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José Carlos Rodríguez

No volverán

«Iglesias se coloca como medalla su deseo de acabar con la alternancia democrática. Sólo con eso mina la confianza en nuestra democracia. El golpe de Estado moderno sigue su curso»

Opinión

No volverán
Emilio Naranjo EFE

El vicepresidente del Gobierno de España Pablo Iglesias le dijo el pasado miércoles en sede parlamentaria al principal partido de la oposición, el Partido Popular: «No volverán a formar parte del Consejo de ministros de este país». Estas palabras pueden ser la expresión de un cálculo electoral, pueden ser una amenaza, y pueden ser las dos cosas a un tiempo.

Son un cálculo, sí, porque aunque Partido Popular, Vox y Ciudadanos sumen más diputados que la coalición entre PSOE y Podemos, la ventaja del bloque de centro derecha tendría que sobreponerse al hecho de que muchos nacionalista no pactarán nunca con ellos. Ahí están los nacionalistas catalanes y EH Bildu, dispuestos a romper nuestra democracia para poder romper España. Es el objetivo contrario de la coalición PSOE-Podemos, que está dispuesta a romper España para poder romper nuestra democracia.

Esto quiere decir que el centro derecha nacional tendría que superar en unos 27 escaños a la coalición rupturista. Las encuestas le otorgan una ventaja de 8 o 9 diputados. No es razonable contar con los otros 6 que pudiera sumar el PNV, y además tampoco serían suficientes. Luego las palabras de Pablo Iglesias están ancladas en una realidad electoral que no es inamovible, pero sí difícil de superar. La radicalización de los nacionalistas ha herido gravemente la alternancia en España.

Pero no es una herida mortal de necesidad. España se encamina a una hecatombe económica provocada en gran medida por el Gobierno de Pedro Sánchez. No lo notamos del todo porque Sánchez está dilapidando los pocos recursos que tenemos para el próximo invierno económico, que puede durar años. Pero llegará. Y cuando cuatro, cinco, seis millones de españoles estén en el paro, la perspectiva de darle una mayoría suficiente al centro derecha será más cercana. Aznar y Rajoy ganaron cuando los socialistas nos dejaron dos graves crisis económicas y políticas.

Por eso las palabras de Iglesias son también una amenaza. Él quiere instaurar una democracia del siglo XXI, un régimen político que celebre el ritual de las elecciones pero sin riesgo real a que la oposición les pueda arrebatar el poder. Es una amenaza y es la expresión de un programa político. Iglesias se coloca como medalla su deseo de acabar con la alternancia democrática. Sólo con eso mina la confianza en nuestra democracia. El golpe de Estado moderno sigue su curso. Y puede que las que no vuelvan sean nuestras libertades.

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