THE OBJECTIVE
Daniel Capó

Un hijo más

«La mejor política para España será la que se dirija a las familias, que es como decir a los hijos. La que fomente la natalidad y no la persiga fiscalmente»

Opinión
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Un hijo más

Erich Gordon

Hace unos años, el economista norteamericano Bryan Caplan publicó un libro titulado Selfish Reasons to Have More Kids (es decir, «razones egoístas para tener más hijos»). La conclusión era sencilla: convendría que todos tuviéramos un hijo más –al menos uno– de lo que inicialmente hubiésemos previsto. El argumento que utiliza también es sencillo: tener más hijos es socialmente bueno y económicamente necesario, además de constituir un motivo de alegría para las familias. A Caplan no le han hecho mucho caso si miramos las estadísticas, pero nos equivocaríamos si desdeñásemos sus razones, y más en un país como el nuestro en franco declive demográfico. La tasa de fecundidad en España apenas alcanza 1,24 hijos por mujer (al mismo nivel que Italia, y por debajo de Portugal y de la media europea): una cifra muy inferior al índice de reemplazo generacional, que son 2,1 hijos por mujer. Caplan hablaba de los Estados Unidos y soñaba con elevar esta tasa hasta al menos 2,5 y de forma ideal hasta tres. Los efectos positivos de una natalidad al alza llegarían en cascada: la sociedad se rejuvenecería –factor clave para la economía y la productividad–, los costes vinculados al Estado del bienestar se relajarían y las demandas de la ciudadanía se modificarían ligeramente; también la clase política se vería obligada a gobernar pensando más en el futuro y menos en el presente inmediato. Como nos recuerda Ross Douthat, el columnista estrella de The New York Times, citando los últimos estudios sociológicos, «un país con baja natalidad crece menos económicamente, es menos emprendedor y más resistente a los cambios y a la innovación, y sufre de esclerosis en sus instituciones públicas y privadas. Incluso tiende a ser menos igualitario, ya que las grandes fortunas se reparten entre un menor número de herederos».

Para España –y para Europa en general–, un hijo más supondría un salto adelante, una señal de confianza. Sobre todo, porque no se conoce un solo caso en la historia en que la prosperidad de una nación se obtenga con el envejecimiento masivo de su población. A medida que desciende la natalidad y la ciudadanía se hace mayor, se incrementan los costes fijos de la Seguridad Social y se reorientan las políticas de inversión. A partir de una cierta edad, lo que prima es la protección patrimonial –no perder el trabajo, no equivocarse en las decisiones de ahorro–, frente a las innovaciones que traen los jóvenes. En un mundo definido por la tecnología, la primavera demográfica constituye un activo de primera categoría, como saben los países que han hecho de las ayudas a la natalidad una política de Estado.

«La política de un hijo más debería ser un objetivo de Estado»

Mientras Pedro Sánchez busca desesperadamente atraer el voto de los jubilados con una irresponsable subida de las pensiones y los populares se descuelgan con un absurdo bono cultural para los seniors, uno se pregunta dónde quedan las familias. La mejor política para España será la que se dirija a las familias, que es como decir a los hijos. La que fomente la natalidad y no la persiga fiscalmente. La que facilite el acceso a la vivienda, ya sea en alquiler o en propiedad. La que adapte los horarios escolares a las exigencias de conciliación familiar. La que ofrezca becas generosas a una inmensa mayoría. La que se asiente en la necesidad de capitalizar a las familias y no al contrario. La que piense en el largo plazo y no cargue sobre las espaldas del futuro la prosperidad de una generación determinada. La que abra espacios laborales y empresariales, y no se limite a proteger a los que ya están dentro.

La política de un hijo más debería ser un objetivo de Estado y eso pasa no sólo por medidas fiscales, viviendas asequibles y ayudas económicas –que, por supuesto, son imprescindibles–, sino por un cambio cultural, de valores y de narrativa. Que la tasa de natalidad volviera a subir de forma decidida sería la mejor noticia imaginable para un país que sueña con ser relevante.

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