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Economía

El comercio textil pierde 30.000 tiendas en dos décadas y el gasto en ropa cae a la mitad

El sector acusa el impacto del cambio en los hábitos de consumo, la competencia online y el trasvase del gasto

El comercio textil pierde 30.000 tiendas en dos décadas y el gasto en ropa cae a la mitad

Tienda de ropa.

El comercio textil en España lleva dos décadas en retroceso. Desde comienzos de siglo ha perdido más de 30.000 establecimientos, en un ajuste silencioso que refleja un cambio profundo en el patrón de consumo de los hogares: gastar menos en ropa y más en experiencias. Desde 2006, el número de establecimientos ha pasado de 73.160 a 43.452 en 2025, lo que supone la desaparición de casi 30.000 tiendas, según un informe reciente de Acotex analizado por THE OBJECTIVE.

El ajuste no se limita a la red comercial. También alcanza de lleno al consumo. El gasto medio anual de los hogares en vestido y calzado ha caído de 1.881 euros en 2006 a 945 euros en 2025, un descenso del 50% que refleja un cambio profundo en las prioridades de gasto. Los datos del informe evidencian una tendencia sostenida, con dos puntos de inflexión claros. Primero, la crisis financiera de 2008, que golpeó con dureza al pequeño comercio. Después, la pandemia, que aceleró el trasvase hacia el canal online y consolidó nuevos hábitos de compra.

Entre ambos episodios, el resultado es un sector más reducido, más concentrado y con menor peso en la economía doméstica. Según estos datos, el gasto de los hogares en textil y calzado se ha reducido aproximadamente a la mitad en las últimas dos décadas, como recoge la evolución que muestra el informe. Una caída que no responde únicamente a ciclos económicos, sino a un cambio estructural en las prioridades del gasto, tal y como consideran desde la patronal. También en la forma de comprar ropa.

Cae el gasto

Hoy, vestir compite –y pierde– frente a partidas como el ocio, la restauración o la tecnología. La moda ha dejado de ser un componente central del consumo para convertirse en un gasto más prescindible, especialmente en un contexto de pérdida de poder adquisitivo, según Acotex. De acuerdo con los datos analizados por este diario, la moda ocupa ahora un lugar marginal en la cesta de consumo: apenas el 6,3% del gasto familiar, muy lejos de la vivienda (32,6%) o la alimentación (15,8%). 

A este cambio de demanda se suma una transformación radical del lado de la oferta. El auge del comercio electrónico ha erosionado el modelo tradicional, presionando precios y márgenes. La posibilidad de comparar en tiempo real y acceder a un catálogo global ha debilitado la posición del comercio físico, especialmente el independiente. Además, el auge de las plataformas chinas de comercio electrónico como Shein y Temu ha alterado profundamente el consumo textil tradicional, impulsando una demanda basada en precios muy bajos, rotación constante de tendencias y compras más impulsivas.

Este cambio ha debilitado a los canales clásicos -tiendas físicas y marcas locales- que no pueden competir en costes ni en velocidad de producción. Patronales del sector textil en Europa han expresado reiteradas quejas, denunciando competencia desleal, falta de regulación homogénea en aspectos fiscales y medioambientales, y el impacto negativo sobre la industria local, que ve erosionados sus márgenes y su capacidad de sostener empleo y producción de proximidad.

Menos tiendas, menos empleo

El informe también apunta a una creciente concentración del sector. El recorte del tejido comercial ha tenido un reflejo directo en el empleo. El número de trabajadores en establecimientos textiles ha pasado de más de 223.000 en 2007 a 168.214 en 2025, una caída cercana al 25%. La reducción se intensifica tras dos crisis: la financiera de 2008 y la pandemia. Desde entonces, el sector no ha recuperado los niveles previos ni en red comercial ni en ocupación.

El ajuste también se aprecia en la facturación. El comercio textil cerró 2025 con 11.107 millones de euros, lejos de los más de 22.000 millones registrados antes de la crisis financiera. El dato confirma que el sector no solo se ha reducido en número de operadores, sino también en volumen de negocio. Mientras miles de pequeños establecimientos han desaparecido, los grandes operadores han reforzado su dominio, apoyados en escala, logística y capacidad tecnológica. El resultado es un mercado más polarizado, donde sobrevivir fuera de los grandes grupos es cada vez más difícil. En paralelo, emergen nuevos factores que agravan la tendencia, tal y como explican fuentes del sector.

Inflación y pandemia

La inflación reciente ha reducido la renta disponible, obligando a los hogares a priorizar gastos básicos. En el plano cultural, se consolida un consumidor más racional, menos impulsivo y más abierto a alternativas como la segunda mano o el consumo ocasional. El retroceso del comercio textil no es, por tanto, un fenómeno coyuntural, sino la expresión de un cambio de ciclo. Menos tiendas, menor gasto y un sector obligado a redefinir su propuesta de valor en un entorno donde la diferenciación —ya sea por marca, sostenibilidad o experiencia— se convierte en condición de supervivencia.

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