THE OBJECTIVE
Manuel Pimentel

Los nuevos liderazgos

«Liderar conlleva sacrificio, generosidad y responsabilidad. No es fácil desarrollarlo y, mucho menos, hacerlo de manera excelente»

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Los nuevos liderazgos

El presidente de los Estados Unidos, Joe Biden y su homólogo francés, Emmanuel Macron. | Europa Press

Los tiempos cambian, los liderazgos, también. Al modo de Heráclito, todo fluye y nunca te bañarás dos veces en el mismo río del arte de liderar. Aunque, desde siempre, el liderar consiste en conseguir que personas se pongan a trabajar de manera coordinada para alcanzar un fin, las formas y maneras de conseguirlo han ido evolucionando en el tiempo. Lo esencial, claro está, se mantiene, pero los valores que motivan y movilizan fluctúan a lo largo de la historia. Y es que, como especie social que somos, precisamos de liderazgos adaptados a los valores y requerimientos de los tiempos en los que nos tocó vivir.

Conocer estos valores es anticipar una foto-robot del líder que desearíamos. Los valores sociales hoy son bien distintos a los de, por ejemplo, treinta años atrás, cuando nos abríamos hueco en Europa y toda nuestra obsesión social era prosperar económicamente y hacernos merecedores de figurar en el olimpo europeo al que idolatrábamos. Hoy, víctimas de cierto descreimiento europeísta, son los valores de sostenibilidad, salud o de igualdad, por citar algunos ejemplos destacados, los que motivan a una sociedad inquieta y preocupada. 

El líder de ayer respondió al espejo en el que nos reflejábamos por aquel entonces. Recuerdo, por ejemplo, los líderes empresariales que admirábamos en los ochenta del siglo pasado. Hoy, estarían en la cárcel. Sin embargo, su osadía, su arrojo siempre al límite, su más y más lejos, brillaban en la sociedad del momento. Hoy nos generarían rechazo. Los modos de liderazgo actual son más suaves en formas y prudentes en el fondo. Vivimos en la sociedad de la responsabilidad y exigimos un plus de ejemplaridad a quienes nos dirigen. O, al menos, esa es la teoría, porque enseguida se me responderá que jamás existió una corrupción como la actual. Falso.  El umbral de tolerancia social hacia las corruptelas varias se ha reducido, y comportamientos que antes se toleraban generan hoy un vivo rechazo social.

Liderazgos políticos, intelectuales, empresariales, sindicales y morales, entre otros, configuran en gran parte la sociedad que habitamos. Por eso, resulta de utilidad analizar los modelos de liderazgos y poner como ejemplo, para que nos iluminen y motiven, a los que consideremos más adecuados. Recientemente presidí un eminente jurado que dilucidó entre varias candidaturas de altísimo nivel que aspiraban al premio DUX de nuevos liderazgos. Canal CEO, impulsor del premio, quería reconocer no sólo la brillante gestión de una cuenta de resultados, sino que, también, deseaba premiar el propósito y el compromiso con los diversos valores – sostenibilidad, bienestar, igualdad – que alumbra esta época de zozobra. Muchas y muy buenas fueron las candidaturas presentadas, lo que demuestra la sensibilidad de los líderes empresariales ante esos valores dominantes en la sociedad.

Una sociedad excelente precisa de líderes excelentes. Y no es fácil conseguirlos. ¿Hace el líder a la sociedad que dirige o la sociedad es la que construye a sus líderes? Pregunta de compleja respuesta, pues la influencia fluye en los dos sentidos, hacia abajo y hacia arriba. Manuel Chaves Nogales, el clarividente periodista sevillano de los años treinta del siglo pasado, viajó a Alemania en 1933, para conocer el sorprendente ascenso del partido nazi. Entrevistó, entre otros, al mismísimo Goebbels y escribió varios reportajes premonitorios de lo que ocurriría inevitablemente en aquella Alemania abducida.

Reunimos varios de sus trabajos periodísticos en el fascinante libro Bajo el signo de la esvástica (Almuzara). Recuerdo que me impresionó vivamente su contenido, en especial cuando Chaves Nogales, más o menos, afirmaba que Alemania llevaba tiempo buscando a un líder que la condujera hasta la guerra. «Lo acaba de encontrar – afirmó -, y se llama Hitler». Acertó de pleno, como hoy bien sabemos, en sus vaticinios.  ¿Qué fue antes, entonces, el huevo o la gallina? ¿Hitler arrastró a Alemania a la guerra o Alemania buscó y encontró a un líder que la condujera hasta ella?

