representados el Ministerio del Interior, Educación y el CSD (organismo estatal del deporte); a quien le compete fijar los llamados «partidos de Alto Riesgo». Aquellos donde hay un elevado porcentaje de incidentes y que exigen una dotación de seguridad superior a un acontecimiento deportivo normal. Sea cual sea la modalidad. Así queda determinado en su régimen de funcionamiento: 

  • c) La declaración de un acontecimiento deportivo como de alto riesgo.
  • d) Decidir la implantación de medidas adicionales de seguridad para las competiciones o espectáculos deportivos calificados de alto riesgo, o para recintos que hayan sido objeto de sanciones de clausura.

El problema radica en que esta Comisión no tiene capacidad sancionadora. Sólo puede proponer sanciones y, en función de la gravedad de los mismos, serán distintos organismos estatales a quienes les corresponde la aplicación de las mismas. Sanciones que, además de la privación de acceder a los recintos deportivos, van a acompañadas de una multa económica. Multas desde 150 hasta 650.000 euros. 

En primer caso corresponde a la Delegación del Gobierno, y conforme asciende la multa y gravedad, esta competencia corresponde a la Secretaría de Estado de Seguridad, Ministerio del Interior y el Consejo de Ministros. 

En Europa son más contundentes

En Europa, a diferencia de lo que sucede en nuestro país, los clubes o federaciones nacionales sí son responsables de lo que se produzca en los alrededores del estadio. Así lo expresa el artículo 16 relativo al orden y seguridad en las competiciones de UEFA y que dice lo siguiente: «Los clubes locales y las asociaciones nacionales son responsables del orden y la seguridad del interior y los alrededores del estadio tanto antes, durante y después de los partidos. Deberán cumplir con las obligaciones establecidas por UEFA para la seguridad. Son responsables de los incidentes de cualquier clase y se someterán a las medidas disciplinarias correspondientes salvo que puedan probar que no existió negligencia algún en la organización del encuentro».

Son muchos los casos de clubes o federaciones que han sido duramente castigadas por incidentes en los alrededores de los estadios. El Athletic Club fue sancionado con 40.000 euros y el cierre parcial del estadio de San Mamés por los graves incidentes en los prolegómenos del duelo de Europa League de 2018. Un ejemplo más próximo lo tenemos el pasado verano cuando UEFA sancionó a la Federación Inglesa con 100.000 euros y dos partidos a puerta cerrada por los incidentes en la final de la Eurocopa del pasado verano.

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