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Miguel Ángel Benedicto

OTAN: quien paga manda

«La realidad es que Europa no está preparada para conflictos de alta intensidad ni para la intervención militar directa frente a Rusia»

Opinión
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OTAN: quien paga manda

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, durante la cumbre de la OTAN en Madrid. | Nacho Doce (Reuters)

La cumbre de la OTAN ha sido una muestra de liderazgo de Estados Unidos y de la debilidad europea en defensa, además del giro de nuestro Gobierno para recomponer la relación con Washington y conseguir relanzar la imagen internacional del presidente Pedro Sánchez.

Europa desde los años 50 dejó la defensa en manos de la OTAN y eso junto a las ayudas del Plan Marshall le permitió desarrollar el estado del bienestar. Pero el mundo ha cambiado, las prioridades de EEUU ya no son las mismas y la rivalidad con China es ahora su máxima prioridad. El expresidente Donald Trump ya advirtió que no estaba dispuesto a pagar un dólar más ni a verter una gota más de sangre americana en suelo europeo, a no ser que hubiera más euros sobre la mesa. Con Joe Biden en la Casa Blanca y tras la guerra de Ucrania, Estados Unidos no ha dejado a sus aliados en la estacada y ha liderado la confrontación frente a Putin, pero no está dispuesto a que nos salga gratis.

Pese a los anuncios de la Europa geopolítica, la cumbre de Madrid ha venido a certificar la preponderancia de la organización atlántica en temas de defensa sobre la Unión Europea, tras invitar a Suecia y Finlandia a entrar en la Alianza. Si la cláusula de asistencia mutua de la UE (artículo 42.7 del tratado de Lisboa), que permite prestar ayuda y asistencia a cualquier Estado miembro de la UE que ha sido objeto de una agresión armada en su territorio, les diera la misma confianza a los dos países nórdicos que el artículo 5 del tratado de Washington, es probable que no se hubieran decantado por ser socios de la Alianza.

«Sánchez, antaño poco partidario de la existencia del Ministerio de Defensa, es consciente de las dificultades que conlleva ese incremento presupuestario»

La realidad es que Europa no está preparada para conflictos de alta intensidad ni para la intervención militar directa frente a Rusia. En cambio, la OTAN puede hacer frente a la agresión de Moscú desde la Guerra Fría con estructuras de mando y control. De ahí, que haya tomado el protagonismo para disuadir a Putin con el anuncio del despliegue de 300.000 efectivos en el frente oriental de manera rotatoria o con bases militares en el Este de Europa. El problema será el precio, pues no es lo mismo rotar soldados cada seis meses que buscar vivienda estable para los militares y sus familias. En la cumbre de Madrid, Europa se ha comprometido a pagar con un aumento del presupuesto hasta el 2% del PIB en defensa de los países que pertenecen a la Alianza. Un compromiso que Estados Unidos lleva años pidiendo, tanto desde administraciones demócratas como republicanas, pero que llega en un momento complejo dado el incremento de la inflación en la UE, la futura subida de tipos por parte del Banco Central Europeo y la probable recesión económica que se avecina. 

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, antaño poco partidario de la existencia del Ministerio de Defensa, ahora es consciente de las dificultades que conlleva ese incremento presupuestario para 2029 y, esta vez, al revés de lo que hizo con su cambio político respecto a Marruecos, quiere el apoyo de todo el arco parlamentario. Sus socios de Unidas Podemos no están por la labor de subir el gasto en defensa, en cambio el PP estaría dispuesto a apoyarle al igual que en el acuerdo alcanzado con EEUU para acoger dos nuevos buques de guerra americanos en la base de Rota. Un nuevo giro de 180 grados en la relación de Madrid con Washington, tras la ruptura por la salida de las tropas españolas de Irak en la época de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Gobierno.

Joe Biden y Pedro Sánchez

El presidente norteamericano, Joe Biden, agradeció el gesto de Sánchez con varias fotografías y conversaciones animadas, que nada tuvieron que ver con los 50 segundos de coitus interruptus en aquella ya lejana cumbre de Bruselas. Biden sabe que España es ahora uno de los grandes compradores de gas norteamericano y nos ha compensado en el nuevo Concepto Estratégico citando las amenazas híbridas que provienen del flanco sur como el corte del suministro energético o la utilización torticera de la inmigración ilegal. Además, aunque el Gobierno no haya conseguido una mención explícita a Ceuta y Melilla, sí se recogió una referencia a que se garantizará la soberanía e integridad territorial de los países aliados. Unas palabras que no implican un mecanismo de defensa automático en caso de ataque a las ciudades autónomas, pues seguirá siendo necesaria la voluntad política de los 30 socios de la Alianza. Aunque el flanco sur quedó en un segundo plano, si se ha hecho referencia a la zona del Sahel, donde el terrorismo yihadista campa a sus anchas en países como Malí desde que Francia retiró su operación militar en la zona. Ahora son los mercenarios rusos del grupo Wagner los que se han aliado con el Gobierno de Bamako para ahuyentar al yihadismo violento, tras la salida de las tropas francesas y pese a las misiones de la UE en la zona. Unas misiones que al ser no ejecutivas no permiten a los soldados de la UE entrar en combate salvo en legítima defensa. Esta zona que tanta inestabilidad puede exportar al sur de Europa en forma de terrorismo, mafias de trata de seres humanos, tráfico de armas y drogas; no es prioritaria para la OTAN pese a la cacareada visión de 360 grados. 

Es en el flanco sur de la Alianza dónde Europa sabe que debe aumentar su contribución en defensa y ser más autónoma dentro de la OTAN para poder defender en el futuro sus áreas de vecindad de manera independiente. Para ello cuenta con herramientas como los grupos de combate de 1.500 efectivos, una fuerza de respuesta rápida que lleva en activo desde 2007 pero que nunca se ha utilizado. De ahí que pueda parecer una quimera la puesta en marcha de una fuerza de 5.000 combatientes, que el Alto Representante Josep Borrell quiere tener dispuesta para 2025. 

Washington tiene su mirada puesta en el Pacífico, como ha demostrado al invitar a la cumbre a Japón, Corea del Sur, Nueva Zelanda y Australia, y al considerar a China como un desafío estratégico. El lazo transatlántico está vivo, pero ya hemos visto cómo puede quebrarse en cualquier momento. El próximo mes de noviembre hay elecciones de medio término en Estados Unidos para renovar el Congreso y la población ya nota la subida de precios. Pese a que el nuevo Concepto Estratégico dice que la defensa de Ucrania es vital, una victoria republicana o de partidarios de Trump en esos comicios podrían obligar al presidente Zelenski a un trato de paz por territorios para acabar con la guerra. Y los líderes europeos, que con Sánchez a la cabeza apoyan al presidente ucraniano de manera indefectible, podrían flaquear si lo hace el aliado americano. Quien paga manda y en la OTAN el 69% del presupuesto es norteamericano.

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