The Objective
La otra cara del dinero

Por qué China es tan mala en fútbol

Un conservatorio puede fabricar pianistas excelsos, pero la genialidad de un Maradona brota en los potreros

Por qué China es tan mala en fútbol

La entrada de la inmobiliaria Wanda Group en el Atlético de Madrid formó parte de un desembarco general de empresas chinas en el fútbol europeo. | Europa Press

Mi mujer y yo tenemos una teckel preciosa. Es negra y fuego y, cuando en 2019 nos la regalaron, alguien sugirió ponerle Teka, pero esa era la empresa que entonces lucían las camisetas del Real Madrid y en casa somos irremediablemente rojiblancos.

«En todo caso Wanda, que patrocina al Atlético», dijo tajante mi hijo Miguel, y así se quedó.

Que mi mascota lleve el nombre de una inmobiliaria china revela hasta qué punto vivimos en una economía global y, simultáneamente, plantea una incógnita: ¿qué se le había perdido a su propietario, Wang Jianlin, en el fútbol español? Es una industria en la que los márgenes son (en el mejor de los casos) estrechos, porque las urgencias deportivas devoran todo recurso disponible. Como le escuché en cierta ocasión a Jorge Valdano: «Nadie va a la Cibeles a celebrar que el Real Madrid ha cerrado la temporada con superávit». El propio Wang lo reconoció en el Foro de Davos: «El Atlético no gana dinero, lo quema».

¿Y por qué había comprado un 20% de esa hoguera?, se interesó un periodista de Bloomberg.

Era una inversión filantrópica, dio a entender Wang. Quería que los niños de su país entrenaran con seriedad. Los 46 millones de euros que había metido tampoco suponían tanto para su gigantesca fortuna personal: su mansión de Londres le costó más del doble. Finalmente, la lógica no era tanto económica como política. El presidente Xi Jinping había decretado en 2011 el desembarco general en equipos europeos (Atlético, Manchester City, Aston Villa, Inter, Milan) para desentrañar sus secretos y conquistar la Copa del Mundo antes de 2050.

Quince años después, el balance no puede ser más desalentador.

La selección china no estará en el campeonato que se inaugura esta semana en el estadio Azteca de Ciudad de México. En la fase clasificatoria quedó última de su grupo, por detrás de potencias balompédicas como Indonesia y Bahréin. Ni siquiera ha tenido la opción de jugar la repesca.

Un método acreditado

«Se puede disculpar a los líderes chinos por adoptar [para el fútbol] la fórmula que ha ayudado al país a destacar en todo, desde la construcción de infraestructuras hasta la producción de vehículos eléctricos», explica Mark Dreyer, autor de Sporting Superpower.

«Se trata de un método habitual en otros ámbitoscoincide Simon Chadwick, que da clases de Estrategia para Firmas Deportivas en la Universidad de Salford—. Toman participaciones en sociedades extranjeras y contratan a técnicos para que formen a sus plantillas».

La entrada de Wanda Group en el Atlético responde al mismo patrón que la de Geely en Volvo o la de ChemChina en Pirelli.

Por otra parte, ha dado excelentes resultados en otras disciplinas deportivas, como la gimnasia y el tiro deportivo, pero, y aquí empiezan las diferencias, todas ellas se caracterizan porque «el éxito puede alcanzarse mediante programas de entrenamiento centralizados —dice Dreyer—. El fútbol, en cambio, depende de la improvisación, la imprevisibilidad y una amplia y profunda base de practicantes».

Pianista contra futbolista

Aunque un conservatorio exigente puede fabricar pianistas excelsos, la genialidad de un Maradona brota espontáneamente en los potreros del Gran Buenos Aires.

El pianista se mueve en lo que Robin M. Hogarth, Tomás Lejarraga y Emre Soyer denominan «entornos de aprendizaje amable», es decir, universos cerrados, en los que te enfrentas constantemente con desafíos similares, lo que te permite ejercitarte hasta adquirir las destrezas adecuadas. Si un alumno de piano se equivoca en un pasaje, el profesor lo obliga a insistir una y otra vez hasta que lo clava. Repetirse es un signo de progreso y un motivo de celebración.

El fútbol es, en cambio, un ecosistema caótico, donde nunca te bañas dos veces en el mismo río, porque si practicas siempre un único regate, por elaborado que sea, el rival lo acaba anticipando y te neutraliza. Repetirse es un signo de estancamiento y un motivo de inquietud.

Ganar y ganar y ganar

Tocar el piano es también una actividad cuantificable: puedes definir un conjunto de métricas que te permitan captar con cierto rigor la evolución del alumno. Pero, ¿qué es jugar bien al fútbol?

La prensa especializada nos bombardea con un torrente de KPI [siglas en inglés de indicador clave de rendimiento]: goles, asistencias, pases completados, faltas cometidas, fueras de juego, distancia recorrida, presiones, zonas de influencia… Y no digo yo que todo eso no le sirva de ayuda al cuerpo técnico, pero al final todo se reduce a lo que decía Luis Aragonés: «Ganar y ganar y ganar y volver a ganar».

Así lo entendieron los directivos chinos y, para complacer al camarada Xi, se ahorraron las estadísticas intermedias y fueron derechos al único KPI que importa: el resultado. ¿Cómo? Pagando.

«Más de la mitad de los clubes de la Superliga china —escribe Dreyer— han arrancado la temporada con puntuación negativa debido a sanciones relacionadas con el amaño de partidos, las apuestas y la corrupción. Transcurridas diez jornadas, el equipo de Tianjin aún no ha entrado en territorio positivo».

A mediados de 2017, Pekín incluyó los clubes europeos en la lista de sectores en los que no se podía invertir y de aquella fiebre futbolística apenas quedan hoy algunos estadios infrautilizados, un puñado de centros de entrenamiento y el nombre de mi perrita.

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