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José Carlos Rodríguez

Pablo Casado, a medio camino

«El problema es que entre los obstáculos que atropella Pedro Sánchez estamos los propios ciudadanos, están nuestras instituciones, y está nuestra democracia»

Editorial

Pablo Casado, a medio camino
Manuel Bruque EFE

Pablo Casado parece haber rescatado el turnismo. Él tiene que llegar al poder porque es “la única alternativa”, mientras que Pedro Sánchez es “el pasado”. De oposición en oposición, y gano porque me toca. Considera que este es su momento, que está ya preparado para rescatar a España como lo hicieron en su momento José María Aznar y Mariano Rajoy.

Él está preparado, y sabrá contar con un equipo capaz de tomar las riendas del Gobierno de España, pero eso no es suficiente. Que Sánchez es “el pasado” nos lo recuerda el propio presidente del Gobierno cuando tapa con un nuevo escándalo todos los anteriores; el horizonte temporal de este Gobierno se está acortando hasta llegar a un hoy que “pasa, y es y fue, con movimiento”, y en el que Sánchez conduce el Gobierno como en un coche sin frenos, sorteando con dificultad los obstáculos, y aún no todos. El de Sánchez es un Gobierno sin horizonte futuro, y que lo único que tiene es un pasado que se devora a sí mismo.

El problema es que entre los obstáculos que atropella Pedro Sánchez estamos los propios ciudadanos, están nuestras instituciones, y está nuestra democracia. Y, por si fuera poco atropello, está dispuesto a embestir la parte que controla del Estado contra la continuidad histórica de España. Por eso la disposición a heredar el poder no nos vale.

Casado tiene el deber moral, ante la sociedad española y ante nuestra historia, de crear una verdadera alternativa, de crear un proyecto político que no se limite a gestionar la debacle mejor que el PSOE y Podemos. Que recuerde a los españoles que somos un gran país, y que tenemos la capacidad de hacer cosas extraordinarias. Que les hable como a personas maduras, exponiéndoles los sacrificios que tendremos que hacer de forma ordenada y lógica, porque si no vendrán otros sacrificios mucho mayores.

Y tiene que presentar un programa viable. El PP no lo ha ofrecido en esta convención, que ha tenido más de team building que otra cosa. Pero al menos ha fijado algunos mensajes importantes, como que es necesario reformar las pensiones, que no hay que degradar a las mujeres con un victimismo infundado, que la igualdad es el principio ético rector en las relaciones entre las personas, y que hay que derogar las leyes que quieren imponer una visión de la historia sesgada, y además falsa. Pero no sabemos qué política propone el PP en materia energética, cómo va a encauzar el grave problema de las pensiones, u otros asuntos que quedan por cerrar.

Poner en duda el liderazgo de Isabel Díaz Ayuso en el PP en Madrid ha acabado por socavar el suyo propio en el PP nacional. Es un movimiento incomprensible. Hemos acabado viendo a Ayuso concediéndole a Pablo Casado ser el líder del PP, como si hubiera alguna duda al respecto.

En definitiva, Pablo Casado no ha recorrido el trayecto que le convierta en una verdadera alternativa a la revolución sanchista, pero al menos está siguiendo los pasos correctos. 

 

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