El sanchismo plurinacional
«Quieren escribir una nueva Carta Magna y convertir a España en el Estado plurinacional y sanchista de Europa. Que Dios nos coja con el pasaporte en la mano»

Ilustración generada mediante IA.
España será plurinacional o no será. Porque lo dice Iván Redondo, el retornado asesor de Pedro Sánchez. Esos amigos del alma han decidido que hay que cambiarlo todo para que nada cambie en Moncloa. La Constitución se ha quedado anticuada y no le sirve ni a la juventud ni a Felipe VI. Su reino no es el de su padre, afirma Redondo, que sabe mucho de casi todo. Avanzó su vuelta al ruedo en La Vanguardia, donde es articulista semanal y asesor en Madrid. Todo muy útil. El presidente español y su antiguo jefe de gabinete se proponen acabar con el Estado y declarar como naciones, en mayúsculas, a Cataluña, Euskadi y Galicia.
Detrás de todo, está la ambición sin medida del secretario general del PSOE, que quiere volver a gobernar, sí o sí, en 2028. Para conseguirlo, el asesor le está escribiendo un informe con los detalles del nuevo proceso hacia el país de nunca jamás. Quieren escribir una nueva Carta Magna y convertir a España en el Estado plurinacional y sanchista del sur de Europa. Que Dios nos coja con el pasaporte en la mano y un apartamento en Huelva.
En este país nuestro (por ahora) no hay lógica, ni presupuestos ni leyes aprobadas en el Parlamento; seguimos a golpe de decreto, a golpe de efecto y con mucha falta de sentido común. En estos tiempos de currículums falsos, tesis copiadas, juicios por corrupción y mensajes cortos, ya nadie se atreve a reírse de ningún eslogan o campaña por estúpidas que sean. Hay que tomárselo todo en serio. Van a por la victoria final y no creen en la alternancia, condición esencial de las democracias. Pretenden, me temo, sentar un precedente en Europa. No les extrañe que Redondo acabe vendiendo sus oficios al laborismo inglés del primer ministro Keir Starmer, tan maltratado en las recientes elecciones locales ganadas por los conservadores.
¿Qué día serán las próximas elecciones generales en España? Eso le preguntaron en El Mundo a Iván y la respuesta fue terrible: «Me gustaría que fueran el 18 de julio de 2027». El exjefe de gabinete de Pedro Sánchez no se corta ni ante la historia, que piensa manipular a su antojo. Acabarán, presidente y asesor, explicándonos su versión de la Guerra Civil. Me juego lo que quieran a que, en ella, solo asesinaban los de un bando. Por ahora quieren recordarnos que ese mismo día de verano, en 1936, empezó la contienda española. Puro simbolismo… del facilón. Del de malos y buenos.
Convertirán el golpe militar franquista de hace más de 90 años en una historia ejemplar «que no se debe repetir» en el presente. Es vergonzoso. Sin saber de historia, pretenden utilizar similitudes donde no las hay y seguir olvidando la Transición. Usarán el pasado sin respeto con el objetivo de intentar que nos traguemos su «asertiva» propaganda para progres «empáticos». Es lamentable que llamen comunicación política o estrategia electoral a lo que andan haciendo.
«Reparten ya naciones inconstitucionales, con tal de frenar el hundimiento, el cambio»
Las noticias del período que se avecina, para espanto de constitucionalistas, han coincidido esta semana con el juicio a la banda de los Pujol. Aunque el padrino Jordi haya sido exonerado por viejo y enfermo, los hijos siguen encausados. Les piden penas de entre ocho y 29 años. El fiscal, en su alegato final, se negó el pasado martes a aceptar el discurso victimista de la defensa dels nens. Advirtió que este procedimiento, que va a cumplir 12 años, juzga delitos fiscales, de blanqueo de capitales y de falsificación de documentos mercantiles.
No es poco, además de ser muy internacional. Plurinacional, podríamos decir, ya que los millones de la familia siempre han estado fuera. Ir a Andorra con la maletita ha sido una tradición muy catalana. Por eso, quizás, los políticos nacionalistas/soberanistas y asociados exsocialdemócratas piensan que no hay para tanto, al tiempo que suspiran por el control total de los impuestos. Siempre que visito mi tierra natal, me sorprende tanta comprensión hacia la famiglia.
Viendo la que se avecina en las elecciones andaluzas, los nuevos socialistas que nos gobiernan han decidido jugar su última baza: apoyar la causa de los independentistas catalanes y de los exetarras de Bildu para que sigan manteniendo a Sánchez en su trono. Reparten ya naciones inconstitucionales, con tal de frenar el hundimiento, el cambio. Dudo que los gallegos se dejen liar.
La vuelta de Redondo a Moncloa, la preparación de las trincheras desde donde disparar al enemigo facha (todo el que no les vota), es la prueba de que el sanchismo (hay otro PSOE, pero sigue callado) ha visto las orejas al lobo en Andalucía. Pase allí lo que pase, irán a por todas; hasta lo inimaginable (por si aprobar la amnistía no hubiera sido suficiente). Si oyen hablar de «frente popular», no se rían.
«Colau y Rufián tienen muy claro que hay que construir un muro para proteger el voto de la izquierda a la baja»
Los socios útiles estarán al lado del Gobierno. La exalcaldesa Ada Colau, líder de las flotillas, y el republicano/independentista/socialista Gabriel Rufián tienen muy claro que hay que construir un muro para proteger el voto de la izquierda a la baja. Ya no hay amigos en la discrepancia. Si no pactan con Pedro, están fuera de juego. Miren ustedes la cara de hartazgo que se le ha puesto al olvidado Puigdemont, ese traidor que acaba de votar con el PP, como hacía Pujol.
Cada vez que Montero sale en la tele, a los soldados de los regimientos socialistas, independentistas y podemitas se les encoge el corazón. Se ven en el exilio de la oposición y sin pintar ni cortar nada en Europa. No hay guerra en la que quieran (ni puedan) entrar, pero España ha vuelto a las barricadas. Sanchismo plurinacional o muerte política. Por el triunfo de la Confederación.