THE OBJECTIVE
Javier del Castillo

Todos colocados

«Lo que menos le preocupa a Sánchez es que se le critique por regalar puestos —y algún que otro puestazo— a sus amiguetes, aunque su sueldo lo paguemos todos»

Opinión
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Ilustración de Alejandra Svriz.

Con lo difícil que le resulta al INEM encontrar un puesto de trabajo a millones de ciudadanos en paro y lo fácil que lo hace Pedro Sánchez para premiar con cargos bien remunerados los servicios prestados. El presidente del Gobierno ha entrado en la dinámica de que aquí ya todo vale y no pasa un día sin que deje colocados a unos cuantos exministros o excolaboradores aplicados. Aquel grito de «Alfonso colócanos a todos», que se escuchaba en algunos mítines de Alfonso Guerra en los años ochenta es una broma si lo comparamos con las actuales designaciones a dedo de Sánchez.

A quienes cuestionaron en su día el nombramiento de Miquel Iceta como ministro de Cultura y Deporte —cuota catalana— es probable que consideren mucho más apropiado su nuevo destino: embajador español en la Unesco. Al fin y al cabo, les trasladamos el marrón a los responsables de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, mientras su anterior destino queda en manos de un ministro de Sumar que confunde los lustros con los siglos, como el que confunde el culo con las témporas.

Pedro Sánchez tendrá muchos defectos, pero no el de la falta de generosidad con aquellos que le han soportado y aguantado en las situaciones más difíciles. El ejemplo más reciente lo tenemos con el nuevo presidente de la Agencia EFE, y antes secretario de Estado de Comunicación, Miguel Ángel Oliver. Este nombramiento tiene el agravante de que recae precisamente en la persona que, ejerciendo sus funciones de entonces, le comunicó personalmente, en febrero de 2020, tomando café en un Rodilla, el cese al penúltimo presidente de EFE, Fernando Garea, por no cumplir las expectativas puestas en él para hacer de este servicio público de noticias un altavoz sin fisuras del trabajo del Gobierno.

A nadie se le ha ocurrido —porque estamos ya muy acostumbrados a este tipo de cosas— preguntarle a Pedro Sánchez qué méritos y capacidades tienen algunos de sus elegidos para desempeñar los cargos que les van cayendo en suerte. Los premios a los servicios prestados están a la orden del día. Y, a veces, no es fácil encontrar un trabajo bien remunerado y que se corresponda con las habilidades del amigo o colaborador que, por razones que no vienen al caso, ha tenido que abandonar su anterior trabajo.

«Siempre encontrará el presidente algún antecedente similar en los gobiernos del Partido Popular»

Acostumbrado a hacer de la necesidad virtud, el presidente ha tomado en consideración la conveniencia de nombrar al exministro de Industria, el canario Héctor Gómez, como representante permanente de España en las Naciones Unidas. Dicen quienes le conocen que es un buen tipo, pero sin vinculación alguna a la carrera diplomática. Diplomado, eso sí, en Turismo y licenciado en Ciencias del Trabajo, al nuevo embajador en la ONU no le avala su trayectoria como experto en relaciones internacionales, pero cuenta –por el momento- con la estima y la confianza de quien le ha nombrado.

Como pueden imaginar ustedes —después de visto lo visto—, lo que menos le preocupa a Sánchez es que se le critique por regalar puestos —y algún que otro puestazo— a sus amiguetes, aunque su sueldo lo paguemos todos los ciudadanos. Siempre encontrará el presidente algún antecedente similar en los gobiernos del Partido Popular. 

No olvidemos tampoco que una de las ventajas que tiene presidir el Gobierno de España es poder premiar los servicios prestados de tus amigos con uno de los miles de despachos que tiene repartidos por la geografía española e internacional nuestra poblada Administración Pública. 

Como será la cosa que hasta a la exdirectora de Comunicación del PSOE, Maritcha Ruiz Mateos, le encontraron el verano pasado un acomodo en la presidencia del Hipódromo de la Zarzuela. «Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras» (El Quijote).

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