The Objective
Manuel Fernández Ordóñez

La farsa energética del Gobierno

«Desde que el gobierno social-comunista detenta el poder, la pobreza energética en España ha aumentado dramáticamente»

Opinión
La farsa energética del Gobierno

Ilustración generada con IA.

Una de las trampas más eficaces de la política consiste en tomar una parte de la realidad, aislarla del conjunto y exhibirla después como si fuese el conjunto mismo. No es una mentira completa. Es algo mucho más útil. Es una verdad selectiva. Y pocas veces se ha visto con tanta claridad como en el discurso de estas últimas semanas sobre los precios de la energía.

La operación de maquillaje es, en realidad, bastante simple. Se localiza cualquier dato en el que España salga bien parada en la comparación con otros países europeos y, a partir de ahí, se construye el relato. Te explican que hemos encontrado el modelo energético perfecto. Que somos poco menos que el unicornio energético europeo. Te intentan convencer de que la energía en España es casi gratis porque hemos encontrado la fórmula virtuosa que nos blinda frente a las turbulencias del exterior. Y todo esto es gracias al Gobierno del PSOE que vela por el bien común como nunca nadie en la historia lo ha hecho.

Conviene empezar por reconocer lo evidente. Sí, el mercado mayorista español se mueve en la franja de precios comparativamente bajos dentro de Europa. Y sí, eso tiene una explicación bastante clara. La combinación de renovables abundantes y de una base nuclear firme empuja hacia abajo el precio del mercado mayorista en muchos momentos. Hasta ahí, nada que discutir. El problema empieza cuando ese dato, que describe una parte (muy pequeña) del sistema eléctrico, se convierte por arte de propaganda en una supuesta prueba de que la energía que pagan los españoles es barata.

No lo es. Dista mucho de serlo. Primero, porque el precio mayorista no es la factura final. Entre una cosa y la otra se interponen multitud de conceptos que disparan el precio final. Peajes, servicios de ajuste, primas a las renovables, subvenciones varias, intereses de deuda y muchas cosas más que se ocultan en una tarifa eléctrica tan opaca como las actividades del yerno de Sabiniano, su mujer y su hermano. No se trata de una simplificación pedagógica. Es un truco deliberado. Algo parecido a enseñarle al consumidor el precio del trigo y hacerle creer que eso es lo que cuesta el pan. Según los últimos datos oficiales, hay quince países en la UE de los 27 que tienen una electricidad más barata que España. Datos, no relatos.

La segunda trampa. Incluso admitiendo que la electricidad mayorista española es relativamente baja gracias a la nuclear y a las renovables, seguiría siendo intelectualmente deshonesto presentar eso como una imagen fiel del coste energético del país. Porque la electricidad no es toda la energía. Ni siquiera es la mayor parte. Apenas representa en torno a una quinta parte del consumo final, mientras el resto del metabolismo económico sigue descansando, en gran medida, sobre el petróleo, sus derivados y otros combustibles fósiles. Es decir, mientras el equipo de opinión sincronizada del gobierno te enseña el precio mayorista de electricidad, la economía real sigue funcionando con gasóleos, gasolinas, querosenos, petroquímica, transporte pesado, maquinaria, fertilizantes o calor industrial.

Ahí es donde se les cae el relato. Una nación no vive solo de lo que ocurre en el mercado diario de la electricidad. Vive de mover mercancías, de sembrar, cosechar, fabricar, refrigerar, excavar, construir y transportar. Vive de camiones, barcos, excavadoras, plásticos, asfaltos, fertilizantes y cadenas logísticas enteras que no funcionan con gráficos bonitos exhibidos por las furcias mediáticas del gobierno en las redes sociales. La electricidad es crucial, por supuesto. Pero convertirla en sinécdoque del sistema energético completo es una trampa infantil. Más aún en un país donde el transporte y buena parte de la actividad económica siguen profundamente ligados al petróleo.

Por eso la propaganda oficial tiene mucho de prestidigitación. Y esto no responde solo a una mala pedagogía, sino a una manera de gobernar. Primero se trocea la realidad. Después se selecciona la porción más favorable. Luego se convierte esa porción en relato oficial. Y finalmente se acusa de catastrofista (o fascista) a quien recuerde que los hogares y las empresas no viven dentro del argumentario de Moncloa, sino dentro de un sistema de costes bastante más dramático. Desde que el gobierno social-comunista detenta el poder, la pobreza energética en España ha aumentado dramáticamente. Esto no te lo pondrán en mapas de colorines.

Un Gobierno serio explicaría la diferencia entre precio mayorista y precio final. Explicaría también que tener horas baratas en el mercado eléctrico puede ser una buena noticia, pero también puede ser una noticia nefasta. Explicaría que un mercado con precios muy bajos desincentiva la inversión porque no se generan ganancias. Y explicaría que la verdadera fortaleza energética de un país no se mide por lo que te cuenta el NO-DO de RTVE, sino por el coste total que soportan las familias y las empresas para mantener en pie la actividad económica.

Sin embargo, este Gobierno prefiere el eslogan al análisis y el cortoplacismo a la visión estratégica. Así que aquí estamos, con el presidente del gobierno y sus ministros mintiendo sin pudor en prime time, tratando de convencernos de que lo que vemos y pagamos no es real. Que es, dicho sea de paso, una metáfora bastante fidedigna del sanchismo. Ahora sacan pecho porque Irán permite a los barcos de bandera española navegar por el estrecho de Ormuz. Orgullosos de que una teocracia terrorista nos tome como un aliado internacional. Con este gobierno siempre hay un escalón más hacia el insondable abismo de la indigencia moral.

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