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Rosa Cullell

¿Medios públicos o gubernamentales?

«No hay en España consenso para que los medios públicos sean ajenos a los vaivenes políticos, lo que es una condena para los buenos profesionales»

Opinión
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¿Medios públicos o gubernamentales?

El hasta ahora presidente de RTVE, José Manuel Pérez Tabernero. | Europa Press

Por un momento pensé que José Manuel Pérez Tornero salía de RTVE por las bajas audiencias (8,1% en agosto), o por el desmedido gasto del ente o por la elevada deuda (600 millones). Santa inocencia. ¡A quién le importa la gestión! Son los partidos de Gobierno, que le han retirado su confianza. Podemos ha explicado, sin tapujos ni respeto por los trabajadores del grupo, que la decisión de echar al directivo se basa en el apoyo dado al PP (según ellos). 

He dirigido dos grupos audiovisuales durante mi carrera profesional, uno público (la Corporación Catalana de Medios Audiovisuales) y otro privado (el grupo portugués Media Capital). La experiencia me ha llevado a una sencilla conclusión: el directivo de los medios privados trabaja obsesionado por la audiencia, la publicidad y el control de costes; en el caso de los medios públicos, el objetivo de sus dirigentes acaba siendo contentar al partido que manda, hacerle salir bien en pantalla, cueste el dinero que cueste.  

Hasta llegar a esa triste evidencia, durante mucho tiempo pensé que la independencia del poder político, el equilibrio informativo y una buena programación con costes razonables, podría asegurar la supervivencia de las televisiones y radios públicas.

Empecé a dudar poco antes de ser escogida directora general de la CCMA en concurso público. Me llamó por teléfono el poderoso director de Comunicación de un partido catalán: «Retira tu candidatura. No te conviene entrar en un ente cuyas direcciones hay que repartir entre los partidos». Me quedé pasmada. ¿Cómo sabía que me había presentado? No estaba en el supuesto jurado y, según la nueva ley aprobada por el Parlament, era el director general quien escogía a los directivos. Cuando lo conté en casa, mi hija, entonces muy joven, se rebeló ante mis ganas de salir corriendo: «Mamá, si ahora no te presentas, ganan ellos».

Acepté el cargo, pero aquel político nacionalista llevaba razón. A los dos años dimití sin que nadie me lo pidiera, convencida de que no había nada que hacer. 

«En España contamos con 12 corporaciones audiovisuales autonómicas y una RTVE que abarca toda nuestra geografía»

Pasan los años y seguimos igual. No hay en España consenso para que los medios públicos sean ajenos a los vaivenes partidistas, a los cambios de gobierno. Los excesos que esa situación  provoca son una condena para los buenos profesionales: periodistas, administrativos, técnicos, actores, especialistas en ficción o entretenimiento… Solo en RTVE trabajan más de 6.000 personas; son 2.300 en la Corporación Catalana

Las televisiones y radios que pagamos con los presupuestos del Estado llevan tiempo viviendo al margen de la realidad económica y social del país, olvidan la gestión y la necesidad de adaptarse a los tiempos. En España contamos con 12 corporaciones audiovisuales autonómicas y una RTVE que abarca toda nuestra geografía. Prefiero obviar la retahíla de medios de diputaciones y ayuntamientos para ahorrarles el bochorno.

Los ciudadanos cuestionan cada día más el destino del dinero de sus impuestos, las contrataciones a dedo, el clientelismo de unos y de otros. Si los votantes españoles pudieran elegir entre dedicar más financiación a  educación y sanidad o a las televisiones es fácil pensar qué escogerían. Hasta los británicos se niegan ya a pagar el canon de la BBC -que continúa siendo impecable y alejada de cualquier partidismo- alegando que no la ven, que ni siquiera tienen un aparato de televisión en casa. 

El último episodio en RTVE es otra paletada de arena sobre la tumba que se está cavando a los medios públicos. Actualmente, los informativos de TVE son relativamente equilibrados, diversos en sus opiniones y poco populistas, incluso, a veces, exageradamente puntillosos. Esas cualidades, como acabamos de ver, no son valoradas, menos aún cuando se acercan elecciones. 

«El objetivo de Elena Sánchez, la nueva presidenta, también ‘provisional’, será llegar hasta las elecciones generales»

Al inicio de la actual legislatura de izquierdas, hubo un intento del Gobierno de Pedro Sánchez de tramitar en el Parlamento una ley que contemplara el concurso para elegir directivos. No pudo ser. Ante la falta de quórum parlamentario, Rosa María Mateo fue designada administradora provisional de RTVE (extraño cargo) a través de un Real Decreto que, cuatro meses después de su salida, anuló el Tribunal Constitucional. La presidencia de Pérez Tornero -pactada por PSOE y PP- ha durado aún menos, año y medio. El objetivo de Elena Sánchez, la nueva presidenta, también provisional, será llegar hasta las elecciones generales. Tres dirigentes para una sola legislatura, qué empresa aguantaría eso.

Veo poco o ningún respeto por el periodismo independiente y la función de los medios de comunicación. Y creo que es un error político, que anima a la desafección ciudadana. La actitud partidista, la tozudez en querer atar la información en corto, provoca pérdida de prestigio y de credibilidad. No solo de los medios, también de los partidos políticos. 

La relación entre excesivo gasto, caída de espectadores y dependencia política no aguanta el análisis económico ni el ético. Solo la independencia, el cuidado de los contenidos, el apoyo a la industria audiovisual y la promesa de un cambio de modelo para los medios de todos podrá justificar su supervivencia. De lo contrario, en vez de Medios Públicos, llamémosles Gubernamentales. 

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