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Laura Fàbregas

¡Viene Podemos a salvar a los 'riders'!

«A veces, una mezcla de mala consciencia -de quien se sabe privilegiado- y de purismo ideológico empuja a cierta élite política, en este caso Podemos, a emprender medidas que, paradójicamente, van en detrimento de aquéllos a quien dicen defender»

Opinión

¡Viene Podemos a salvar a los 'riders'!
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Ser una pija de pueblo tiene algunas ventajas sobre ser una pija de ciudad, como que de vez en cuando te cruzas con un pobre. Y si como los árboles nunca te mueves, puedes hasta casarte con uno de ellos. A este fenómeno, en las facultades de sociología lo describen de forma más fina, que es algo así como que hay menos distancia y más permeabilidad entre clases sociales.

El problema de la podemia en la capital es que nunca han visto a un pobre de cerca. En sus ‘Esades’ y escuelas pijo-progre no había ninguno. Y ahora tampoco hablan con los repartidores que les llevan la comida a domicilio.

Si al menos afinaran el oído se percatarían de que la mayoría de ellos son venezolanos. Y que a estos chicos no les compensa dedicar ocho horas al día a ello. Lo hacen a tiempo parcial, y para varias empresas, mientras estudian o tienen otros proyectos.

Se trata de un sector líquido, y que no se puede abordar con medidas del siglo XX. Si la contratación temporal de la segunda mitad de los 80 y de los 90 sirvió para que jóvenes y mujeres pudieran acceder a un mercado laboral rígido y copado por hombres, ¡blancos y heteros!, esta externalización del servicio de repartida que ofrecen las nuevas plataformas -no solo para su negocio sino también para los restaurantes de toda la vida- ayuda a muchos inmigrantes a integrarse, poco a poco, en la sociedad.

Pero España no es país para jóvenes. Y a partir de ahora lo será menos para jóvenes inmigrantes. No es ya el mantra de que las empresas como Glovo recortarán su número de riders si les tienen que pagar la seguridad social, es que aunque con el tiempo puedan asumir el número inicial (el coste nos lo cobrarán a los consumidores) a muchos de estos jóvenes dejará de interesarles un empleo que ya no les garantiza flexibilidad.

A veces, una mezcla de mala consciencia -de quien se sabe privilegiado- y de purismo ideológico empuja a cierta élite política, en este caso Podemos, a emprender medidas que, paradójicamente, van en detrimento de aquéllos a quien dicen defender. Y es que, sin la nueva ley, el mercado ya ofrecía modelos diversos. Dija, recién llegada a Madrid desde el Reino Unido que en solo 10 minutos te trae la compra en casa y presume de tener en plantilla a sus repartidores.

Diez años después del 15-M, todos los datos demuestran que los jóvenes están peor en términos de empleo. Y mientras el paro juvenil sube y se avecina una nueva crisis de deuda (que no económica), no hay un debate serio sobre qué reformas aplicar para dar empleo y seguridad a todos los que están en edad de incorporarse al mercado laboral. Pero qué le vamos a hacer si la llegada del fascismo es ahora la prioridad.

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