Jorge San Miguel

Libertad o lo que surja

«Se confirma una vez más que en este negocio hay más jetas que genios y que cuando tienes malas cartas lo normal es que pierdas»

Opinión

Libertad o lo que surja
Foto: Juanjo Martin| EFE

Como nuestra opinión publicada es muy perezosa -yo el que más, eh- y gregaria, se ha ido imponiendo el mantra de que en las elecciones madrileñas no se habla de materialidad ni de «los problemas de Madrid». ¿De qué se habla entonces? De libertad. O de fascismo.

No obstante, yo diría que por una vez esa «libertad» de los folletos está algo más sustantivada. Es una libertad elemental, crasa, de vuelo bajo si se quiere -nada a la altura de nuestras clerecías periodísticas y académicas, faltaría más. Pero reconocible al fin: la libertad de abrir tu negocio y de salir por ahí. Y en esa libertad se cifra hoy un modelo económico y social que, con sus desequilibrios, no ofrece servicios por debajo del estándar español y sí algo más de dinamismo económico -que no es imputable por completo ni a la gestión política ni a la «capitalidad», la fiscalidad y otros fetiches.

Así que las elecciones madrileñas van a tener un cierto anclaje material, como se demuestra también en el otro bloque: Más Madrid se destaca en campaña sobre el resto de la izquierda centrándose en un mensaje claro sobre los «cuidados» y los servicios públicos; escenificando incluso cierta incomodidad ante el teatrillo antifascista de la factoría de chatarra Iglesias-Redondo. Mientras, Ángel Gabilondo ensaya una campaña y un target distintos cada dos días e Iglesias agota los que parecen ser sus últimos momentos en la política formal -ya se anuncia que en el futuro podría seguir torpedeando la democracia española desde la televisión y en comandita con Roures. Lo celebro por él, no tanto por España: siempre es una bendición poder dedicarte a lo que de verdad te gusta y se te da bien, y es muy posible que haga más dinero. Queda por ver si Vox ejecuta de una vez ese giro chovinista tantas veces anticipado y fabulado y amplía su cuña en los electorados del sur madrileño a costa de una u otra opción izquierdista; un giro tanto más urgente en Madrid cuanto el espacio que les deja el PP de Ayuso es exiguo.

Por lo demás, no parece que quepan ya muchas sorpresas a estas alturas de campaña -daba hasta un poco de cosita ver a todos los portavoces de la opinión concertada repetir el viernes pasado que «todo había cambiado», casi con idénticas palabras, tras la espantada de Iglesias en la SER. Se confirma una vez más que en este negocio hay más jetas que genios y que cuando tienes malas cartas lo normal es que pierdas. Vale esto para Gabilondo y para Edmundo Bal, seguramente el único candidato con sentido que podía presentar Ciudadanos a estas alturas, pero enfrentado a circunstancias insuperables. Varios cuerpos por delante de todos, Ayuso sigue haciendo bueno el bon mot de que es la izquierda la que construye a las lideresas madrileñas, y la derecha madrileña la que -ya veremos- las defenestra.

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