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Velarde Daoiz

El aire de Madrid, cada vez más limpio

«Gracias a la inmensa mayoría de los medios, la mayoría de la población tiene la percepción de que la calidad del aire ha empeorado»

Opinión
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El aire de Madrid, cada vez más limpio

La autopista de circunvalación de Madrid M-30. | Joaquin Corchero (EP)

Hace pocos días varias ciudades españolas (entre ellas Madrid y Oviedo) activaron sus protocolos por episodios de alta contaminación, «declarándose inaugurada» oficialmente la temporada 2021-2022 de periodismo apocalíptico relacionado con la polución atmosférica. Se sucederán durante los próximos meses titulares sobre estudios que hablan de miles o millones de fallecidos por la contaminación atmosférica, sobre cómo esta afecta no solo a nuestros aparatos respiratorio y circulatorio, sino incluso a nuestra inteligencia, y se amontonarán críticas mediáticas y políticas a diversos responsables, particularmente en España a los del Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid (el que tenga dudas, no tiene nada más que esperar unas semanas).

Gracias a las «objetivas informaciones» de la inmensa mayoría de medios de comunicación, la mayoría de la población tiene la percepción de que la calidad del aire en las grandes ciudades occidentales ha empeorado durante las últimas décadas y de que el tráfico en particular está haciéndolo irrespirable. Para intentar humildemente contrarrestar este bombardeo mediático en la ínfima medida de mis posibilidades, declaro yo inaugurada la temporada 2021-2022 de puesta en contexto de los datos reales de contaminación, que me ocupará varios artículos. En este en particular me centraré en Madrid y en la evolución de los principales contaminantes atmosféricos, pero adelanto que los datos y conclusiones son similares en la mayor parte de las ciudades de Europa y EEUU (e incluso en bastantes ciudades chinas).

Los principales contaminantes atmosféricos son el dióxido de azufre (SO2), el monóxido de carbono (CO) , el ozono (O3), los óxidos de nitrógeno (NOx) y las partículas en suspensión (PM 10 y PM 2.5). Me niego a considerar el CO2 como un contaminante atmosférico, pues en las concentraciones en que se encuentra en el aire, e incluso en las que se podrían alcanzar en los escenarios de emisiones más pesimistas para el próximo siglo, respirarlo no supone ni supondría ningún tipo de riesgo para nuestra salud. 

El Ayuntamiento de Madrid tiene dos fuentes principales de información sobre contaminantes atmosféricos. Por un lado, el Inventario 1999-2019 de emisiones contaminantes a la atmósfera, y por otro las memorias anuales de calidad del aire. En el primer documento se recuentan exhaustivamente todas las emisiones de gases contaminantes en Madrid durante dos décadas, desglosados anualmente por los sectores de actividad que las generan dentro del municipio. En el segundo, y apoyándose en una red de estaciones de medición instaladas en diversos puntos del término municipal, se describe la evolución en el tiempo de los diversos gases contaminantes presentes en el aire de Madrid.

Inventario de emisiones

Centrándonos en los contaminantes atmosféricos principales (excepto el ozono, que no un contaminante que se «emita» a la atmósfera, sino que se genera a partir de otros contaminantes y dependiendo de las condiciones meteorológicas y de insolación), podemos apreciar un fuerte descenso en el total de las emisiones en el municipio de Madrid durante las últimas dos décadas.

Este descenso es cercano al 90% en las emisiones anuales de dióxido de azufre y monóxido de carbono, de más del 60% en las de partículas en suspensión, tanto de las más grandes (PM10) como de las más pequeñas y dañinas para nuestro sistema respiratorio (PM 2.5), y de más del 50% en las de óxidos de nitrógeno.

El descenso en las emisiones de SO2 ha venido protagonizado por el sector de las plantas de combustión no industrial (es decir, fundamentalmente las calderas de calefacción domésticas, gracias al reemplazo de las calderas de carbón por gas natural, preconizado e incentivado desde el Ayuntamiento especialmente durante los años 80 y 90 del siglo pasado). Por cierto, los más jóvenes ya no lo recordarán, pero a mediados del siglo pasado e incluso hasta los años 80, en muchas ciudades occidentales, los episodios de contaminación por SO2 eran tan graves que provocaban el fallecimiento de cientos o miles de personas en pocos días. Incluso provocaron que, durante varios días de noviembre de 1979, las calefacciones de Madrid tuvieran que estar apagadas varias horas cada día. La caída de las emisiones de monóxido de carbono y óxidos de nitrógeno ha venido dirigida por el sector del transporte por carretera, gracias a motores más limpios y eficientes. Finalmente, calefacciones domésticas y tráfico rodado se reparten el éxito en el descenso de las emisiones de partículas en suspensión, aunque con mayor protagonismo para este último.   

Es reseñable que prácticamente el único grupo de actividad cuyas emisiones contaminantes han crecido en el Municipio de Madrid es el de «otros modos de transporte» (fundamentalmente el tráfico aéreo en el Aeropuerto de Madrid Barajas), y que la mayor contribución al descenso de emisiones de los dos contaminantes que actualmente más preocupan, las partículas pequeñas en suspensión PM2.5 y los óxidos de nitrógeno, ha venido de la mano del tráfico rodado.

Para ver cómo se han traducido estas reducciones de emisiones contaminantes al aire que respiramos, echemos un vistazo a las Memorias de Calidad del Aire que elabora el Ayuntamiento de Madrid desde al menos 2007 (con datos de la década anterior, desde 1998).

Según dichas memorias, desde 1998 los descensos aproximados en los contenidos medios de monóxido de carbono y dióxido de azufre en las estaciones de medición de contaminación de Madrid han sido cercanos al 80%. Los de partículas en suspensión, en torno a un 50%. Y finalmente, la concentración media de dióxido de nitrógeno en el aire que respiran los madrileños se ha reducido alrededor de un 60%. Como era de esperar, si las emisiones de gases contaminantes se reducen, la medición de dichos contaminantes en el aire se reduce de manera paralela y similar.

El único lunar en esta historia de éxito es la evolución del ozono, contaminante sobre el que es muy complicado actuar directamente pues, como comentaba anteriormente, no proviene de emisiones directas sino de las reacciones químicas entre otros contaminantes en determinadas condiciones de temperatura e insolación. Desgraciadamente, su concentración se ha incrementado significativamente durante las dos últimas décadas (alrededor de un 60%), especialmente en los meses de verano.

Aunque resulta difícil encontrar datos de los años 80 y anteriores, porque incluso algunos de los contaminantes (como los óxidos de nitrógeno) no se medían de manera sistemática, y debido a que como buen «periodista de investigación» tengo «gargantas profundas» en el Ayuntamiento de Madrid de aquella época (¡gracias, mamá!), puedo confirmaros que desde los 70 hasta 1998, donde por fin pueden empezar a consultarse online datos de contaminación oficiales, la calidad del aire de la ciudad de Madrid había mejorado ya espectacularmente. 

Como comentaba al principio, es bueno recordar que Madrid no es además una excepción, sino la norma dentro de Occidente: el desarrollo económico y tecnológico ha permitido mejorar el aire de nuestras ciudades de manera increíble. 

Espero que todo el que haya llegado hasta aquí se quede con un navideño e inequívoco mensaje de optimismo: el aire que respiramos hoy en Madrid es más limpio que el que se respiraba hace 10 años, mucho más limpio que el de hace 20 años, y muchísimo más limpio que el de hace 30 ó 40 años. Sin conformarnos, celebrémoslo.

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