The Objective
Rosa Cullell

La tele privada de Sánchez

«No se puede seguir pagando, con dinero público, a televisiones que acaban siendo del partido que gobierna, nunca de todos. Hay que cambiar el modelo»

Opinión
La tele privada de Sánchez

Ilustración de Alejandra Svriz

Ya es de ellos, del Gobierno de Pedro Sánchez. TVE se ha convertido en un coto privado, donde solo entran los amigos del jefe. Y se contrata, más que nunca, a productoras externas para hacer el trabajo fino, el de la información a medida que nunca harían los periodistas de la casa. En este 2026, el de los viajes del presidente al paraíso democrático chino, se ha dado un paso más hacia la opinión única. La información, en vez de en los telediarios, se emite ahora en programas como Mañaneros 360 y Malas Lenguas. Les llaman infotainment (lit.: «infoentretenimiento»). Es un poti-poti de pseudoinformación. 

El Consejo de Informativos (CdI) de RTVE lleva un tiempo analizando las quejas de los periodistas del ente. El pasado año, el CdI promovió una votación para decidir si iniciaba protestas contra la intromisión en la información. Un exhaustivo informe del citado e independiente organismo ha llegado ya a la conclusión de que esos dos programas externos «incumplen las normas de elaboración de informativos». Entre el total de las 100 denuncias analizadas, se han encontrado «noticias falsas, confusiones claras entre opinión e información, además de constantes faltas de verificación de los hechos difundidos». 

Parece que a los nuevos directivos de «la pública» les cuesta encontrar profesionales dentro del propio ente y los buscan fuera, en productoras privadas. Extraño. El número de periodistas de TVE se eleva a 1.900, que no son pocos, y la plantilla total de la empresa asciende a 7.000 trabajadores. 

La situación actual de la televisión pública es cada día más tensa y sus problemas se derivan de la excesiva intervención política, que no valora la pluralidad ni el trabajo periodístico. Es consecuencia, también, de los cambios en su legislación. En 2024, el Gobierno socialista aprobó un real decreto para aumentar de 10 a 15 los miembros del consejo; también se decidió que las decisiones se tomaran por mayoría simple. Actualmente, once de los consejeros son diputados, todos nombrados por el PSOE y sus socios (ERC, Junts, PNV, Sumar, Podemos…). El resto, cuatro senadores del PP, poco pintan. 

En la BBC, la mitad de los consejeros son independientes. No son nombrados por el Gobierno ni por los partidos. A pesar de ello, en el Reino Unido y en otros países, aumentan los ciudadanos que se resisten a pagar el coste de la televisión pública. Ni la ven ni la necesitan. 

«El derroche de gasto sin fin, iniciado en 2024, le ha supuesto al ente público pocos puntos de aumento en las audiencias»

En España, la diferencia de costes entre RTVE y los canales privados es flagrante. Mediaset y Atresmedia, sumadas, cuentan con 3.500 empleados, la mitad de los que tiene en plantilla RTVE. Y la empresa audiovisual cuesta a las arcas del Estado entre 1.000 y 1.200 millones de euros anuales. Además, su deuda sigue subiendo; roza los 700 millones. 

El derroche de gasto sin fin, iniciado en 2024, le ha supuesto al ente público pocos puntos de aumento en las audiencias. ¿Quién defiende tanto gasto cuando las audiencias se mantienen entre el 10 y el 11%? Sólo quienes piensan que necesitan un canal (nacional o territorial) para ganar elecciones. 

En TVE proliferan ahora las críticas de influencers y cómicos sin gracia contra «la malvada oposición». Algunos parecen creer que van a acabar con la extrema derecha a base de hacerle la pelota a la izquierda. Según un reciente informe del Instituto Juan de Mariana, ya publicado por THE OBJECTIVE, en Televisión Española las menciones negativas al PP y a Vox doblan ya a las que se hacen al Gobierno. 

Desde 2018, primer año de Pedro Sánchez como presidente, la plantilla contratada o fija de periodistas (personal de «información y contenidos») del ente audiovisual público ha aumentado en unas 600 personas. Está claro que el negociado de las «amistades» es útil, pero ahora se refuerza dando aún más trabajo a las productoras amigas. 

«En el Consejo de TVE manda José Pablo López, su presidente. Dicen que es un buen abogado, también directivo, pero es un periodista sin currículum alguno en la información»

Muchos profesionales de «la Pública» han sido grandes periodistas, buenos entrevistadores, gente con carrera en otros medios, experiencia a sus espaldas y oficio que enseñar. Acaba de fallecer uno de ellos, Diego Carcedo, gran reportero y periodista. Yo también recuerdo con admiración a Pilar Miró, la directora de cine y presidenta del Ente que se enfrentó al vicepresidente Alfonso Guerra y salió tarifando, pero entera. Eran otros tiempos, en que los cargos públicos dimitían o se iban. 

En el Consejo de TVE manda José Pablo López, su presidente. Dicen que es un buen abogado, también directivo, pero es un periodista sin currículum alguno en la información. La mayoría de los españoles sólo nos fijamos en López y supimos de él cuando decidió que España saliera de Eurovisión. Luego, en un golpe muy televisivo, fichó a David Broncano para acabar con el liderazgo de Pablo Motos y su Hormiguero.

Los fichajes han salido caros o regulares, y la dirección ya ha anulado el «doblete» de los jueves del cómico. En total, el programa y sus risas cuestan 14 millones por temporada. La otra estrella invitada y amada por la televisión pública, Silvia Intxaurrondo, anda en juicios con el ente, del que cobra unos 260.000 euros al año.

Los altos costes internos, el exceso de contratación y la intromisión política en los contenidos informativos están destruyendo RTVE. No se puede seguir pagando, con dinero público, a televisiones que acaban siendo del partido que gobierna, nunca de todos. 

Hay que cambiar el modelo. Si un partido quiere un canal propio, que se lo pague él. Televisión Española la pagamos todos los españoles, pero se ve, se dice, se hace, sólo lo que quiere uno: Pedro Sánchez.

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