Sin duda alguna, el liderazgo más observado es el político, al tiempo que el más complejo, pues, al menos en teoría, los escogemos nosotros con nuestro voto. Pero votamos lo que votamos antes por odio o rechazo al otro que por amor al propio. Por eso, con frecuencia, los líderes a los que votamos nos suelen producir bastante indiferencia, cuando no rechazo. ¿Por qué? Pues probablemente porque se parezcan más a nosotros mismos de lo que nos figuramos y nos gustaría. En política – sobre todo en la española – moviliza más el ideal que la gestión de la realidad. Valores, ideología y aversión al rival son las grandes palancas de decisión de voto. Por tanto, el liderazgo político, sea del signo que sea, siempre alimentará esos factores diferenciadores y motivadores.

El liderazgo de empresa es diferente, pero muy interesante, también. El buen líder, aunque no sea votado por sus trabajadores, logra motivarlos y hacerlos trabajar al unísono al servicio del propósito y de sus fines. Un líder, hoy, como ayer, debe ser un creador de futuro, con metas y sueños realizables a escala humana. Un líder no sólo gestiona una cuenta de resultados, sobre todo gestiona las ilusiones y motivación del equipo que dirige.

Fue Platón quién diferenció entre el mundo de las ideas –perfectas– y la concreción siempre imperfecta de la realidad. O, dicho de otra manera, que cualquier realidad es un reflejo imperfecto del ideal de su esencia trascendente. También un líder debe tener una ideal y debe luchar para que su organización, tanto en funcionamiento como en resultado, se aproxime a él lo máximo posible. Los sueños, la visión, misión, el propósito y, también, la sana ambición por alcanzarlos, son el auténtico motor del liderazgo.

El líder es pues, como decíamos, un creador de futuro. En primer lugar, y ya es mucho, porque se atreve a soñarlo. Pero si ahí se quedara, se trataría de un simple soñador, de un contador de quimeras y utopías. No. El líder auténtico baja al terreno de la realidad y es capaz de conseguir, primero, que su equipo, comparta su visión, y que, después, trabaje en conjunto y motivado para alcanzarla de manera eficiente y rentable. En esa trilogía, en esa trinidad de tener la visión, de compartirla y de trabajar en conjunto por materializarla con los valores al gusto de la época, reside la esencia del liderazgo que hoy valoramos.

Liderar conlleva sacrificio, generosidad y responsabilidad. No es fácil desarrollarlo y, mucho menos, hacerlo de manera excelente. Porque no olvidemos que los líderes que más admiramos son aquellos nos hacen mejores. 

También, desgraciadamente, a veces nos toca sufrir líderes tóxicos que terminarán arruinando la organización. Un mal líder dañará seriamente a la empresa que lo padece. Aunque logre zafarse de su mando, las heridas y enfermedades tardarán tiempo en sanar. 

No hace mucho, y con motivo precisamente de la organización de los premios DUX, almorcé con Antonio Garrigues Walter. Brillante, como siempre, contó un chiste cruel sobre el falso liderazgo. «Se abre el telón. Al fondo, entre penumbras, aparecen unas sombras que se alejan en desbandada. En primer plano, un hombre con los brazos extendidos les grita desesperado: ¡Esperadme, que soy vuestro líder!». Pues eso, aviso a navegantes, que no nos ocurra a nosotros con el nuestro.

Si la empresa no prospera, no existe liderazgo posible a medio plazo. Pero si no comparte visión y propósito con el equipo, tampoco. Al final, el buen líder, como los caminantes sabios del desierto, miran a sus pies mientras caminan para no tropezar, pero elevan la vista a las estrellas de vez en cuando para no perderse. En el equilibrio entre el propósito y los valores compartidos y en la gestión eficiente y rentable de la realidad radica el secreto de los líderes que nos sirven de motivación y ejemplo.

Lo dicho, los tiempos cambien y los modelos de liderazgo, también. Luche por alcanzar el suyo propio en coherencia entre su forma de ser y los valores e ideales compartidos de esta época apasionante que nos tocó vivir.

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