THE OBJECTIVE
Esperanza Aguirre

Hoja de ruta constitucionalista

«Así como la unión de PP y Vox es imprescindible para derrotar a Frankenstein, es crucial articular pronto una alternativa socialdemócrata, es decir, antisanchista»

Opinión
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Hoja de ruta constitucionalista

Ilustración de Alejandra Svriz.

La XV Legislatura de la democracia española ya ha echado a andar. Constituidas las Cámaras en agosto y después de tres meses de negociaciones para lograr una mayoría, ya hay Gobierno. Hay que recordar que el difunto Rubalcaba, cuando vio cómo, en el verano de 2016, Sánchez, que en las elecciones de junio de ese año había obtenido unos escuetos 84 escaños, maniobraba para alcanzar una mayoría unido a Podemos y a los independentistas, sentenció que eso sería crear un gobierno Frankenstein. Pues bien, ahora el carácter siniestro del gobierno que se acaba de formar lleva hasta la exageración las características que denunciaba el que fuera secretario general del PSOE. Tales son los apoyos que han permitido la investidura del socialista.

La gran trampa que Sánchez el 23-J tendió a los españoles fue presentarse como candidato de un partido, el socialista, que presume de ser la manifestación española de la socialdemocracia europea, cuando lo honesto habría sido presentarse como cabeza de lista de Frankenstein, es decir, de una coalición que el PSOE articula junto a partidos comunistas, racistas, xenófobos, golpistas y filoterroristas.

Pero, reconozcámoslo, la trampa le ha salido bien. Con el apoyo de todos esos partidos que quieren acabar con la libertad y la propiedad, con la igualdad entre los españoles e, incluso, con España, tal y como existe desde hace muchos siglos, Sánchez ha conseguido investirse presidente.

Y lo ha conseguido, no sólo por el apoyo de todos esos socios, sino porque enfrente los únicos partidos inequívocamente constitucionalistas, es decir, PP, Vox y UPN, no han sabido seducir al número necesario de ciudadanos para tener más diputados que Frankenstein.

Es decir, lo que pasa ahora en España, eso que llena todas las tertulias, y no sólo las radiofónicas o televisivas, sino también las familiares y las de los amigos, es la consecuencia de la trampa del político más mentiroso que recuerdan las crónicas históricas de España y, al mismo tiempo, de los errores de sus adversarios.

«La coalición no se va a romper porque de la debilidad de cada uno de sus componentes han sabido hacer la fuerza del conjunto»

Ahora empieza la Legislatura. Una Legislatura que va a estar llena de dificultades para Frankenstein, que lleva ya cinco años y medio gobernando España. De dificultades y de tensiones internas entre los miembros y grupúsculos que lo componen. Pero la coalición no se va a romper porque, precisamente, de la debilidad de cada uno de sus componentes han sabido hacer la fuerza del conjunto. Todos ellos se necesitan los unos a los otros para no caer en la insignificancia y eso hace poco previsible que se produzca la ruptura que podría llevar a los españoles a otras elecciones generales, en las que todos los pronósticos indican que Frankenstein esta vez sí sería derrotado.

En definitiva, que todos los ciudadanos, y no sólo los partidos constitucionalistas, tenemos que ponernos a trabajar para crear las condiciones que hagan imposible que esa coalición antinacional, que hoy lidera Sánchez, pueda volver a ganar.

Y eso pasa, en primer lugar, por lograr la unión de los dos grandes partidos de la derecha, el PP y Vox. Si no se logra esa unión las posibilidades de triunfo electoral se reducen drásticamente. Esto, que es de cajón, no sé si lo ven los dirigentes de los dos partidos, pero deberían verlo.

Y al mismo tiempo hay que pensar cómo lograr que se reduzcan los más de 12 millones de votos que lograron el 23-J los siete partidos que forman la coalición Frankenstein (PSOE, Sumar, ERC, Junts, Bildu, PNV y BNG). Los votantes de Sumar (que, a su vez, es un conglomerado de formaciones de militancia comunista) sabían que votaban comunista y los de los otros cinco partidos independentistas también sabían lo que votaban.

Queda un resquicio de duda acerca de si los 7,7 millones de votos del PSOE seguirían siendo suyos, si Sánchez hubiera llevado en su programa electoral, sin trampas ni disimulos, la amnistía para los golpistas, la entrega de la Seguridad Social al Gobierno vasco, la totalidad de la recaudación de impuestos en Cataluña al Gobierno catalán, la aceptación de que los jueces sean juzgados por los parlamentarios (lawfare) o la de un Relator Internacional -o más de uno- en Ginebra, cuando ya tuvo que retirarlo en la primavera de 2019 gracias a la por ellos denostada «foto de Colón».

«La lucha sin cuartel contra lo que se nos viene encima tiene una oportunidad de oro en las elecciones europeas del próximo junio»

Y, de la misma manera que la unión de PP y Vox es imprescindible para sacar a España del atolladero en que la victoria electoral de Frankenstein el 23-J la ha metido, también es muy importante que el mundo socialista reaccione. Que los González, Guerra, Rodríguez de la Borbolla, Virgilio Zapatero, Leguina, Redondo Terreros, Paco Vázquez, César Antonio Molina, etc, y todos los que han mostrado públicamente su escándalo ante lo que su partido está haciendo, sean capaces de articular cuanto antes una alternativa socialdemócrata, es decir, radicalmente antisanchista. Para dar la oportunidad de arrepentirse a algunos de esos 7,7 millones de votantes que ha tenido el mentiroso de La Moncloa, a la vista de lo que está haciendo con su voto.

La lucha sin cuartel contra lo que se nos viene encima tiene una oportunidad de oro en las elecciones europeas del próximo mes de junio, dentro de seis meses. Esas elecciones, con circunscripción única, tienen que ser planteadas como un auténtico plebiscito contra Frankenstein.

Por eso, los partidos constitucionalistas, ante esas elecciones, tienen que evitar, por todos los medios enfrentamientos entre sí. Y cuando hablo de partidos constitucionalistas pienso en el PP, en Vox, y en ese nuevo partido de corte socialdemócrata que tiene que aparecer cuanto antes, para que en él puedan refugiarse todos los que el 23-J votaron a Sánchez y ahora están arrepentidos, al comprobar que a quien votaron era a Puigdemont.

Como ya he dicho, la debilidad de los partidos que componen Frankenstein les hace estar dispuestos a seguir juntos cueste lo que cueste, pero si la lista sanchista es desbordada claramente por los partidos constitucionalistas, la legitimidad del autócrata se verá todavía más recortada. Y eso puede representar un paso muy importante en la resistencia que todos tenemos el deber de ofrecer a los que están acabando con el Estado de derecho en España.

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